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Apologetics Press :: Temas Prácticos

Enseñando a los Jóvenes Evidencias Cristianas
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

Tal vez usted ha visto las estadísticas. Incluso según cálculos conservadores, estamos perdiendo entre el 60% y el 90% de nuestros jóvenes después de su graduación de la secundaria. “Fulanito” crece, es enviado al colegio, al instituto, al trabajo, etc., y de repente se encuentra con más libertad de la que nunca ha experimentado. No hay mamá cerca para hacerle limpiar su dormitorio; no hay papá cerca para obligarle a cortar el césped. Y de repente llega a la mente de fulanito que no hay nadie que le haga asistir a los servicios de adoración. ¡Fulanito está “libre”!

Pero en un apuro por poner su libertad recién encontrada en uso, fulanito olvida que con la libertad siempre viene la responsabilidad—a sus padres, a sí mismo, y especialmente a Dios Quien le creó. Poco a poco, la presión y los placeres mundanales alejan los valores espirituales de la vida de fulanito. Y aunque fulanito pueda defender vocalmente una “creencia” en Dios y en la Biblia, ya ha abandonado hace mucho tiempo cualquier compromiso práctico, cotidiano y de influencia de vida de aquellos valores que una vez sostenía tan preciosamente. Para todo propósito práctico, fulanito está perdido.

¿POR QUÉ SE PERDIÓ FULANITO?

¿Por qué se perdió fulanito? ¿Qué causó que dejara al Señor y a Su iglesia, y en cambio pusiera su atención en asuntos mundanales? Desde luego, es probable que existan varias respuestas posibles. No obstante, me gustaría concentrarme solamente en una. Algo socavó el compromiso de fulanito y causó que abandonara los ideales que una vez sostuvo tan preciosamente. ¿Qué persuadió a este joven a abandonar su creencia en Dios, su confianza en Jesús, y su dependencia en la Biblia? Tal vez fulanito perdió su fe porque en realidad nunca entendió la evidencia sobre la cual su fe debería descansar principalmente. En otras palabras, fulanito “creyó” pero no sabía por qué creía. Estaba viviendo una religión “heredada”. Por tanto, no teniendo ninguna razón buena para continuar creyendo, cuando se enfrentó con la tentación de ser libre, fulanito cayó precipitadamente en la trampa tendida para él por el “león rugiente”—nuestro adversario, el Diablo (1 Pedro 5:8). Satanás tuvo éxito en su tarea ya que nosotros fallamos en la nuestra. No instruimos a fulanito “en su camino” (Proverbios 22:6) porque no le mostramos la evidencia sobre la cual su fe debería estar basada.

LA NECESIDAD DE ENTRENAR A LOS NIÑOS EN EVIDENCIAS CRISTIANAS

Hoy en día muchos en la iglesia no están familiarizados con el campo de las evidencias cristianas, o con el gran bien que puede ser logrado a través del uso apropiado de este instrumento maravilloso. Algunos predicadores, maestros, y padres se preguntan si existe o no un lugar apropiado para la instrucción de evidencias cristianas dentro del marco de enseñanza de la congregación local o la familia. Algunos, sin saber cuán valioso pueda ser la capacitación en este campo, han asumido qué éste es solamente de interés para la “elite intelectual”. Aunque nada podría estar más lejos de la verdad.

El estudio de evidencias cristianas se concentra en un examen de las varias evidencias sobre las cuales el cristianismo está basado esencialmente. Esto implica un estudio de las evidencias para la existencia de Dios, la deidad y el Hijato de Cristo, la inspiración de la Biblia, la veracidad del relato de la creación en Génesis 1, etc. De hecho, esto ayuda a cimentar nuestra fe al proveer respuestas lógicas, sólidas y defendibles para las preguntas que se presentan tan a menudo—especialmente en las mentes de los jóvenes.

ENSEÑAR EVIDENCIAS CRISTIANAS—¿POR QUÉ?

Exactamente, ¿por qué deberíamos ocuparnos en el estudio de las evidencias cristianas? Primero, debemos estudiar las evidencias cristianas porque la autoridad bíblica lo demanda. Pedro dijo que debemos estar “preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Somos mandados a contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). Con un número creciente de personas que dudan de la existencia de Dios, la deidad de Cristo, y la inspiración de la Biblia, el cristiano encontrará una demanda creciente sobre él para ser capaz de defender estas cosas. Pablo enfatizó que debemos “examinarlo todo,” y después de hacerlo, “retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Era la costumbre de Pablo el enseñar el Evangelio al presentar la evidencia que documenta la veracidad del cristianismo (vea Hechos 17:2,3; 19:8). Este es, de hecho, el mismo método que Pedro usó para predicar el primer sermón del Evangelio cuando presentó la evidencia para la resurrección corporal de Jesús (Hechos 2).

