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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

“Invocando el Nombre del Señor”
por Eric Lyons, M.Min.
[English]
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Al considerar cuánta gente dentro de la “cristiandad” enseña que un individuo puede ser salvo simplemente al profesar una creencia en Cristo, no es sorprendente que los escépticos clamen que la Biblia se contradice a sí misma en este punto. Ya que Pedro y Pablo declararon, “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21; Romanos 10:13; cf. Joel 2:32), los escépticos rápidamente recuerdan a sus lectores que Jesús una vez declaró: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21; cf. Lucas 6:46). Supuestamente, Mateo 7:21 está en conflicto con tales pasajes como Hechos 2:21 y Romanos 10:13 (vea Morgan, 2003; Wells, 2001). Ya que muchos que profesan ser cristianos parecen comparar “invocar el nombre del Señor” con la idea de decir a Jesús, “Señor, sálvame”, los críticos de la Biblia se sienten incluso más justificados en su acusación de “testimonios conflictivos”. ¿Cómo pueden clamar algunos declarados seguidores de Cristo que ellos han sido salvos al simplemente “invocar a Cristo”, cuando Cristo mismo proclamó que una simple invocación de Él no proveería salvación?

La clave para entender correctamente la frase “invocar el nombre del Señor” es reconocer que algo más es implicado en esta acción que simplemente la petición verbal dirigida hacia Dios. La “invocación” mencionada en Hechos 2:21, Romanos 10:13, y Hechos 22:16 (donde Pablo estuvo “invocando el nombre del Señor”), no es equivalente a la “invocación” (“Señor, Señor”) de la cual Jesús habló en el Sermón del Monte (Mateo 7:21).

Primero, es apropiado mencionar que “invocar” a alguien puede significar más que simplemente hacer un requerimiento de algo. Esto puede implicar compromiso y servicio. Por ejemplo, a mediados del siglo veinte, era común que los jóvenes “invocaran” a las jovencitas. Pero esta expresión significaba algo diferente que solamente “hacer un requerimiento” (Brown, 1976, p. 5).

Segundo, cuando un individuo toma el tiempo para estudiar el uso de la expresión “invocar a Dios” a través de la Escritura, la única conclusión razonable es que, exactamente como algunas frases similares tienen a menudo un significado más profundo en el español moderno, la expresión “invocar a Dios” a menudo tuvo un significado más profundo en el tiempo bíblico. Considere, por ejemplo, el enunciado de Pablo registrado en Hechos 25:11: “A César apelo”. La palabra “apelar” (epikaloumai) es la misma palabra traducida como “invocar” (o “invocando”) en Hechos 2:21, 22:16, y Romanos 10:13. Aunque, Pablo no estaba diciendo simplemente, “Yo apelo a Cesar para que me salve”. Como Jame Bales anotó:

Pablo, al apelar a César, estaba reclamando el derecho de un ciudadano romano de tener su caso juzgado por César. Él estaba pidiendo que su caso sea transferido a la corte de César y que César oyera y juzgara su caso. Al hacerlo, él indicaba que estaba dependiendo su caso al juicio de César. Para que esto fuese hecho Pablo tenía que someterse a lo que fuera necesario para que su caso sea expuesto delante de César. Él tenía que someterse a los soldados romanos que le transportarían a Roma. Él tenía que someterse a cualquier formalidad o procedimiento que César demandara de aquellos que vinieran delante de él. Todo esto estaba implicado en su apelación a César (1960, pp. 81-82, énfasis añadido).

