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El Cristianismo y el Humanismo
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

“La verdad absoluta pertenece solamente a una clase de humanos—la clase de los necios absolutos”. Estas son las palabras penetrantes de Ashley Montagu, famoso evolucionista y humanista de la Universidad de Princeton (1981, p. 4-C). El Dr. Montagu quería clarificar que, en el mejor de los casos, la verdad es relativa, y cualquiera que afirme algo diferente es clasificado como un necio. Otros se han unido al Dr. Montagu en esta manera de pensar. Por ejemplo, Don Julian Huxley dijo: “Ahora debemos estar listos a abandonar la hipótesis de dios y sus corolarios como la revelación divina o las verdades inalterables, y a cambiar de una posición sobrenatural a una posición naturalista del destino humano” (1965, p. 101).

¿Por qué hacen los hombres tales afirmaciones? Parece que la respuesta se encuentra dentro de una actitud creciente de “autosuficiencia”—i.e., un deseo ardiente de “zafarse de las faldas de Dios”. El fallecido paleontólogo de Harvard, George Gaylord, escribió:

El hombre permanece sólo en el universo, un producto único de un proceso largo, inconsciente, impersonal, y material con entendimiento y potenciales únicos. Él debe esto a nadie más que a él mismo, y es a sí mismo a quien es responsable. Él no es la creación de fuerzas incontrolables e indeterminables, sino es su propio señor. El puede y debe decidir y manejar su propio destino (1953, p. 155).

Richard Leakey repitió estos mismos sentimientos.

Incuestionablemente la humanidad es especial, y en muchas maneras, también... Existe ahora una necesidad crítica de un conocimiento profundo de que, no importa cuán especiales seamos como animales, todavía somos parte del mayor equilibrio de la naturaleza... Durante ese tiempo relativamente breve las presiones evolutivas forjaron una mente capaz de entendimiento profundo de asuntos animados e inanimados: los frutos del esfuerzo intelectual y tecnológico en esta última cuarta parte del siglo XX nos dan solamente una noción de lo que la mente humana puede lograr. El potencial es enorme y casi infinito. Podemos, si escogemos, hacer virtualmente lo que queramos (1977, p. 256; primer énfasis, en original; último énfasis, añadido).

Pero ¿es ésta la única, o incluso la razón más significante para este “descrédito de Dios” en favor de un punto ventajoso puramente humano? No. No es solamente el hecho de que el hombre esté convencido de que puede hacerlo por sí solo, aunque esto en sí mismo sería suficiente malo. En cambio, es la actitud de la cual el apóstol Pablo habló en Romanos 1:28 cuando trató de aquellos que “no aprobaron tener en cuenta a Dios”. Esto tiene que ver con aquellos que “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25). Es la determinación deliberada de parte del hombre el no tener a Dios en su mente o en su vida, y en cambio, sustituirle con algo—cualquier cosa—no-divino y no-sobrenatural. Este es un esfuerzo concertado para escapar de cualquier responsabilidad fundamental, y en cambio encontrar una manera en la cual cada persona pueda “hacer lo que quiera”. En un artículo titulado “Confessions of a Professed Atheist” (“Confesiones de un Ateo Profeso”), Aldous Huxley abordó este mismo punto.

Yo tenía motivos para no querer que el mundo tuviera significado; consecuentemente asumí que no tenía significado, y sin dificultad fui capaz de encontrar razones para esta suposición... El filósofo que no encuentra significado en el mundo no está interesado exclusivamente en un problema de pura metafísica; él también está interesado en probar que no hay razón valida del por qué personalmente no debería hacer como quiere hacer... Para mi mismo, y sin duda para la mayoría de contemporáneos, la filosofía del no-significado fue esencialmente un instrumento de liberación. La liberación que deseamos fue simultáneamente una liberación de un cierto sistema político y económico, y una liberación de un cierto sistema de moralidad. Nosotros objetamos la moralidad ya que ésta interfería con nuestra libertad sexual (1966, 3:19).

Las afirmaciones como estas muestran la determinación absoluta de algunos de vivir sin Dios, sin importar el costo. Es difícil no recordar a la gente de la cual Pablo habló en Efesios 2:11-13, quienes se encontraban “sin esperanza y sin Dios en el mundo”. Tal determinación es el producto deformado de lo que ha sido llamado “el vacío del humanismo” (vid. Stearsman, 1981, 25:490-491).

