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Apologetics Press :: Temas Prácticos

Respondiendo las Acusaciones
por Eric Lyons, M.Min.
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Los adversarios de la religión se han jactado frecuentemente de su habilidad de eliminar la fundación cristiana de la fe al mutilar la Biblia. Ellos creen que al talar incesantemente en el bosque de la inspiración con el hacha cínico del criticismo, ellos serán capaces de eliminar la Biblia de las masas, y quitar a Dios del Universo. Más de 2,500 años atrás, el Rey Joacim tomó su cortaplumas, rasgó las Escrituras del Antiguo Testamento en pedazos, y las arrojó al fuego (Jeremías 36:22,23). Durante la Edad Media, se hicieron muchos intentos de arrebatar la Biblia de las manos del hombre ordinario. De hecho, aquellos que eran sorprendidos traduciendo o distribuyendo las Escrituras a menudo eran sometidos a encarcelamiento, tortura, e incluso la muerte. Siglos después, el filósofo francés Voltaire (1694-1778) declaró presumidamente que no habría ninguna copia de la Biblia sobre la Tierra dentro de 100 años después de su muerte. Y en 1795, Thomas Paine concluyó arrogantemente en The Age of Reason (La Edad de la Razón):

Yo he explorado la Biblia, como un hombre exploraría un bosque con un hacha en su hombro, y talaría árboles. Aquí estos yacen; y los sacerdotes, si tienen la capacidad, pueden replantarlos. Ellos pueden, tal vez, pegarlos al suelo, pero ellos nunca los harán crecer (1795, p. 151).

El hacha usada por Paine, Voltaire, y otros como ellos es a menudo las supuestas discrepancias o contradicciones de las cuales ellos desvergonzadamente se jactan que pueden demostrarlas en prácticamente toda página y en casi toda premisa principal de la enseñanza bíblica. Algunos años atrás, Dennis McKinsey, en su libro, The Encyclopedia of biblical Errancy (La Enciclopedia del Error Bíblico), declaró:

Todo analista de la Biblia debería darse cuenta que el Libro es una miasma verdadera de contradicciones, inconsistencias, inexactitudes, ciencia pobre, matemática mala, geografía errónea, inmoralidades, héroes degenerados, profecías falsas, repeticiones aburridas, supersticiones infantiles, milagros tontos, y discursos secos como-el-polvo. Pero las contradicciones permanecen siendo las más obvias, las más potentes, las más fácilmente probadas, y el problema más común que plaga el Libro (1995, p. 71, énfasis añadido).

Steve Wells, autor de la Skeptic’s Annotated Bible (Biblia Anotada de los Escépticos), ha aseverado que la Biblia es “indigna de creencia” a causa de sus contradicciones innumerables y profecías falsas (2001). Y Dan Barker (un predicador denominacional convertido en incrédulo) escribió en Losing Faith in Faith (Perdiendo la Fe en la Fe): “La gente que está libre de la tendencia teológica nota que la Biblia contiene cientos de discrepancias... La Biblia es un libro defectuoso” (1992, pp. 164,177).

Aunque la Biblia ha resistido siglos de abuso en manos de incrédulos, el yunque de la Palabra de Dios resuena los golpes de los escépticos mucho más a menudo hoy (y más fuerte). Mientras que en el pasado, la integridad de la Biblia fue atacada solo ocasionalmente, y por gente que usualmente estaba en la minoría, hoy vivimos en una sociedad que es mucho menos “creyente”. La negación de Thomas Paine de la veracidad bíblica a términos del siglo XVIII guió al encarcelamiento de su editor inglés. Hoy en día, Thomas Paine es aclamado como un “librepensador erudito e iluminado”. Un siglo antes de Paine, un estudiante escocés llamado Thomas Aikenhead fue colgado por enseñar la idea de Benedicto Espinoza de que Moisés no escribió el Pentateuco (Thiede and D’Ancona, 1996, p. 157). Sin embargo, en el siglo XXI si alguien no acepta los principios fundamentales de la teoría de Espinoza, éste es considerado un “no-intelectual” (vea Brown, 1999, p. 167). Incluso cuando mis padres estaban creciendo en la década de 1940 y 1950, relativamente poca gente en los Estados Unidos cuestionaba la existencia de Dios o dudaba que la Biblia fuera un libro especial dado por Dios. Aunque hoy, se pide a la gente que crea en la inerrancia de la Escritura mientras que estos viven en una sociedad mucho más cínica. Por ende, existe incluso una necesidad más grande de responder las acusaciones levantadas en contra de la Biblia.