Segundo, debemos estudiar las evidencias cristianas porque fortalecerán nuestra fe. A través del estudio de las evidencias sobre las cuales el cristianismo está basado, los cristianos llegarán a ver que el cristianismo no es una clase de religión de “pura fantasía” o un “ojala que sí con el tiempo”. Al contrario, el cristianismo está cimentado en los hechos históricos. Sus raíces son profundas y sus preceptos pueden ser probados. A través del estudio de las evidencias cristianas, podremos mostrar a los jóvenes que ellos pueden: (a) saber que Dios existe; (b) saber que Jesús es el Hijo de Dios; (c) saber que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios inequívoca y autoritaria. Al hacer esto, podemos dar a los jóvenes una vista clara de su Dios, Su Hijo y sus futuros hogares en el cielo.

Tercero, debemos estudiar las evidencias cristianas para demostrar la validez del sistema cristiano. La verdad no se esconde del examen exhaustivo, porque no tiene nada que temer. En cambio, la verdad le da la bienvenida al reflector del escrutinio más severo, infaliblemente confiada tanto que no puede ser refutada. Una religión que desanima a la inspección lógica de sus afirmaciones está admitiendo tácitamente la inseguridad de su posición. El cristianismo no tiene miedo de presentar sus creencias al examen crítico de los escépticos. Tampoco tiene miedo de dejar que sus defensores estudien las afirmaciones de otras religiones (o de ninguna religión en absoluto). La verdad no cederá o se quebrantará bajo el ataque. Una fe que no puede resistir un examen fuerte y crítico es una fe que no es meritoria tenerla primeramente. Cuando se les muestre a los jóvenes las evidencias que prueban la existencia de Dios, el Hijato de Jesús, y la inspiración de la Biblia—y cuando ellos examinen otras afirmaciones (ateismo, agnosticismo, denominacionalismo, etc.) bajo el microscopio minucioso de la Palabra de Dios—finalmente llegarán a aceptar, y a estar listos para defender, la única religión verdadera del único Dios verdadero.

Cuarto, debemos estudiar las evidencias cristianas para defender apropiadamente el cristianismo en contra de los ataques hechos por sus enemigos. Desde los filósofos que claman que es imposible saber cualquier cosa en absoluto, hasta los científicos que claman que somos un poco más que “simios desnudos,” los ataques en contra del cristianismo nunca acaban. El ateo dice que él sabe que Dios no existe, el agnóstico dice que ni él ni alguien más pueden saber si Dios existe, el incrédulo dice que si Dios existe no es el Dios de la Biblia, y así sucesivamente. Varias formas de estas filosofías falsas han entrado sigilosamente a la iglesia en algunos lugares, y han causado que el inestable y el no-instruido apostaten. Los niños son especialmente vulnerables a esas enseñanzas falsas, ya que a menudo están obligados a estudiar bajo maestros y profesores que abiertamente son antagonistas al cristianismo. La mente moldeable e impresionable de los jóvenes es un blanco excelente para los sistemas impíos del Diablo. Es la responsabilidad nuestra el llenar las mentes de nuestros hijos con la verdad (y la evidencia para esa verdad) para que puedan estar listos para resistir los “dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16). El estudio de la evidencia que sostiene el cristianismo es un paso bueno en la dirección correcta hacia la protección de nuestros hijos como de la iglesia.

Quinto, debemos estudiar las evidencias cristianas porque al hacerlo podemos salvar no solamente nuestras almas y las almas de nuestros hijos, sino también las almas de otros. Una cosa es cierta: no podemos enseñar lo que no sabemos (Hebreos 5:12). Nuestra meta es el Cielo (Hebreos 11:13-16). Nuestra misión no es solamente llegar, sino llevar también a otros (Mateo 28:18-20). Es nuestra tarea aprender bien la Palabra de Dios (Salmos 119:11), y después trasmitir esa Palabra a otros para su salvación final (Marcos 16:15,16; Juan 3:16). Hoy en día nuestra sociedad es una sociedad que cuestiona todo. Y con toda razón. La religión no puede y no debe descansar sobre tierras presuntivas o sobre el patrimonio tradicional. La gente debe investigar las afirmaciones del cristianismo y llegar a ver por sí mismos que esas afirmaciones son legítimas y factuales, y sobre todo, verdaderas.

ENSEÑAR EVIDENCIAS CRISTIANAS—¿ CÓMO?