LOS PRINCIPIOS DEL HUMANISMO

Nada es dejado a la imaginación cuando se llega a los principios del humanismo. Este sistema de pensamiento ha sido tan bien definido y tratado tan a menudo que es fácil entender sus metas, propósitos, objetivos y enseñanzas. En 1933, y otra vez cuarenta años después en 1973, los humanistas establecieron su credo en el Manifiesto Humanista I y Manifiesto Humanista II, respectivamente. El humanismo no es simplemente un sistema de pensamiento que enfatiza la importancia de la humanidad. En cambio, es una manera sutil, encantadora, y sofisticada de decir “ateísmo”. El Manifiesto Humanista II lo hace muy claro: “Como no-teístas, comenzamos con los humanos, no con Dios, con la naturaleza, no con la deidad... [...]los humanos son responsables de lo que somos o lo que seremos. Ninguna deidad nos salvará; tenemos que salvarnos a nosotros mismos” (1973, p. 16).

El Manifiesto Humanista I está compuesto de quince tesis que abordan tales asuntos como la ética, la religión, el origen y destino del hombre, et.al. Este fue firmado por tales hombres como R. Lester Mondale, hermano del antiguo vicepresidente de los Estados Unidos Walter Mondale, y el educador norteamericano John Dewey, entre otros. El Manifiesto Humanista II contiene diecisiete diferentes tesis agrupadas bajo cinco encabezamientos mayores: la Religión, la Ética, el Individuo, la Sociedad Democrática, y la Comunidad Mundial. Este fue firmado por una cantidad de gente influyente de casi todo estilo de vida, incluyendo, entre otros, a Linus Pauling (dos veces ganador del Nobel), Don Francis Crick, Don Julian Huxley, Anthony Flew, Isaac Asimov, Corliss Lamont, y a Kai Nielsen. En el prefacio, los defensores escribieron: “Como en 1933, el humanista todavía cree que el teísmo tradicional, especialmente la fe en el Dios de la oración-sanadora, que se supone que ama y cuida de las personas,...es una fe sin prueba y anticuada” (1973, p. 13).

Los humanistas han “apuntado” a Dios, la religión, lo sobrenatural, y al Evangelio, e intentan “disparar a matar”. Por ejemplo, considere esta afirmación de Kai Nielsen, filósofo humanista y ex-editor de la revista The Humanist.

En las culturas como las nuestras, la religión es a menudo una forma de vida extranjera para los intelectuales. Viviendo como lo hacemos en una era post-Ilustración, nos es difícil tomar a la religión en serio. El concepto mismo nos parece quimérico... Que la gente en la edad nuestra pueda creer que ha tenido un encuentro personal con Dios, que pueda creer que ha experimentado una conversión a través de una “experiencia mística con Dios” a fin de que sea renacida en el Espíritu Santo, es algo que atestigua de la irracionalidad humana y la falta del sentido de la realidad (1977, p. 46).

El mensaje es claro. Aquellas personas que aceptan a Dios, a Su Hijo, a Su Palabra, y a Su salvación están “fuera de sus cinco sentidos”, son “irracionales”, e “irrazonables”. No se puede confundir el humanismo, lo que enseña, o lo que espera lograr. El Manifiesto Humanista II es muy específico en varios puntos importantes. Por ejemplo, considere el comentario humanista sobre la religión.

Sin embargo, creemos que las religiones tradicionales, dogmáticas o autoritarias que ponen a la revelación, a Dios, al ritual, o al credo sobre las necesidades y experiencias humanas causan perjuicio a la especia humana. Cualquier informe de la naturaleza debe pasar los exámenes de la evidencia científica; en el cálculo nuestro, los dogmas y los mitos de la religión tradicional no lo hacen... Nosotros encontramos evidencia insuficiente para la creencia de la existencia de un ser sobrenatural; es ilógico o irrelevante para la cuestión de la supervivencia y el cumplimento de la raza humana... Las promesas de la salvación o el temor de la condenación eterna son tanto ilusorios como dañinos. Distraen a los humanos de los asuntos presentes, de la auto-actualización, y de la rectificación de las injusticias sociales. La ciencia moderna desacredita tales conceptos históricos como el “fantasma en la máquina” y el “alma separable”. En cambio, la ciencia afirma que la especie humana es un surgimiento de las esfuerzas evolutivas. Hasta donde sabemos, la personalidad entera es una función del organismo biológico que negocia en un contexto social y cultural. No existe evidencia creíble de que la vida sobreviva a la muerte del cuerpo (1973, pp. 15-17).

Considere también estos comentarios sobre el tema de la ética.