El asunto acerca de las supuestas discrepancias en la Biblia es serio, y merece nuestra suma atención por al menos tres razones. Primero, la doctrina de la inspiración completa es amenazada. Por definición, Dios es perfecto, y si la Biblia es de Dios (como clama serlo—2 Timoteo 3:16,17; 2 Pedro 1:20,21), entonces ésta no puede contener contradicciones o discrepancias. O la Biblia es de Dios (y por ende sin defecto en su forma original), o contiene errores. No existe término medio. Segundo, si existen en la Biblia algunos errores que son aparentes, pueden existir muchos otros que no lo son. Si la Biblia contiene contradicciones, entonces uno no pudiera confiar en los relatos registrados en ésta. Y finalmente, si la Biblia contiene contradicciones (y por ende no es inspirada), entones la fundación del cristianismo es destruida, ya que uno no sería capaz de distinguir entre lo que es del hombre y lo que es de Dios. L. Gaussen enfatizó la seriedad de este tema cuando escribió: “Antes de todo, nosotros reconocemos que, si fuera verdad que existen, como ellos nos dicen, hechos erróneos y narraciones contradictorias en las Santas Escrituras, uno debería renunciar a cualquier intento de sostener su inspiración plenaria” (1949, p. 207). Declarado simplemente, si la Palabra de Dios contiene errores legítimos, el cristianismo colapsa como una casa hecha de naipes. Y si el cristianismo se aferra a una fe genuina—fe que está respaldada en la evidencia (cf. 1 Pedro 3:15)—entonces los cientos de supuestas contradicciones que atacan a la Biblia deben ser respondidas.

EL SABER-CÓMO: PRINCIPIOS PARA LIDIAR CON LAS PRESUNTAS CONTRADICCIONES
Inocente Hasta que Sea Probado Culpable

Uno de los principios fundamentales de casi todo estudio o investigación es la de “inocente hasta probado culpable”. Un profesor no puede asumir justificablemente que un estudiante que obtiene una nota perfecta en un examen sin estudiar para esto, copió. Puede ser que él haya recibido toda la información en algún lugar en otra ocasión. Puede ser que él aprendió muy bien todo en clase tanto que no tenía que estudiar en casa. O, puede ser que él simplemente tuvo “suerte” y adivinó correctamente las preguntas que no sabía. Un policía no puede asumir justificablemente que ya que un homicidio fue cometido por un hombre que usaba zapatillas verdes, que la primera persona que el policía encuentre usando zapatillas verdes es el homicida.

En nuestras vidas diarias, nosotros generalmente consideramos que una persona es veraz hasta que tengamos evidencia de que él o ella haya mentido. Del mismo modo, cuando leemos documentos o libros históricos, la misma regla se aplica. Estos son considerados veraces hasta que se pueda mostrar lo contrario. Este enfoque ha sido aceptado durante toda la historia literaria, y todavía es aceptado hoy en la mayoría de escenarios. El respetado profesor de ley, Simon Greenleaf, lidió con este principio en su libro, The Testimony of the Evangelists (El Testimonio de los Evangelistas):

La regla de la ley municipal sobre este tema es familiar, y se aplica con igual fuerza a todos los escritos antiguos, sean documentales o diferentes; y como primer lugar, en el proceso de esta investigación, esta regla puede, por el bien de mera conveniencia, ser designada como nuestra primera regla: “Todo documento, aparentemente antiguo, que viene del depósito o custodia adecuada, y que no lleva en su superficie ninguna marca de falsificación, es catalogado supuestamente por la ley como genuino, y recae sobre el partido opuesto la carga de probar lo contrario” (1995, p. 16, énfasis añadido).

La manera aceptable de abordar los escritos antiguos es asumir inocencia, no culpabilidad. La Biblia merece este mismo trato.

