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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

Ataque del Modernismo en Contra de los Milagros Bíblicos
por Wayne Jackson, M.A.

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INTRODUCCIÓN

La intención de los milagros en los tiempos bíblicos fue el establecer como verdad la reclamación y/o el mensaje del que demostraba el poder sobrenatural. Al comienzo de Su ministerio, Jesús realizó milagros para confirmar Sus afirmaciones de que el reino de Dios estaba cerca. Luego, Su reclamación de ser el Hijo de Dios fue demostrada como fidedigna por las señales que hizo (Juan 5:19-29). Cuando los apóstoles proclamaron que Jesús era el Mesías prometido, su mensaje fue verificado por las obras poderosas que demostraron (vea McGarvey, 1910, pp. 353 et.seq.). Por tanto, cualquier ataque en contra de los milagros del Nuevo Testamento es un ataque en contra de las reclamaciones y autoridad de Cristo mismo. El liberal que rechaza los milagros bíblicos asimismo rechaza al Salvador.

EL ENFOQUE MODERNISTA DE LOS MILAGROS

El modernista rechaza los milagros sobre la suposición de que estos no son científicos. El fallecido profesor J. Gresham Machen, un erudito conservador que enseñó en el Seminario Teológico en Princeton, describió este asunto en la manera siguiente:

Se dice que la ciencia está fundada sobre la regularidad de secuencias: esta supone que si ciertas condiciones dentro del curso de la naturaleza son dadas, otras condiciones siempre las seguirán. Pero si debe haber alguna intrusión de eventos, lo cual por su misma definición son independientes de todas las condiciones previas, entonces, se dice que, la regularidad de la naturaleza sobre la cual la ciencia se basa es quebrantada. El milagro, en otras palabras, parece introducir un elemento de arbitrariedad e incomprensibilidad dentro del curso del mundo (1923, p. 101).

Desde luego, el cristiano niega que los milagros sean arbitrarios. Estos no son intrusiones en la naturaleza. La naturaleza, realmente y necesariamente, procede de acuerdo a una serie de leyes naturales. Además, estas leyes indican un Dador de la ley. No existe nada en absoluto que sea irrazonable acerca de concluir que el Dador de la ley pueda, consistentemente con Sus propósitos propios, suspender las leyes naturales y/o someterlas a las condiciones de leyes superiores. El profesor G.H. Clark expresó este punto muy bien:

Cuando...uno adopta el enfoque del mundo como la creación de Dios, y cuando Dios es considerado como un Ser personal viviente y activo, lo apropiado de los milagros depende en los propósitos de Dios. En tal punto de vista teísta del mundo, donde Dios desea tener alguna conversación con la humanidad, el suceso de los milagros no es más una anomalía (1975, 4:249).

Es la ambición del modernista el debilitar los eventos sobrenaturales de la Biblia de su naturaleza milagrosa. Rudolf Bultmann, quien fue escéptico de la fiabilidad histórica de los relatos del Evangelio, describió el proceso “desmitologiar” el Nuevo Testamento. Lo que él propuso hacer fue separar la paja de “mito” de la realidad de la verdad en los documentos del Nuevo Testamento. Desde luego, lo que realmente pasó es que estos incrédulos teológicos simplemente filtraron la Biblia a través de sus propias mentes parciales, aceptando lo que ellos consideraron ser consistente con la “ciencia” moderna y rechazando todo lo demás. La evidencia histórica es lanzada al viento.

No obstante, los ataques modernistas en contra de los elementos milagrosos del Nuevo Testamento a menudo agravan la credulidad del estudiante curioso mucho más de lo que lo hace una simple fe en el poder sobrenatural de Dios Todopoderoso. Mientras citamos un solo ejemplo del enfoque liberal de uno de los milagros de Cristo, llegará a ser aparente que tan lejos tales puntos de vista se apartan del dato inspirado disponible.

EL ENFOQUE LIBERAL

Cada una de las narraciones del Evangelio contiene el relato de la alimentación milagrosa de una gran multitud cuando el Señor enseñó cerca de la ciudad de Betsaida en la orilla noroeste del Mar de Galilea (cf. Mateo 14:13-21; Marcos 6:32-44; Lucas 9:10-17; Juan 6:1-14). Al oír de la muerte de Juan el bautista, el Salvador salió en un bote a un lugar solitario. Las multitudes anticiparon Su destino, y le buscaron con prisa. Cristo fue movido a compasión; Él les enseñó y sanó sus enfermedades durante el día. Los doce discípulos urgieron al Maestro a enviar a las multitudes fuera del lugar desierto, para que así ellos pudieran obtener comida y alojamiento en los pueblos cercanos. El Señor, aunque recibió de un niño cinco panes de cebada y dos peces, a continuación alimentó a cinco mil hombres (en adición a mujeres y a niños) hasta que estuvieran satisfechos completamente. Luego, doce cestas llenas de sobras fueron recogidas.

Un ejemplo clásico del enfoque liberal de los milagros es visto en la evaluación del fallecido William Barclay de este incidente. Barclay, ex profesor de criticismo bíblico y teológico en la Universidad de Glasgow, escribió:

Existen tres maneras en las cuales podemos mirar este milagro.

(i) Nosotros podemos mirarlo como una simple multiplicación de panes y peces. Eso sería muy difícil de entender; y esto sería algo que pasó una vez y que nunca en este mundo se repitió; pero si lo consideramos de esa manera, entonces debemos estar contentos, pero no vamos a ser también críticos y condenatorios de alguien que siente que debe buscar otra manera. [En otras palabras, sea tolerante del enfoque liberal, el cual lo rechaza como un milagro—WJ].

