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Apologetics Press :: Creación vs. Evolución

¿Qué es lo que Dijiste?
por Matthew Vanhorn
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Mucha gente sabe que la pregunta “¿Puedes escucharme ahora?” es una frase cautivante hecha popular por los comerciales transmitidos por la compañía radiotelefónica Verizon®. Sin embargo, escuchar una respuesta a través de un teléfono celular requiere mucho más que un buen servicio radiotelefónico. Esto requiere los receptores auditivos más complejos de la Tierra—el oído. Aunque nosotros hemos inventado tecnologías impresionantes, no hemos sido capaces de igualar el diseño receptivo del oído.

El oído está dividido en tres partes: el oído externo, el oído medio, y el oído interno. El proceso de audición comienza con vibraciones en el aire. Estas vibraciones son capturadas y procesadas por el oído externo (exterior), el cual está comprendido de dos partes—el pabellón auricular y el canal auditivo externo. Una parte del oído externo, llamada la concha, intensifica las ondas de sonido. El sonido intensificado luego entra al canal auditivo externo, el cual es el área desde el oído externo hasta el tímpano del oído. El tímpano del oído es tan sensible que puede percibir vibraciones incluso en un nivel molecular. Una nota aguda y tenue puede hacer que el tímpano vibre hacia atrás y hacia delante por menos del diámetro de un simple átomo de hidrógeno. Esta vibración será transformada en impulsos nerviosos dentro del oído interno y será registrada en el cerebro. Incluso entre las notas más bajas, el oído interno detectará un movimiento del tímpano equivalente a menos que la longitud de onda de la luz visible. Una característica impresionante del tímpano es que después de reconocer las vibraciones más pequeñas, éste puede regresar rápidamente a su estado regular dentro de una cincomilésima de segundo. Este ritmo de recuperación es extremadamente importante; si el tímpano no pudiera regresar a su estado regular tan rápidamente, cada sonido que entrara al oído hiciera eco. Las ondas de sonido son amplificadas por el tímpano, y entonces proceden a la región del oído medio.

El oído medio contiene los huesos más pequeños del cuerpo humano: el martillo, el yunque, y el estribo. El oído medio contiene algo como un regulador que reduce los niveles de sonido extremadamente altos. Este regulador está provisto con los dos músculos más pequeños del cuerpo, los cuales controlan al martillo, yunque, y al estribo. Estos músculos involuntarios se contraen, reduciendo por ende la intensidad de la vibración de los sonidos altos antes que alcancen el oído interno delicado. Como resultado, los humanos pueden oír sonidos terriblemente altos en un volumen moderado.

El oído medio debe mantener un equilibrio vital. La presión de aire dentro del oído medio debe ser la misma que la presión más allá del tímpano (la presión atmosférica). Por ende, el oído ha sido equipado con un canal de tres centímetros y medio de largo. Este canal, conocido como la trompa de Eustaquio, es un tubo vacío que se extiende del oído interno hasta la cavidad oral, y permite un intercambio controlado de aire entre el oído medio y el ambiente externo. Otra característica interesante del canal auditivo es la cera que es constantemente segregada. El oído contiene alrededor de 4,000 glándulas productoras de cera. Esta cerilla, la cual contiene propiedades antisépticas, mantiene a las bacterias e insectos fuera. Las células en la superficie del canal auditivo están alineadas en una forma espiral dirigidas hacia fuera, asegurando que la cerilla siempre fluya hacia fuera del oído.

Todos estos procesos ocurren dentro del oído externo y medio y controlan solamente la porción mecánica de las ondas de sonido. Estos movimientos mecánicos son transformados en sonido en la región conocida como el oído interno. El oído interno contiene la parte más crítica del mecanismo auditivo—el órgano de Corti, localizado en la cóclea que tiene forma de caracol. La cóclea es un órgano del oído interno que está lleno de un líquido llamado perilinfa. El interior espiral de la cóclea está lleno de miles de estructuras como-pelos llamadas esterocilios. Cuando el oído medio recibe las señales del tímpano, tales como el sonido de un teléfono, el fluido de perilinfa transmite la señal al nervio auditivo y al cerebro.

Las vibraciones en el líquido de la cóclea causan ondas. Las paredes internas de la cóclea están bordeadas con esterocilios, los cuales se mueven en sincronización perfecta con el movimiento de la perilinfa. Cuando los esterocilios perciben una vibración, estos se mueven y se empujan entre sí en secuencia, como piezas de dominó cayendo en línea. Estos pelos diminutos vibran a una velocidad increíble—¡más de 20,000 veces por segundo! Este movimiento abre canales en las membranas de las células, permitiendo el flujo de iones en las células. Cuando los esterocilios se mueven en la dirección opuesta, estos canales se cierran otra vez.

Los movimientos continuos de los esterocilios producen señales eléctricas, las cuales son enviadas al cerebro por el nervio auditivo. Este cambio de la presión a ondas eléctricas es llamado transducción. El cerebro ahora interpreta las señales, y calcula el tono, volumen, y el significado de los sonidos. Mientras que un piano de cola tiene 240 cuerdas y 88 teclas, el oído interno tiene 24,000 “cuerdas” y 20,000 “teclas”, las cuales nos capacitan para oír una variedad y gama increíble de sonidos.

Realmente se puede pensar del oído interno como si fuera dos órganos: la cóclea, que ayuda en la audición, y los canales semicirculares, los cuales sirven como órganos de equilibrio. Los canales semicirculares detectan la aceleración en tres planos perpendiculares. Estos utilizan células pilosas similares a los esterocilios del órgano de Corti. Estas células pilosas detectan movimientos del fluido en los canales causados por la aceleración angular casi en eje perpendicular al plano del canal. Partículas diminutas flotantes ayudan en el proceso al estimular las células pilosas mientras que se mueven dentro del fluido. Estas señales de movimiento luego son transmitidas al cerebro a través de impulsos nerviosos, y son procesados allí por el cerebelo.

El hecho de que todas las partes del oído sean necesarias para producir la audición debería ser evidente cuando uno considera la serie compleja de procesos mecánicos y electroquímicos implicados. Para que el oído funcione, cada componente debe estar en perfecto orden. Si alguno de estos mecanismos es sacado, la audición fallará. Adicionalmente los órganos del oído interno proveen equilibrio, lo cual permite que los humanos permanezcan derechos. ¿Pudiera tal complejidad impresionante originarse por casualidad? Nunca. “El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas igualmente ha hecho Jehová” (Proverbios 20:12).

REFERENCIAS

Gillen, Alan L. (2001), Body by Design (Green Forest, Arkansas. Master Books).

Yahya, Harun (2003), Darwin Refuted (New Delhi, Goodward Books).



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