Las Posibilidades Serán Suficientes

Si nosotros creemos que la Biblia es inocente hasta que sea probada culpable, entonces cualquier posible respuesta debería ser suficientemente buena para anular la acusación de error. Este principio no permite cualquier respuesta, sino cualquier respuesta posible. Cuando uno estudia la Biblia y llega a pasajes bíblicos que puedan parecer contradictorios, uno no necesariamente tiene que hacer que se defina la solución exacta para demostrar su veracidad. El estudiante de la Biblia necesita mostrar solamente la posibilidad de una armonización entre pasajes que parezcan estar en conflicto para anular la fuerza de la acusación de que existe una contradicción bíblica.

La presunta contradicción que circunda Marcos 2:23-26 ilustra el valor de este principio. Mientras que Jesús y Sus discípulos estaban dando un paseo a través de un campo un día sábado, ellos arrancaron espigas para comer. Los fariseos hipercríticos encontraron una falta en este acto—llamándole trabajo—y acusaron a los discípulos de quebrantar la ley del día de reposo. El Señor respondió a su acusación diciendo: “¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?”. Los críticos comparan la respuesta a 1 Samuel 21 y exclaman “¡Contradicción!”.

La dificultad se centra en sobre quién era el ministro levita actual cuando David comió los panes de la proposición. Mientras que Jesús mencionó a Abiatar, 1 Samuel 21:1 declara: “Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec...” (énfasis añadido). ¿Quién estuvo en lo correcto—Samuel o Jesús? A lo menos existen tres posibles respuestas. Primero, puede ser posible que los dos nombres pertenecieran al mismo hombre. Tal respuesta no es imposible, y tiene su analogía en la Escritura. Por ejemplo, el suegro de Moisés era conocido como Reuel y Jetro (Éxodo 2:18; 3:1). Y Pedro es a veces llamado Pedro, Simón Pedro, y Simón (Mateo 14:28; 16:16; 17:25). Puede ser que Abiatar y Ahimelec eran la misma persona.

Una segunda solución posible para este versículo “problemático” puede ser encontrada en el hecho que Jesús no dijo que Abiatar fuera el sacerdote quien atendió a David, sino simplemente que el evento ocurrió durante el tiempo de Abiatar. Esto está en acuerdo con 1 Samuel, lo cual menciona a un sacerdote llamado Abiatar varias veces. Por ende, el enunciado de Jesús puede enfatizar el periodo de la vida completa de Abiatar y no su sacerdocio.

Tercero, note que 1 Samuel no da el nombre del sumo sacerdote cuando Ahimelec atendió a David. Samuel mencionó un sacerdote llamado Ahimelec, mientras que Cristo mencionó un sumo sacerdote llamado Abiatar. Estos fueron dos diferentes oficios en la era mosaica.

¿Cuál de estas tres soluciones es correcta? Realmente, en la ausencia de más información, una respuesta definitiva parece imposible, sin embargo, todas las respuestas anteriores merecen crédito. Cualquiera es suficiente para responder las acusaciones de error. Más de un siglo atrás, el erudito respetable y conservador J.W. McGarvey comentó sobre este punto como sigue:

Nosotros no estamos obligados a mostrar la verdad de la hipótesis dada; sino solamente que ésta puede ser verdadera. Si esta es posible en absoluto, entonces es posible que no exista contradicción; si esta es probable, entonces es probable que no exista contradicción... Como también, cuando existe una apariencia de contradicción entre dos escritores, la justicia ordinaria requiere que antes que declaremos a uno o a ambos como falsos, nosotros deberíamos agotar nuestro ingenio al buscar una suposición probable sobre el fundamento de que ambos puedan ser verdaderos. Cuanto mayor es la reputación general de los escritores, mayor es la obligación imperativa de esto, a fin de no condenar como falsos a aquellos que tienen el derecho de consideración respetuosa (1886, parte 2, p. 32).

Otra vez, el apologista no tiene que saber la solución exacta de una presunta contradicción; él necesita mostrar solamente una o más posibilidades de armonización. Nosotros actuamos por este principio en la sala de justicia, en nuestro trato de varios libros históricos, como también en las situaciones de cada día. Es entonces justo que mostremos a la Biblia la misma cortesía al agotar la búsqueda de armonía posible entre los pasajes antes de declarar a uno o a ambos relatos como falsos.