(ii) Mucha gente ha visto en este milagro un sacramento. Ellos han sentido que quienes estuvieron presentes recibieron solamente la pizca más pequeña de comida, pero que con esa comida fueron fortalecidos para su viaje y estuvieron contentos. Ellos han sentido que esto no fue una comida donde la gente se sentó y saciaron su apetito físico; sino que fue una donde ellos comieron la comida espiritual de Cristo...

(iii) Existen aquellos que han visto en este milagro algo que es perfectamente natural, y aunque en otro sentido es un milagro real, y que en cualquier sentido es muy precioso. [¿No le gusta la manera en cómo los modernistas hablan de la “naturalidad” de lo sobrenatural? Llega a ser cada vez más obvio que el uso de Barclay del término “milagro” no es consistente en absoluto con el uso bíblico—WJ]. Imagine la escena. La multitud está presente; es tarde; y ellos están hambrientos. Pero ¿sería posible realmente que la vasta mayoría de la multitud partiera al otro lado del lago sin ninguna comida en absoluto? ¿No tomarían algo con ellos, aunque sea pequeño? Ahora era de noche y estaban hambrientos. Pero ellos también eran egoístas. Y nadie sacaría lo que tenía a menos que tuviera que compartirlo y él mismo no tuviera suficiente. En vez de compartir sus provisiones insuficientes ellos las mantuvieron en sus bolsas. Luego Jesús tomó la iniciativa. Como Él y Sus discípulos tenían, Él comenzó a compartir con una bendición y una invitación y una sonrisa. Y acto seguido todos comenzaron a compartir, y antes que se dieran cuenta qué estaba pasando, hubo suficiente y más que suficiente para todos (1956, 2:113-114).

En una muestra flagrante de incredulidad, Barclay ha devastado brutalmente el registro del Nuevo Testamento. Aquellos que creen en la fiabilidad de los relatos del Nuevo Testamento no tienen dificultad en absoluto de considerar el evento como una multiplicación sobrenatural de panes y peces—i.e., un milagro real. Tal punto de vista es más fácil de armonizar con las narraciones del Evangelio que las alternativas fantásticas sugeridas por Barclay. Vamos a analizar cuidadosamente sus dos teorías sustitutas a la luz de los registros bíblicos.

La Teoría de la “Pizca”

El punto de vista curioso de que cada persona en esta multitud recibió solamente una pizca “sacramental” está remarcablemente en desacuerdo con los hechos registrados. Considere los detalles siguientes como registrados en los relatos del Evangelio. (a) La multitud fue inmensamente grande; ya que los hombres solo eran 5,000, la multitud de hombres, mujeres, y niños hubiera sido considerablemente mayor. (b) Según el registro divino (y eso es todo lo que tenemos para continuar), una cantidad diminuta de comida fue la fuente de esta cena abundante; esto era la comida pequeña de un niño pequeño. [NOTA: En el Testamento griego, tanto “peces” y “muchacho” son diminutivos, lo cual significa un muchacho pequeño con su comida pequeña]. (c) Aunque remarcablemente, se dice que la multitud completa fue “saciada”. “Saciada” viene del griego empiplemi, que significa “llenar, satisfacer”. (d) Felipe, uno de los apóstoles del Señor, se había quejado de que doscientos denarios (alrededor del sueldo de 6 meses) no hubiera sido suficiente como para comprar bastante comida para tal multitud grande, incluso si cada uno tomara solamente un “poquito” (Juan 6:7). Parece casi como si el Espíritu Santo anticipara el argumento de la “pizca”. (e) Además, sobraron doce cestas llenas—¡más que la cantidad inicial! La teoría de la “pizca sacramental”, por tanto, simplemente no calza en la información del Nuevo Testamento.

La Teoría del “Egoísmo”

En todo caso, esta posición es incluso más increíble que la primera. Se sugiere que, en realidad, la gente tenía comida pero la había ocultado. Ellos eran egoístas. Qué suposición infundada y acusación injustificada en contra de estos amigos del primer siglo. En respuesta, considere lo siguiente. (a) Los discípulos, quienes estaban en una mejor posición que los escépticos modernos como para saber que pasó, dijeron, “no tienen que comer” (Marcos 6:36). (b) Las Escrituras específicamente indican que muchos en la multitud habían dejado sus pueblos a prisa (Marcos 6:33), y probablemente, por consiguiente, sin el tiempo necesario para la preparación de comida. (c) Es difícil ver cómo la distribución de la comida de un pequeño niño pudiera haber sido de prominencia suficiente como para precipitar un compartimiento entre los miles presentes, quienes, según Barclay, estuvieron en el fondo inclinados al egoísmo. (d) Finalmente, existen esas doce cestas llenas que son inexplicables. El compartir nunca pudiera dar cuenta por eso.

CONCLUSIÓN

Ambas teorías anteriores, cuando consideradas cuidadosamente, son encontradas extremadamente escasas. Vamos a hacer hincapié otra vez—la fe en el poder de Dios no es más increíble que algunos de los enfoques racionalistas que están intencionados a subvertir las Escrituras.

REFERENCIAS

Barclay, William (1956), The Gospel of John (Philadelphia, PA: The Westminster Press), Volume 2.

Clark, G.H. (1975), “Miracles,” The Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible, ed. Merrill C. Tenney (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Machen, J. Gresham (1923), Christianity and Liberalism (Philadelphia, PA: The Sunday School Times Co.).

McGarvey, J.W. (1910), Biblical Criticism (Cincinnati, OH: Standard).



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