Algunos años atrás, Guy N. Woods, el fallecido y endechado director de la revista Gospel Advocate, llevó a cabo una encuesta extensa entre las iglesias de Cristo en los Estados Unidos. Los resultados no fueron favorables. Según la encuesta: el 40% de los que fueron encuestados admitió asistir solamente a un servicio de adoración cada semana; el 50% indicó no saber por qué las iglesias de Cristo no utilizaban música instrumental en la adoración; el 10% creía que una iglesia es tan buena como la otra; el 90% no se suscribía a una publicación religiosa; el 75% no podía encontrar el plan de salvación en la Biblia.

Estas clases de estadísticas dicen mucho. Estas indican una falta de estudio bíblico, una actitud de indeferencia, y un fracaso para comprender tanto las doctrinas básicas de la Biblia como la naturaleza esencial de la iglesia. ¡Sorprende poco que estemos perdiendo alrededor del 60-90% de nuestros jóvenes después de su graduación de la secundaria! Ellos simplemente están apresurados a encajar dentro del molde que muchos padres y otros miembros de la iglesia han preparado para ellos. Esto es, muy simplemente, un asunto de: “Lo que haces habla tan fuerte que no puedo oír lo que dices”.

Obviamente, esta no es la manera en que Dios pretendió que las cosas fuera. Ni ha sido nunca así. La Biblia nos informa que los primeros cristianos escudriñaron las Escrituras diariamente (Hechos 17:11) e “iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8:4). Estos seguidores fieles del Señor conocían lo que creían, no estaban avergonzados de lo que creían, y sobre todo, enseñaban lo que creían. Los hombres como Moses Lard, Alexander Campbell, “Raccoon” John Smith, y otros como ellos que buscaron restaurar el cristianismo del Nuevo Testamento se dieron cuenta que las Escrituras no enseñaban denominacionalismo o algo cono esto, sino una iglesia singular y única. Ellos tenían que ser capaces de probar tal convicción, a fin de que sus salidas de las instituciones hechas por hombres de las cuales eran miembros no parecieran tontas y veleidosas. Nada ha cambiado en este sentido. Los cristianos hoy en día deben creer firmemente en la Palabra de Dios y ser capaces de proclamarla y defenderla en todo tiempo y delante de toda clase de persona (Judas 3). Sobre todo, como cristianos debemos recalcar a nuestros hijos que nuestras creencias no son ideas nuestras o de diseño nuestro; sino que son infundidas por Dios (2 Timoteo 3:16,17; 1 Corintios 2:13; Romanos 10:17). Como tales, son la verdad (Juan 8:32) y deben ser llevadas a un mundo perdido y moribundo (Mateo 1:21).

¿Cómo Enseñar a Nuestros Hijos Evidencias Cristianas?

La pregunta llega a ser: ¿Cómo debemos enseñar a nuestros hijos las evidencias cristianas? Lo primero y más importante, tenemos que comenzar en casa. Tenemos que animar a padres e hijos igualmente a convertirse en lectores de la Biblia diariamente. Puede ser difícil, siendo los horarios tan ocupados como son, pero no es imposible—¡y es importante! Comience por escoger pasajes cortos o sólo un capítulo. Escoja pasajes que enfaticen el uso de evidencia por los escritores bíblicos en sus debates con las personas del siglo I (e.g., Hechos 2; Hechos 17; Romanos 1; et.al). También escoja pasajes que enfaticen los mandamientos de Dios concerniente a esto (Judas 3; 1 Pedro 3:15; etc.). Refuerce dos puntos: (a) Dios nos ha mandado a estar listos para defender la fe; y (b) los escritores inspirados hicieron exactamente esto en sus escrituras y enseñanzas.

Segundo, debemos solicitar que alguna clase de los domingos por la mañana o de los miércoles por la noche esté dedicada al estudio de evidencias cristianas. Consiga maestros y co-maestros que ya estén familiarizados con las evidencias cristianas o que tengan tiempo suficiente para prepararse apropiadamente. Asegúrese de utilizar solamente los mejores maestros quienes reconozcan los sacrificios que deberán afrontar para hacer su tarea bien.

Tercero, debemos escoger material bueno y sólido que pueda ser utilizado en clase a fin de que los estudiantes no solamente tengan información adicional a su disposición (aparte de lo que será cubierto en clase), sino para que también tengan una fuente lista y fidedigna a la cual puedan regresar en años más tarde para responder a las preguntas que puedan surgir mientras que maduran y se hacen mayores. Den a los estudiantes diagramas, gráficos, reimpresiones de las publicaciones y revistas, folletos y artículos, sinopsis de argumentos mayores—cualquier cosa que proveerá una “mini-biblioteca” que ellos pueden utilizar para un estudio adicional. No puedo sobre-enfatizar la necesidad de seleccionar materiales buenos y sólidos.