Nosotros afirmamos que los valores morales derivan su fuente de la experiencia humana. Las éticas son autónomas y situacionales, no necesitando ninguna sanción teológica o ideológica. Las éticas provienen de las necesidades humanas y de su interés. El negar esto distorsiona el fundamento completo de la vida. La vida humana tiene sentido porque creamos y desarrollamos nuestro futuro. La felicidad y la realización creativa de las necesidades y los deseos humanos, individualmente y en gozo compartido, son temas continuos del humanismo. Luchamos por la vida buena, aquí y ahora. La meta es conseguir el enriquecimiento de la vida a pesar de las fuerzas degradantes... La razón y la inteligencia son los instrumentos más efectivos que la humanidad posee. No existe sustituto: ni la fe ni la pasión es suficiente en sí misma. El uso controlado del método científico, el cual ha transformado a las ciencias naturales y sociales desde el Renacimiento, debe ser extendido más en la solución de los problemas humanos (1973, pp. 17-18; énfasis en original).

Finalmente, considere estos comentarios sobre la “libertad sexual”.

En el área de la sexualidad, creemos que las actitudes intolerantes, a menudo cultivadas por las religiones ortodoxas y las culturas puritanas, reprimen demasiado el conducto sexual. Los derechos del control de la natalidad, el aborto, y el divorcio deben ser reconocidos. Aunque no aprobamos las formas explotadoras y denigrativas de la expresión sexual, no queremos prohibir por regla o sanción la conducta sexual entre adultos que actúan libremente. Las muchas variedades de la exploración sexual no deben ser consideradas como “malignas” en sí mismas. Sin aceptar la permisividad ciega o la promiscuidad desenfrenada, una sociedad civilizada debe ser tolerante. Exceptuando la permisión de daño a otros o la incitación a hacer lo mismo, se debe permitir a los individuos expresar sus tendencias sexuales y ejercer su manera de vivir como quieran. Deseamos cultivar el desarrollo de una actitud responsable hacia la sexualidad, donde los humanos no son explotados como objetos sexuales y donde la intimidad, la sensibilidad, el respeto y la honradez en las relaciones interpersonales son animados. La educación moral para los niños y los adultos es una manera importante de desarrollar la conciencia y madurez sexual (1973, pp.18-19; énfasis en original).

En resumen, estos son los principios del humanismo. Las promesas de salvación son “ilusorias como dañinas”, las éticas son “situacionales”, y las actividades sexuales entre “adultos que actúan libremente” son aceptables sin importar quién esté involucrado. Esto suena como la propaganda “el vicio es bueno”, ¿no? El aborto, la eutanasia, la homosexualidad, y hasta lo que algunos llaman el “último tabú”—el incesto—son aceptables según el humanismo. Como decía un autor: “Aunque la humanidad no surgió de las bestias, el humanismo por cierto se rebaja a su nivel (Jones, 1981, 98:309).

Muchas personas simplemente no están conscientes de que el humanismo propugna tales cosas. Además, muchos no están conscientes de que el humanismo tiene sus propios sistemas de cosmología, soteriología, ética, y aún escatología—los cuales permanecen en oposición directa a la Biblia. Entonces, ¿cuál debe ser la respuesta cristiana a tales enseñanzas?

EL CRISTIANISMO Y EL HUMANISMO

Es importante entender que un cristiano no puede ser un humanista. Existen aquellos que claman ser “humanistas cristianos” o “humanistas religiosos”. Pero el humanismo y el cristianismo no son compatibles. Paul Kurtz, ex editor de la revista The Humanist, abordó el asunto del “humanismo cristiano”, y observó: “El humanismo, en algún sentido razonable, no se puede aplicar a uno que todavía cree en Dios como la fuente y Creador del universo. El humanismo cristiano sería posible solamente para aquellos que están dispuestos a admitir que son humanistas ateos. Con seguridad esto no se aplica a los creyentes intoxicados de Dios” (1973, p. 177). El escritor humanista Corliss Lamont fue más lejos al decir: “Pasando al Nuevo Testamento, podemos ver claramente que su teología, si es tomada literalmente, es muy foránea para el punto de vista humanista” (1977, p. 50).

El humanismo y el cristianismo son sistemas mutuamente exclusivos y diametralmente opuestos. El humanismo declara que la materia es eterna, que Dios no existe, que el hombre y su entorno son el resultado de fuerzas evolutivas, que las éticas son situacionales, que nadie puede conocer una verdad absoluta, que no existe la vida después de la muerte, que los puntos de vista de la salvación son ilusorios y dañinos, que el hombre es la cosa más importante en el Universo, que el hombre no tiene alma, que el Cielo y el infierno no existen, y así sucesivamente.

