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“Cristo—las Primicias”
por Eric Lyons, M. Min.

En 1 Corintios 15, Pablo escribió a fondo en cuanto a la resurrección de los muertos ya que algunos de los cristianos en Corinto enseñaban “que no hay resurrección de muertos” (vs. 12). Como una prueba de la resurrección final del cristiano, Pablo señaló el hecho de la resurrección de Cristo y demostró que los dos hechos permanecen en pie o caen juntos, al decir, “si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (vss. 16,17). Después de argumentar hipotéticamente con la intención de que los cristianos corintios vieran que su postura sobre la resurrección final socavaba completamente el cristianismo, Pablo procedió a demostrar que Cristo había resucitado, y por ende había hecho de la resurrección de los muertos un hecho inevitable. Es en esta sección de la Escritura que algunos encuentran un problema. Comenzando en el versículo 20, Pablo escribió:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida (1 Corintios 15:20-23, énfasis añadido).

En vista del hecho que Jesús no fue la primera persona alguna vez levantada de la muerte (cf. 2 Reyes 13:21; Lucas 7:14,15; Mateo 10:8; 11:5), algunos han preguntado por qué el apóstol Pablo describió a Jesús como “las primicias” de los muertos en 1 Corintios 15. ¿Erró Pablo? ¿No sabía acerca del hijo de la viuda a quien Dios revivió en Sarepta (1 Reyes 17:22)? ¿No sabía que Jesús había levantado a Lázaro de la muerte (Juan 11:43,44)? ¿Cómo pudo Pablo hablar de Cristo legítimamente como “las primicias de los que durmieron”?

Una solución a esta supuesta discrepancia puede ser encontrada en el hecho que Jesús fue el primero en levantarse de la muerte—para nunca morir otra vez. Todos los que alguna vez se levantaron de la muerte, incluyendo a los hijos de la viuda de Sarepta y la sunamita (2 Reyes 4:8-37), a la hija de Jairo (Marcos 5:35-43), a Lázaro, et.al., murieron años más tarde. Sin embargo, Jesús puede ser llamado exactamente “las primicias” de los muertos porque “Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere” (Romanos 6:9). Todos los otros que previamente habían sido levantados de la muerte en un tiempo, murieron otra vez, y están entre aquellos que “duermen” y continúan esperando la resurrección; solo Jesús ha conquistado realmente a la muerte. En este sentido, Cristo es “las primicias de los que durmieron” (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5; cf. Hechos 26:23).

Otra (y probablemente una mejor) explicación del problema relacionado con 1 Corintios 15:20,23 y el uso de Pablo de la palabra “primicias” (griego aparche) es entender la metáfora que Pablo empleó. Bajo la antigua ley, las primicias eran los granos, frutos y vegetales recogidos primeros que la gente dedicaba a Dios en reconocimiento a Su fidelidad en proveer la satisfacción de las necesidades de la vida. Los israelitas debían ofrecer a Dios una gavilla del primer grano de la cosecha al día siguiente del reposo sabático que seguía a la fiesta de la Pascua (Levítico 23:9-14). Pablo utilizó el término “primicias” en esta carta a la iglesia en Corinto para reforzar la seguridad de la resurrección. Así como el término “primicias” indica que “la primera gavilla de la cosecha del grano disponible sería seguida por el resto de las gavillas, Cristo, las primicias de los muertos, es la garantía para todos los que pertenecen a Él de que ellos también participarán en su resurrección” (Kistemaker, 1993, p. 548). Jesús es las “primicias” de Dios de la resurrección. Y de igual manera que los israelitas, Dios recogerá al resto de la cosecha en la resurrección final. Pablo quería que los corintios entendiesen (por medio de la metáfora) que la resurrección de Cristo es una promesa de nuestra resurrección. Esta es inevitable—garantizada por Dios mismo.

REFERENCIAS

Kistemaker, Simon J. (1993), Exposition of the First Epistle to the Corinthians (Grand Rapids, MI: Baker).




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