La “invocación” de Pablo a César involucraba su sumisión delante de él. “Eso, en pocas palabras”, escribió T. Pierce Brown, “es lo que ‘invocar al Señor’ implica”—obediencia (1976, p. 5). Esto no es un simple reconocimiento verbal de Dios, o una petición verbal a Él. Aquellos a quienes Pablo (antes de su conversión a Cristo) buscó traer presos en Damasco—cristianos quienes fueron descritos como gente “que invoca tu [Jehová] nombre”—no fueron personas que solamente oraban a Dios, sino personas que estaban sirviendo al Señor, y quienes, por su obediencia, estaban sometiéndose a Su autoridad (cf. Mateo 28:18). Interesantemente, Sofonías 3:9 enlaza la “invocación” de uno con su “servicio”: “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento” (énfasis añadido). Cuando una persona se somete a la voluntad de Dios, esta puede ser descrita exactamente como una persona que está “invocando al Señor”. Hechos 2:21 y Romanos 10:13 (entre otros pasajes) no contradicen Mateo 7:21 ya que “invocar al Señor” implica más que solamente suplicar por salvación. Esto implica someterse a la voluntad de Dios. De acuerdo a Colosenses 3:17, cada acto sencillo que el cristiano realiza (en palabra y hecho) debería ser realizado por la autoridad de Cristo. Para que una persona obtenga la salvación, esta debe someterse a la autoridad del Señor. Esto es lo que los pasajes en Hechos 2:21 y Romanos 10:13 enseñan. Para aprender cómo invocar el nombre del Señor, debemos estudiar otros pasajes del Nuevo Testamento.

Después que Pedro citó la profecía de Joel y dijo a aquellos en Jerusalén en el Pentecostés que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21), él les dijo cómo “invocar el nombre del Señor”. La gente en la audiencia en Hechos 2 no entendió la cita de Pedro acerca de Joel como si esta significara que un no-cristiano orara a Dios para salvación. [Su pregunta en Hechos 2:37 (“Varones hermanos, ¿qué haremos?”) indica eso]. Además, cuando Pedro respondió a su pregunta y les dijo qué hacer para ser salvos, él no dijo, “Yo ya les he dicho que hacer. Ustedes pueden ser salvos al pedir a Dios la salvación a través de la oración. Solo invoque Su nombre”. Al contrario, Pedro tuvo que explicarles qué significa “invocar el nombre del Señor”. En vez de repetir este enunciado cuando la multitud buscó guía adicional de los apóstoles, Pedro les mandó, diciendo, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (2:38). Note el paralelismo entre Hechos 2:21 y 2:38:

Hechos

2:21

Todo aquel

Invocare

El nombre del

Señor

Será salvo

Hechos

2:38

Cada uno

de vosotros

Arrepentíos

y bautícese

En el nombre

de Jesucristo

Para el perdón

de los pecados

Los oyentes (no-cristianos) de Pedro aprendieron que “invocar el nombre del Señor para salvación” era equivalente a obedecer el Evangelio, lo cual aproximadamente 3,000 personas hicieron ese mismo día al arrepentirse de sus pecados y ser bautizados en Cristo (2:38,41).

Pero ¿qué acerca de Romanos 10:13? ¿Cuál es la “invocación” mencionada en este versículo? Note Romanos 10:11-15:

Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (énfasis añadido).

Aunque este pasaje no define precisamente qué significa “invocar el nombre del Señor”, éste sí indica que un no-cristiano no puede “invocar” sino hasta que haya oído la Palabra de Dios y la haya creído. Esto fue expresado por las preguntas retóricas de Pablo: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?”. Los enunciados de Pablo en este pasaje son consistentes con las proclamaciones de Pedro en Hechos 2. Fue solamente después que la multitud en Pentecostés creyó en la resurrección de Cristo a Quien Pedro predicaba (como es evidenciado por la expresión “se compungieron de corazón” y su pregunta subsiguiente, “Varones hermanos, ¿qué haremos?”) que Pedro les dijo cómo invocar el nombre del Señor y ser salvos (2:38).