¿Qué es una Contradicción?

Uno de los problemas principales en la controversia acerca de las presuntas contradicciones es que la mayoría de gente no entiende lo que constituye una contradicción genuina. El noventa y nueve por ciento de todas las presuntas contradicciones pudiera ser probablemente resuelto al reconocer simplemente el significado real de la palabra contradicción. ¿Qué es una contradicción? En su forma más breve, la Ley de la Contradicción, como es declarada por W. Stanley Jevons en Elementary Lessons in Logic (Lecciones Elementales en Lógica), dice: “Nada puede ser y no puede ser” (1928, p. 117). El famoso filósofo griego Aristóteles amplificó esta definición al sugerir que existen tres áreas a las cuales esta máxima es aplicada. Él declaró: “El hecho de que la misma cosa al mismo tiempo pueda ser tanto como no pueda ser para la misma persona en el mismo respecto es imposible” (vea Arndt, 1955, p. x). Aunque esta definición pueda parecer un poco complicada a primera vista, ésta realmente es muy elemental. Por ejemplo, una puerta puede estar abierta, o una puerta puede estar cerrada, pero la misma puerta no puede estar tanto abierta como cerrada a la misma vez. Con referencia a la puerta, las palabras “cerrada” y “abierta” son opuestas, pero no son contradictorias a menos que describan al mismo objeto al mismo tiempo. Por tanto es muy importante que uno reconozca que los antónimos o diferencias no exigen una contradicción. Para que haya una contradicción auténtica, uno debe estar refiriéndose a la misma cosa o persona en el mismo sentido y en el mismo tiempo.

Suponga que alguien diga, “Carlos Antonio es rico”, y “Carlos Antonio es pobre”. ¿Se contradicen estos enunciados? No necesariamente. ¿Cómo sabe que el mismo Carlos Antonio está bajo consideración en ambos enunciados? Puede ser que Carlos Antonio en Florida sea rico, pero que Carlos Antonio en California sea pobre. La misma persona o cosa debe estar bajo consideración.

Además, el mismo periodo de tiempo debe estar bajo consideración. Carlos Antonio pudo haber hecho una fortuna a comienzos de sus treinta años como un asesor de negocios y haber sido rico, pero después de una terrible caída del mercado de valores, él pudo haber perdido todo lo que poseía. En un tiempo, él era rico, pero ahora es pobre. Los dos enunciados pueden haber estado describiendo exactamente su vida al tiempo en el cual fueron hechos.

También, los enunciados deben ser dichos en el mismo sentido. Carlos Antonio pudiera tener más dinero que cualquier otra persona en el mundo entero, pero si él no está siguiendo a Dios, entonces él es pobre. Por otra parte, él pudiera no tener absolutamente nada de dinero, pero ser rico en bendiciones espirituales. Después de todo, “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe” (Santiago 2:5)? El responder estas tres preguntas ayuda grandemente a resolver la controversia de la contradicción.

Estos ejemplos revelan que una simple diferencia no hace una contradicción. El hecho de que una cosa sea y no sea para la misma persona o cosa en el mismo sentido y al mismo tiempo es una contradicción. Pero, si no puede demostrarse que estas tres cosas son las mismas, entonces uno no puede decir honestamente que existe una contradicción. Nunca es legítimo suponer una contradicción hasta que todo medio posible de armonización haya sido agotado.

Considere cómo el entendimiento adecuado de lo que es una contradicción puede ayudar a resolver los presuntos pasajes contradictorios de la Escritura.

La Misma Persona o Cosa

El libro de Hechos registra la muerte de Jacobo en el capítulo 12, mientras que después (Hechos 15), Jacobo es destacado en la reunión en Jerusalén. ¿Es esta una contradicción? Absolutamente no. El Jacobo asesinado en Hechos 12 era el hermano de Juan (vs. 2), el hijo de Zebedeo (Mateo 4:21), mientras que el Jacobo de Hechos 15 era el medio-hermano de Jesús (Mateo 13:55; Hechos 12:17; 15:13; Gálatas 1:19).

