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¿Fue “Behemot” un Dinosaurio?
por Eric Lyons, M.Min.

Al comentar sobre la criatura llamada behemot en Job 40:15et.seq., los eruditos modernos a menudo hacen un enunciado general como este: “La mayoría identifica a esta bestia como un hipopótamo”. Pero luego dan poca o ninguna evidencia que sostenga tal reclamación. Otra tendencia perturbadora es lo “seguro” que se muestran muchos críticos cuando identifican a este animal como un hipopótamo. Por ejemplo, el comentarista bíblico Edgar Gibson escribió: “...casi no existe duda” que la descripción de behemot corresponde a un hipopótamo (1905, p. 223). En su libro práctico sobre Job, Theodore Epp afirmó de manera confiada: “El primer animal que se menciona es el behemot o el hipopótamo” (1967, p. 175). Esta posición ha llegado a ser tan popular en tiempos modernos que pocos comentaristas incluso se han tomado la molestia de desafiar la identificación aceptada de esta bestia. De hecho, algunas versiones de la Biblia incluso identifican a esta criatura en las notas al margen o al pie de página como un hipopótamo.

Aunque es cierto que existen algunas similitudes entre behemot y el hipopótamo, algunos de los detalles descriptivos simplemente no calzan (y no pueden calzar). Por ejemplo, Dios describió a behemot como una criatura que “su cola mueve como un cedro” (40:17). Sin embargo, no se puede describir al hipopótamo—con su pequeña añadidura de 6-8 pulgadas—como una criatura que tiene una cola rígida o larga. La cola del hipopótamo es corta y pequeña como la de un cerdo, y es una pequeña ramita en comparación a un cedro. Pero ese hecho no ha impedido que los comentaristas intenten evitar la conclusión obvia. Algunos creen que Dios estuvo comparando la cola de behemot a una rama de un cedro, no al árbol de cedro. Otros, como John Hartley, han propuesto el punto de vista que se está comparando la cola al cedro, en vez de a sus ramas, pero que Dios realmente estaba haciendo referencia a los genitales de behemot.

Se dice que behemot es el “principio [i.e., más grande] de los caminos de Dios” (40:19), que tiene huesos “fuertes como el bronce” (40:18). Ciertamente esto descarta al hipopótamo, ya que su mayor tamaño es solo siete pies de alto y pesa alrededor de cuatro toneladas. El elefante es el doble del tamaño de un hipopótamo, pero incluso es pequeño en comparación a algunas criaturas extintas. Por ejemplo, la criatura a la cual se hacía referencia popularmente como Brontosaurio (conocida ahora más exactamente como Apatosaurio) llegaba a pesar más de 30 toneladas. Y los científicos han descubiertos dinosaurios más grandes. Por ejemplo, el Argentinosaurio llegaba a pesar casi 100 toneladas, tenía costillas de 14 pies de largo y dejaba una huella que tenía tres pies de diámetro.

El texto también indica que ningún hombre se podía aproximar a behemot con una espada (40:19); ni podía capturarlo (40:24). Pero frecuentemente los egipcios tuvieron éxito en cazar y capturar hipopótamos. John Hartley observó: “Los faraones egipcios se enorgullecían de matar hipopótamos. Existen muchas imágenes en las cuales Faraón, cazando un hipopótamo desde una embarcación de papiro, está de pie para lanzar su arpón en la boca abierta del animal, hiriéndolo fatalmente” (1988, p. 524). Los egipcios incluso celebraron festivales conocidos como “Arponeando Hipopótamos”. Adicionalmente, los monumentos egipcios frecuentemente describen a cazadores individuales que atacan al hipopótamo con una lanza. ¿Cómo se pudiera comparar al intocable e inmenso behemot con un hipopótamo?

La evidencia documenta convincentemente que el behemot de Job 40 fue un animal de carne y hueso cuya descripción no calza con ninguna criatura viva en el mundo moderno, a pesar de los intentos de compararlo con el hipopótamo. Por tanto, debe ser alguna clase de criatura extinta. Pero ¿qué clase? La descripción divina en cuanto a behemot es compatible en todo respecto con las descripciones que tenemos de los dinosaurios que habitaron la Tierra—no millones de años atrás como algunos han sugerido, sino solamente unos pocos miles de años atrás (cf. Éxodo 20:11; Génesis 1; Mateo 19:4; Marcos 10:6). Sin embargo, tristemente, como Henry Morris ha observado, “[e]n su mayoría, los teólogos eruditos modernos se han acostumbrado a pensar en términos de eras grandes de geología evolutiva tanto que nunca se les ha ocurrido que la humanidad una vez vivió en el mismo mundo con los grandes animales que ahora encontramos solamente como fósiles” (1988, p. 115). Un enunciado triste, pero verdadero.

REFERENCIAS

Epp, Theodore H. (1967), Job, Un Hombre Probado como el Fuego [Job, A Man Tried as Gold](Lincoln, NE: Back to the Bible Publications).

Gibson, Edgar C.S. (1905), El Libro de Job [The Book of Job] (Londres: Methuen).

Hartley, John E (1988), El Libro de Job [The Book of Job](Grand Rapids, MI: Eerdmans).




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