Por otro lado, el cristianismo enseña exactamente lo contrario a estas cosas. La Biblia habla frecuentemente de un Dios eterno, un alma inmortal del hombre, el Cielo, el infierno, una salvación prometida y planeada, la naturaleza absoluta de la Verdad, el hecho de que las morales están basadas sobre un estándar objetivo, et.al. Lamentablemente, los humanistas fracasan en comprender una de las verdades más grandes—que el “temor de Jehová” es tanto el “principio del conocimiento” (Proverbios 1:7 [Versión Antigua de Las Sagradas Escrituras]) como “el principio de la sabiduría” (Proverbios 9:10). La sabiduría verdadera está en Cristo (1 Corintios 1:30). Él únicamente es el camino, y la verdad, y la vida, y nadie viene al Padre, sino por Él (Juan 14:6). Su Verdad es la que nos hará libres (Juan 8:32) y nos protegerá de las “filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres” que pueden destruirnos (Colosenses 2:8).

Es el sistema cristiano el cual pone al hombre en su lugar apropiado en el Universo—como un ser especialmente creado (Génesis 1:26,27) menor que Dios (Salmos 8:4,5). El hombre no ha “surgido del limo”, como enseña el humanismo, sino en cambio ha “descendido del Cielo”. Además, el cristianismo enseña correctamente que la ética no es situacional, sino que siempre debe estar basada sobre la Palabra de Dios, ya que en esa Palabra encontramos “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (2 Pedro 1:3). Lejos de ser situacional, el sistema ético de la Biblia es gobernado por la revelación provista por el Creador. Las prohibiciones contra muchas cosas que el humanismo enseña (el divorcio, la homosexualidad, la actividad sexual extra-matrimonial y prematrimonial, et.al.) aparecen frecuentemente en el texto inspirado por Dios (1 Corintios 6:9-19; Romanos 1:26-32; Mateo 5:27; Mateo 19:9; Génesis 2:24, et.al.).

La sabiduría que el hombre valora tanto, Dios a menudo la desecha (1 Corintios 3:19-21; 2:6; 1:19-21). La Biblia nos insta a orar a menudo (1 Tesalonicenses 5:17), con la seguridad de que seremos escuchados por nuestro Dios (Mateo 7:7,8). El humanismo niega estas cosas. La Biblia nos advierte que “la amistad del mundo es enemistad contra Dios” (Santiago 4:4), y en cambio nos promete “vida...en abundancia” (Juan 10:10) a través de Cristo. Jesús mismo prometió vida eterna para aquellos que fueran fieles a Dios (Juan 17:3; Mateo 10:32,33; Juan 14:1-3, 23,24).

CONCLUSIÓN

¿Por qué encontramos el mundo en la situación en la cual está hoy en día? Tim LaHaye, en su libro, The Battle for the Mind (La Batalla por la Mente) sugirió: “Nuestra sociedad actual está en un estado de decadencia moral, no porque la mayoría de americanos amen la degeneración, sino porque la influencia humanista ha sido mayor en nuestra cultura que la influencia de la iglesia” (1980, p. 189). Cristo dijo:

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:13-16).

El pueblo de Dios debe guardar lo que es correcto, y oponerse a lo que es incorrecto. Al hacerlo, damos un buen ejemplo para todos alrededor nuestro. Tenemos que oponernos al humanismo porque sus enseñanzas son contrarias a las enseñanzas de la Palabra de Dios. Debemos entender, y ayudar a otros a entender, la locura de la “sabiduría” humana como la del humanismo.

Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación (1 Corintios 1:19-21).

La sabiduría humana nos guía lejos de Dios si no está fundada sobre, guardada por, y sometida a la revelación bíblica. La sabiduría humana está en guerra contra Dios (Romanos 8:7), y es locura ante los ojos de Dios (1 Corintios 3:19,20). Los cristianos deben rechazar el humanismo, y ayudar a otros a hacer lo mismo.

REFERENCIAS

Humanist Manifestos I & II (1933/1973), (Buffalo, NY: Prometheus).

Huxley, Aldous (1966), “Confessions of a Professed Atheist,” Report: Perspective on the News.

Huxley, Julian (1965), Fortune Magazine, February.

Jones, Shawn (1981), “The Most Dangerous Religion in the World,” Firm Foundation, 98:309, May 19.

Kurtz, Paul (1973), The Humanist Alternative (Buffalo, NY: Prometheus Press).

LaHaye, Tim (1980), The Battle for the Mind (Old Tappan, NJ: Revell).

Lamont, Corliss (1977), The Philosophy of Humanism (New York: Unger).

Leakey, Richard (1977), Origins (New York: E.P. Dutton).

Montagu, Ashley, (1981), Interview in The Atlanta Journal and Constitution, p. 4-C, July 26.

Nielsen, Kai (1977), The Humanist, May/June.

Simpson, George Gaylord (1953), Life of the Past (New Haven, CT: Yale University Press).

Stearsman, Jackie M. (1981), “The Void of Humanism,” Christian Bible Teacher, 25:490-491, December.



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