Un incrédulo una vez sugirió que había descubierto una “contradicción” en la Biblia. Él señaló que ya que el arca de Noé (descrito en Génesis 6) era de 300 codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de alto (o 450 pies x 75 pies x 45 pies) y hubiera pesado varias toneladas cuando estaba lleno completamente, ¡fuera ridículo creer que los sacerdotes lo pudieran haber cargado a través del Río Jordán como es descrito en Josué 3! ¿Imposible, verdad? ¿Una contradicción muy clara? La incapacidad del crítico por distinguir entre el arca de Noé y el arca del pacto hacía a la respuesta de su argumento un asunto sencillo incluso para el estudiante de la Biblia más básico. Obviamente, objetos diferentes estaban bajo consideración. Los sacerdotes cargaron el arca del pacto—no el arca de Noé (cf. Génesis 6:14-16; Éxodo 25:10-15). Es crucialmente importante asegurarse primero que las diferencias entre dos o más pasajes no sean el resultado de que gente o cosas diferentes sean tratadas.

La Referencia al Mismo Tiempo

Algún tiempo atrás, visité un sitio Web de un escéptico en el cual él indicaba que Génesis 1:31 y Génesis 6:5,6 eran contradictorios. Supuestamente, se evidencia una discrepancia ya que en Génesis 1 la Biblia registra: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”, y luego Génesis 6 dice, “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”. El Señor no pudo estar tanto satisfecho e insatisfecho con Su creación, ¿o podía? Él ciertamente podía—si los enunciados no estuvieran refiriéndose al mismo tiempo. Y justamente los eventos, aunque solamente cinco capítulos aparte en la Biblia, están separados por cientos de años, hablando cronológicamente.

Otro escéptico acusó a la Biblia de cometer un error después de comparar Génesis 6:9 con Génesis 9:21. En el primer versículo, Noé es descrito como siendo “...un varón justo...perfecto en sus generaciones”. En el segundo pasaje, la embriaguez de Noé es descrita. ¿Cómo pudo Noé haber sido un “varón justo”, mientras que también era un borracho? La misma persona está bajo consideración en ambos pasajes. El problema con esta línea de razonamiento es que los dos versículos están separados por más de cien años. Además, uno también estaría equivocado al concluir por Génesis 9 que Noé era un borracho. Él pudo haber continuado “caminando con Dios” por toda su vida, a pesar de sus luchas con el pecado (cf. Hebreos 11:7,13).

El Mismo Sentido

Si todo libro debe ser entendido correctamente, es imprescindible que se de el reconocimiento a los diferentes sentidos en los cuales las palabras pueden ser empleadas. Normalmente, los términos son usados literalmente, pero estos pueden también ser empleados figurativamente. En ocasiones, dos o más pasajes bíblicos pueden parecer estar en conflicto porque emplean lenguaje en una manera diferente. Tal es el caso de Hebreos 11:17: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito”. Cuando este versículo es comparado a la historia de Abraham como es registrada en el libro de Génesis, nosotros inmediatamente notamos que Isaac no fue el “unigénito” de Abraham. De hecho, nosotros leemos que Abraham engendró de Agar a Ismael (Génesis 16:16) más de una década antes del nacimiento de Isaac. Y más tarde en su vida, Abraham tomó a Cetura como esposa, con la cual engendró a lo menos seis hijos más (Génesis 25:1,2). ¿Cómo se puede decir que Isaac fue el “unigénito” de Abraham?

La respuesta al problema es muy sencilla. El término “unigénito” es usado por el escritor de Hebreos para indicar algo más que el número de los hijos de Abraham. Este es usado en un sentido diferente. En el texto griego de Hebreos 11:17, la palabra traducida como “unigénito” es monogenes. Aunque esta palabra a menudo es usada para referirse a un único hijo, ésta no estaba limitada a tal uso. El historiador judío Josefo usó la palabra monogenes para referirse a un hombre llamado Izates que tenía un hermano mayor y varios hermanos menores (20.2.1). El léxico muy popular griego-inglés de Arndt, Gingrich, y Danker explica que la palabra puede ser usada para denotar lo que es “singular (en clase) de algo que es el único ejemplo de su categoría” (1979, p. 527). Este significado calza perfectamente en Hebreos 11, donde el escritor está explicando que Abraham ofrecía su “unigénito”. Abraham no tenía otro hijo que calzara en la categoría de ser prometido por Dios. Isaac fue el único “ejemplo de una categoría”, siendo esa categoría un hijo que fuera prometido a Abraham y a Sara. Aunque Abraham tuvo muchos otros hijos, con otras mujeres, él no tenía otro hijo de la promesa. Isaac fue su único hijo, el único de la promesa: el “monogenes”.