Una Palabra de Advertencia

Una palabra de advertencia tiene lugar en este punto. Primero, existe la tendencia de algunos de pensar que el uso de las evidencias es un fin en sí mismo. No debemos caer en esta trampa. El uso de las evidencias cristianas es un instrumento; éste es un medio para un fin—no el fin mismo. El uso acertado de las evidencias cristianas puede ayudar a la gente a ver que el cristianismo es una religión basada en los hechos históricos y verificables. No obstante, la gente debe poseer una actitud buscadora (Proverbios 8:17). Sin esta, muy poco sería logrado. Esté consciente de que el uso de las evidencias cristianas tiene sus limitaciones.

Segundo, lamentablemente hay algunos que trabajan en el campo de las evidencias cristianas de los cuales sus enseñanzas están llenas de errores. Ellos producen libros, casetes, películas, etc. que no son fidedignos ni escriturales. Hablan de la “probabilidad de la existencia de Dios”, y del hecho de que “la evolución y la Biblia casi muestran acuerdo completo”, y cosas así. Cuando las almas están en juego, no existe lugar para errores tales como estos. Debemos ejercer prudencia al escoger los materiales y/o expositores a los cuales los jóvenes son expuestos.

ENSEÑAR EVIDENCIAS CRISTIANAS—¿QUÉ?

En su libro, Set Forth Your Case (Exponga Su Caso), Clark Pinnock proveyó perspicacia remarcable en el uso de las evidencias cristianas cuando escribió:

El objetivo de los apologistas no es engañar a una persona a ser cristiano en contra de su voluntad. En cambio éste lucha por mostrar la evidencia para el evangelio cristiano a los hombres en una manera inteligente para que ellos puedan hacer un compromiso significativo... El corazón no puede deleitarse en lo que la mente rechaza como falso. Los apologistas presentan razones convincentes a la mente para recibir a Cristo como Salvador dentro del hombre total. La fe está basada en la evidencia creíble que la gente puede reconocer como fidedigna en concordancia con el criterio apropiado para la verdad (1971, p. 11).

Una función esencial de las evidencias cristianas es mostrar que el cristianismo es la religión verdadera del Dios verdadero, y como tal está basado en las reclamaciones verdaderas que los no-creyentes pueden estudiar y aceptar. Otra función esencial de las evidencias cristianas es proveer al creyente con una fundación firme de su propia creencia para que su fe pueda estar fundada y arraigada en el conocimiento de la verdad de Dios. El sistema cristiano no está ahora, ni tuvo la intensión de estar basado en la ficción o el mito. En cambio, está anclado en las realidades más creíbles.

¿Qué Enseñar a Nuestros Hijos Acerca de las Evidencias?

Primero, la probación de la existencia de Dios es una parte importante en cualquier estudio de evidencias cristianas. La existencia de Dios puede ser probada tanto como conocida. El hombre puede saber que Dios existe, y puede saber que lo sabe. Esto es un punto crucial. Si un hombre no puede conocer que Dios existe, entonces no puede conocer (i.e. con certidumbre) que la Biblia es la Palabra de Dios. Si no puede saber que la Biblia es la Palabra de Dios, entonces no puede saber que Jesús es el Hijo de Dios. Si no puede saber que Jesús es el Hijo de Dios, entones no puede saber si es salvo. Sin embargo, esto está en conflicto directo con 1 Juan 5:13 (“Estas cosas os he escrito a vosotros...para que sepáis que tenéis vida eterna”). Si el cristiano no puede saber que Dios existe, entonces, ¿qué le distingue de un agnóstico? Los cristianos no son agnósticos.

Increíblemente, hoy en día algunos claman que la existencia de Dios no puede ser conocida ni probada. En cambio, sugieren que es “más probable” que Dios exista en vez de que no exista. ¿Por qué no pueden aquellos que recomiendan esa idea ver los resultados lógicos de tal concepto? Si simplemente es más probable que Dios exista en vez de que no, entonces todavía permanece una probabilidad (no importa cuán pequeña) de ¡que Dios no exista! Esta noción es completamente falsa. La existencia de Dios no es un asunto de probabilidad. Ciertamente, la existencia de Dios no puede ser probada científicamente (i.e., de la misma manera que alguien prueba que una bolsa de papas pesa cinco libras), pero la prueba que es directa, emperica y científica no es la única clase de prueba disponible. No debemos ceder al concepto falso de que la existencia de Dios es incognoscible o “probable”.