Tal vez la descripción más clara de lo que significa para un no-cristiano “invocar el nombre del Señor” es encontrada en Hechos 22. Cuando el apóstol Pablo se dirigió a una multitud en Jerusalén, habló de su encuentro con el Señor, a quien preguntó, “¿Qué haré?” (22:10; cf. 9:6). La respuesta que Jesús le dio en ese momento no fue “invocar el nombre del Señor”. En cambio, Jesús le instruyó a levantarse e ir a Damasco, donde se le diría que hacer (22:10). Pablo (o Saulo—Hechos 13:9) demostró que creía en Jesús cuando entró a la ciudad y esperó instrucciones adicionales. En Hechos 9, nosotros aprendemos que durante los tres días, mientras que esperaba reunirse con Ananías, Pablo ayunó y oró (vss. 9,11). Aunque algunos hoy en día puedan considerar lo que Pablo estaba haciendo como “invocar el nombre del Señor”, Ananías, el mensajero escogido por Dios para Pablo, no pensó en esa manera. Él no dijo, “Yo veo que ya has invocado al Señor. Tus pecados te son perdonados”. Después de tres días de ayuno y oración, Pablo estaba todavía perdido en sus pecados. Incluso cuando él obviamente creía para este tiempo y había orado a Dios, él todavía tenía que “invocar el nombre del Señor” para ser salvo. Cuando Ananías finalmente llegó donde Pablo estaba, le dijo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (22:16). Ananías sabía que Pablo todavía no había “invocado el nombre del Señor”, exactamente como Pedro sabía que aquellos en Pentecostés no lo había hecho antes de su mandamiento a “arrepentirse y bautizarse”. Por ende, Ananías instruyó a Pablo a ser bautizado y lavar sus pecados. El participio, “invocando el nombre del Señor”, describe lo que Pablo estaba haciendo al ser bautizado para remisión de sus pecados. Todo no-cristiano que desea “invocar el nombre del Señor” para ser salvo, lo hace, no por simplemente clamar, “Señor, Señor” (cf. Mateo 7:21), o por solo expresar una oración ante Dios (e.g., Pablo—Hechos 9; 22; cf. Romanos 10:13,14), sino al obedecer las instrucciones de Dios a arrepentirse y ser bautizado “en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38).

Esto no quiere decir que el arrepentimiento y el bautismo siempre han sido (o son siempre hoy en día) sinónimos de “invocar el nombre del Señor”. Abraham no fue bautizado cuando “invocó el nombre de Jehová (Génesis 12:8; cf. 4:26), porque el bautismo no era demandado por Dios antes del tiempo del Nuevo Testamento. Y, como mencionaba antes, cuando el Nuevo Testamento describe a gente que ya eran cristianos quienes “invocan el nombre del Señor” (Hechos 9:14,21; 1 Corintios 1:2), ciertamente no implica que los cristianos estaban siendo bautizados continuamente para la remisión de sus pecados después de haber sido bautizados para llegar a ser cristianos (cf. 1 Juan 1:5-10). Dependiendo en cuándo y dónde es usada la frase, “invocar el nombre del Señor” incluye: (1) obediencia al evangelio de salvación; (2) adoración a Dios; y (3) servicio fiel al Señor (Bates, 1979, p. 5). Sin embargo, esta frase nunca es usada en el sentido de que todo lo que el pecador debe hacer para ser salvo es clamar y decir, “Señor, Señor, sálvame”.

Por tanto, la acusación del escéptico de que Mateo 7:21 contradice Hechos 2:21 y Romanos 10:13 es insostenible. Y el denominado cristiano, quien enseña que todo lo que uno debe hacer para ser salvo es solamente decir la oración del pecador, está equivocado.

REFERENCIAS

Bales, James (1960), The Hub of the Bible—Or—Acts Two Analyzed (Shreveport, LA: Lambert Book House).

Bates, Bobby (1979), “Whosoever Shall Call Upon the Name of the Lord Shall be Saved,” Firm Foundation, 96:5, March 20.

Brown, T. Pierce (1976), “Calling on His Name,” Firm Foundation, 93:5, July 20.

Morgan, Donald (2003), “Biblical Inconsistencies,” [En-línea], URL: http://www.infidels.org/library/modern/donald_morgan/inconsistencies.shtml.

Wells, Steve (2001), Skeptic’s Annotated Bible, [En-línea], URL: http://www.Skepticsannotatedbible.com.



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