La Suplementación No Equivale a Contradicción

Otro principio de sentido-común que es útil al abordar supuestas contradicciones incluye el entendimiento de la suplementación. Suponga que usted está contando acerca de la vez que usted y un amigo fueron a ver el juego de béisbol de los Bravos de Atlanta. Usted menciona la gran defensa que los Bravos dirigieron, y su amigo cuenta acerca del gran ataque al tiempo final del juego. ¿Existe una contradicción solo porque él menciona la ofensiva mientras que usted menciona la defensiva? No. Él simplemente está añadiendo (o suplementando) a su historia para hacerla más completa. Eso pasa en la Biblia muy a menudo.

Como un ejemplo, en Mateo 14:21 la Biblia dice que Jesús alimentó alrededor de cinco mil hombres, y que él también alimentó a mujeres y niños. Aunque Marcos 6:44 dice que Él alimentó alrededor de cinco mil hombres. Marcos nunca menciona las mujeres y los niños. ¿Existe una contradicción? Desde luego que no. ¿Alimentó Jesús alrededor de 5,000 hombres? Sí, y eso indica que Marcos estuvo en lo correcto. ¿Multiplicó Jesús los panes para aproximadamente 5,000 hombres, junto con algunas mujeres y niños? Sí, lo cual indica que Mateo también estuvo en lo correcto. El hecho de que un relato “añada” algunas cosas no significa que los relatos se contradigan el uno al otro.

Otra vez, Mateo 27:57-60 dice que José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús y lo colocó en su tumba, aunque Juan 19:38-40 dice que Nicodemo y José pusieron el cuerpo en la tumba. ¿Se contradicen estas historias? ¡Ciertamente no! Si un texto dijera solamente José lo hizo o solamente Nicodemo lo hizo, entonces pudiera existir una contradicción. En realidad, Juan simplemente “añade” algunos factores a la historia. Los relatos suplementarios no son contradictorios.

Mire Quién Habla

Otro principio que debe ser recordado cuando se lidia con varios pasajes bíblicos es que la Biblia contiene numerosos enunciados no-inspirados. Aunque “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16), no todo lo que los escritores inspirados registraron fueron enunciados verdaderos. Por ejemplo, después que Dios creó a Adán, Él le dijo que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal para que no muriera (Génesis 2:17). Aunque, cuando la serpiente se acercó a Eva, le “informó” que ella no moriría si es que comía del fruto prohibido (3:4). Obviamente, Satanás no fue inspirado por Dios al decir, “No moriréis”. De hecho, como aprendemos después, el hombre realmente murió (Juan 8:44). Sin embargo, cuando Moisés registró los eventos que tomaron lugar en Edén cientos de años después, él escribió por inspiración de Dios (cf. Lucas 24:44; Juan 5:46). Cuando Jesús sanó a un endemoniado, algunos de los fariseos le acusaron de echar fuera demonios, no por el poder de Dios, sino por el poder de “Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mateo 12:24). Como Moisés, Mateo no escribió una mentira, sino simplemente reportó una mentira. De ninguna manera los escritores de la Biblia son responsables por los enunciados inexactos que son registrados en estos pasajes. Sea que los enunciados sean verdaderos o falso s, ellos los reportaron exactamente.