Segundo, la probación de la deidad e Hijato de Jesucristo forma una parte importante en el estudio de evidencias cristianas. En Hechos 8:35 cuando el texto dice que Felipe, al hablar con el eunuco de Etiopía, “le anunció el evangelio de Jesús,” y no más, es porque no hay más. El cristianismo sin Cristo no es cristianismo en absoluto. Si la deidad de Jesús es de alguna manera negada, todo el cristianismo cae consigo. ¡Debemos recalcar a los jóvenes que Jesús fue Quien clamó ser—y que la evidencia que sostiene Su afirmación es irrefutable!

Entonces, cualquier estudio de la deidad e Hijato de Jesús incluiría un examen exhaustivo de Su alumbramiento virginal, Sus enseñanzas, Sus milagros, Su resurrección corporal de la muerte, etc. Las evidencias históricas, filosóficas y bíblicas que sostienen la deidad de Jesús son innumerables, y son capaces de probar a cualquier persona sin prejuicios que Él es Quien clamó ser. Los jóvenes necesitan ser protegidos de las clases de doctrinas falsas que afirman que Jesús fue simplemente un “maestro bueno” o un “profeta maravilloso”. Esas no son opciones que Cristo nos dejara abiertas. O Él es Quien clamó ser—el Hijo de Dios—o Él es peor que el Diablo del infierno ya que sería tanto un mentiroso como un hipócrita (porque Él pidió que los hombres le confiaran sus salvaciones eternas, pero no podía llevar a cabo Sus promesas). Los jóvenes necesitan saber que Jesús es su Señor resucitado.

Tercero, la probación de la inspiración verbal y plenaria de la Biblia forma una parte importante en el estudio de evidencias cristianas. Convenza a un joven de que la Biblia no es completamente inspirada, y pronto él o ella llegará a darse cuenta que: (a) Dios comete errores y por eso no puede ser de confianza; y (b) si la Biblia no es lo que clama ser, entonces en realidad no existe un estándar objetivo y moral para ser seguido en esta vida. No existe necesidad de hablar extensamente acerca de los frutos de esta clase de pensamiento. Los árboles malos producen frutos malos (Mateo 7:17). Sin un Dios perfecto, puro y fidedigno—y por tanto sin un estándar objetivo de lo correcto e incorrecto—cada hombre terminaría haciendo lo que está bien ante sus propios ojos (Jueces 17:6). Como el profeta Jeremías observó correctamente: “ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23).

Cuarto, la probación de su creación especial por mano de un Dios Todopoderoso forma parte crítica en el estudio de las evidencias cristianas. No debemos permitir que nuestros hijos lleguen a ser convencidos de que deben su origen final a un proceso ciego, natural y aleatorio de la evolución orgánica que supuestamente les proveyó con una ascendencia arraigada en unas criaturas como-simios de millones de años atrás. En cambio, debemos afirmarles en la verdad contenida en Génesis 1 (y otras enseñanzas bíblicas) que habla de la creación noble del hombre por Dios. Necesitamos ayudarles a ver que existe una diferencia grande entre ser evolucionado por accidente del limo originario en una orilla del mar primitivo y ser creado “a la imagen de Dios” (Génesis 1:26,27). Si damos a nuestros hijos un concepto falso de su origen, ¡también tendrán un concepto falso de su propósito y destino!

CONCLUSIÓN

El estudio de evidencias cristianas es una manera excelente de proveer el “fortalecimiento de la fe” que nuestros jóvenes necesitan tan desesperadamente en este tiempo y época. Es un elemento importante el prepararles para el ataque que vendrá probablemente en contra de su fe. Este es un instrumento excelente para su uso en el evangelismo. Y forma parte del repertorio de conocimiento que es necesario para que el cristiano convierta a los perdidos y guarde su propia alma de la apostasía. Mientras que el cristiano lucha para mostrarse “a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse” (2 Timoteo 2:15), encontrará en los estudios en el campo de evidencias cristianas una parte valiosa de ese proceso. El conocimiento que consiga de tal estudio le ayudará a “usar bien la palabra de verdad”—algo absolutamente esencial para la salvación. Como Pablo, nunca vamos a avergonzamos del Evangelio, reconociendo que es el “poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16). Vamos a estudiar diligentemente para aprenderlo bien, y después enseñarlo a nuestros hijos desde el momento en que nos levantamos por la mañana hasta el momento en que nos acostamos por la noche (Deuteronomio 11:18-21).

REFERENCIAS

Pinnock, Clark H. (1971), Set Forth Your Case (Chicago, IL: Moody).



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