Los ejemplos anteriores son bastante básicos: el enunciado de Satanás y las acusaciones de los fariseos fueron claramente falsos. Pero ¿qué pasa cuando los enunciados son hechos por individuos que no parecen ser “tan malos” como estos? Una vez leí un artículo de un hombre que estaba defendiendo una doctrina al citar varios versículos del libro de Job. El problema era que estos versículos contradecían flagrantemente otros pasajes de la Biblia. Este hombre se estaba equivocando en su entendimiento del texto bíblico ya que él nunca tomó en consideración una de las reglas fundamentales de interpretación—saber quién está hablando; él simplemente citó todos los enunciados como verdaderos. Por ejemplo, nosotros sabemos que la esposa de Job estuvo equivocada cuando ella le dijo que maldijera a Dios y muriera (Job 2:9). Nosotros también sabemos que muchos enunciados hechos por Elifaz, Bildad, y Zofar fueron incorrectos. Nueve de los 42 capítulos en el libro fueron discursos de estos “consoladores molestos” (16:2) a quienes Dios dijo que no habían hablado lo recto como lo hizo Job (42:7). Claramente, entonces, uno nunca debería citar a estos hombres y clamar sus enunciados como verdades inspiradas (desde luego, a menos que un hombre inspirado verificara el enunciado como verdadero—cf. 1 Corintios 3:19).

La Regla de Oro

Una regla final para tener en cuenta cuando se interpreta pasajes supuestamente contradictorios es que necesitamos ser tan justos con la Biblia como deseamos que otros lo sean con nosotros. Suponga que usted menciona a un amigo en el trabajo que usted se despertó al levantarse el Sol. ¿Cómo se sentiría si su compañero de trabajo respondiera diciendo, “Usted es un retrazado mental. ¡El Sol no se levanta! ¡La Tierra es la que rota sobre su eje!”? Sin duda, usted pensaría que esta persona tiene algunos problemas serios, ya que es conocimiento común que el Sol no se levanta literalmente en el este; sin embargo, la gente no tiene problema en entender el significado real de este comentario. Nosotros llamamos a esto lenguaje “fenomenal”—lenguaje que es usado en las conversaciones diarias para referirse a un fenómeno ordinario. En ocasiones, la Biblia también usa lenguaje fenomenal. En Salmos 50:1, el escritor describe al Sol como levantándose, y en 1 Corintios 15:6 Pablo describió a algunos de los cristianos que habían muerto como los que “duermen”. Nadie nos acusaría de cometer un error científico cuando decimos que el Sol se levanta, o que una persona muerta está “descansando”. De la misma manera, la Biblia no debería ser acusada de contener errores simplemente porque usa el mismo tipo de lenguaje. Por tanto, recuerde, la Biblia regularmente describe cosas como parecen, y no en términos científicos—justo como usted lo hace en conversaciones casuales.

CONCLUSIÓN

Al recordar estos nueve principios de interpretación, una persona estará equipada con las herramientas para responder incluso las preguntas más difíciles concernientes a las supuestas contradicciones de la Biblia. Sin embargo, cuando la lógica, la imparcialidad, y estos nueve principios son ignorados, es posible que algunos puedan concluir (desinformadamente) que ellos tienen una contradicción bíblica legítima en sus manos.

REFERENCIAS

Arndt, William (1955), Does the Bible Contradict Itself? (St. Louis, MO: Concordia).

Arndt, William, F.W. Gingrich, y Frederick Danker (1979), A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago, IL: University of Chicago Press).

Barker, Dan (1992), Losing Faith in Faith (Madison, WI: Freedom From Religion Foundation, Inc.).

Brown, Andrew (1999), The Darwin Wars (New York: Simon and Schuster).

Gaussen, L. (1949), The Inspiration of the Holy Scriptures, trans. David D. Scott (Chicago, IL: Moody).

Greenleaf, Simon (1995), The Testimony of the Evangelists (Grand Rapids, MI: Kregel Classics).

Jevons, W. Stanley (1928), Elementary Lessons in Logic (London: MacMillan).

McGarvey, J.W. (1886), Evidences of Christianity (Cincannity, OH: Standard).

McKinsey, C. Dennis (1995), The Encyclopedia of Biblical Errancy (Amherst, NY: Prometheus).

Paine, Thomas (1795), Age of Reason (New York: Knickerbocker Press, 1924 reprint).

Thiede, Carsten Peter and Matthew D’Ancona (1996), Eyewitness to Jesus (New York: Doubleday).

Wells, Steve (2001), Skeptic’s Annotated Bible [En-línea], URL: http://www.Skepticsannotatedbible.com.



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