English Version

Contenido

Ciencia y la Biblia

Creación vs. Evolución

Dardos Bíblicos

Temas Doctrinales

Temas Prácticos


Recursos

Cursos Autodidácticos

EBGlobal


Información acerca de:

Condiciones de Uso

Contactos

Derechos de Autor

Nosotros

Política de Privacidad


Apologetics Press :: Temas Doctrinales

En Defensa de... la Deidad de Cristo
por Wayne Jackson, M.A., y Bert Thompson, Ph.D.
[English]
Versión Imprimible | Enviar este artículo

INTRODUCCIÓN

El martes, anterior a la crucifixión del Señor del siguiente viernes, Jesús se comprometió en una discusión con los fariseos, los cuales le odiaban amargamente. Cuando Mateo registró la escena, primero comentó de una discusión que el Señor tuvo con los saduceos: “Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron en una” (22:34). Jesús—con una lógica penetrante y un conocimiento incomparable de las Escrituras del Antiguo Testamento—había derrotado a los saduceos completamente. Sin duda los fariseos pensaron que podían hacerlo mejor, aunque ellos estaban próximos a enfrentar el mismo trato vergonzoso. En medio de Su discurso con los fariseos, Jesús preguntó: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?” (Mateo 22:42). Ellos no pudieron contestar las preguntas satisfactoriamente ya que su hipocresía les impedía comprender tanto la naturaleza de Jesús y Su misión. Sin embargo, las preguntas que el Señor hizo ese día son algunas que cada persona racional y sensata debe responder, y que tuvieron la intención de plantear el tema de la deidad de Cristo. Las respuestas—si la miopía espiritual de los fariseos no les hubiera impedido el responder correctamente—tenían la intención de confirmarla. Hoy en día, estas preguntas todavía plantean el espectro de la identidad de Cristo. ¿Es Él, como clamó ser, el Hijo de Dios? ¿Fue Él, como muchos en Su entorno clamaron, Dios encarnado? ¿Es Él, como la palabra “deidad” implica, de naturaleza y rango divino?

CRISTO COMO HOMBRE

Las Escrituras enseñan que Jesús poseyó dos naturalezas—divina y humana. Como un Ser eterno (Isaías 9:6; Miqueas 5:2; Juan 1:1 et.seq.), Él fue Dios; sin embargo, Él se hizo hombre (1 Timoteo 2:5), hecho a la semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3), aunque sin pecado (Hebreos 4:15). Isaías observó que el Cristo sería un “varón de dolores, experimentado en quebranto” Quien subiría “como renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca” (Isaías 53:2,3). Como humano, los profetas habían dicho que Cristo tenía que ser simiente de la mujer (Génesis 3:15), y descendiente de Abraham, Isaac, Jacob y David. El Nuevo Testamento confirma que Él nació de una mujer (Gálatas 4:4) quien fue virgen (Mateo 1:23), y que Él fue descendiente de Abraham, Isaac, Jacob y David (Mateo 1:1 et.seq.). El apóstol Juan declaró que Él se había hecho carne y que había habitado entre los hombres (Juan 1:14). Pablo escribió que Cristo fue “revelado en apariencia como de hombre” (Filipenses 2:7,8). Escribiendo como un médico, Lucas dijo que Cristo “crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Él aprendió (Hebreos 5:8). Él experimentó el hambre (Mateo 4:2), sed (Juan 19:28), cansancio (Juan 4:16), enojo (Marcos 3:5), frustración (Marcos 9:19), gozo (Juan 15:11), tristeza (Juan 11:35), y dolor (Lucas 19:41; Hebreos 5:7). Él fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Pero lo más significante, Él pudo morir (Marcos 15:44). En cada respecto, Él fue tanto humano como usted y yo, que es la razón por la cual pudo, y lo hizo, referirse a Sí mismo como el “Hijo del Hombre” (Mateo 1:20; 9:6; et.al).

Pero el impacto que tuvo en el mundo no fue debido a Su apariencia física. De hecho, Isaías predijo que Él “no tendría parecido, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2). Mejor dicho, fue Su naturaleza y Su carácter que le hicieron tan intrigante, tan dominante de figura, tan digno de honor, respeto, y alabanza. Aquí vemos a un hombre—pero no un simple hombre, ya que Él es el único hombre alguna vez nacido de una virgen (Isaías 7:14; Mateo 1:18), y a quien los profetas inspirados osaron aplicar el reverenciable nombre de “Jehová” (Isaías 40:3).

¿Por qué las Escrituras ponen importancia en la naturaleza humana de Cristo? Wayne Jackson ha sugerido:

Si Jesús no hubiera llegado a ser un hombre, Él no pudiera haber muerto. La deidad, como pura esencia-espiritual, posee inmortalidad (1 Timoteo 6:16—la palabra griega denota separación de la muerte). El escritor de los Hebreos hace maravillosamente evidente que Cristo participó de “carne y sangre” para que “por medio de la muerte destruir al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Si Cristo no hubiera muerto, no hubiera habido expiación, ni perdón de pecados—¡la familia humana hubiera estado sin esperanza y perdida por siempre! Gracias Dios por la humanidad de Cristo (Jackson, 1979, p. 66, énfasis en original).

CRISTO COMO DIOS

No obstante, las Escrituras no hablan de Cristo como solamente un hombre. Estas también reconocen Su naturaleza divina. En la mayoría de sus hechos, “Jehová” es aplicado a la primera persona de la divinidad (i.e., al Padre—Mateo 28:19). Por ejemplo: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmos 110:1). Jesús luego explicó que ese verso proyectaba al Padre dirigiéndose a Cristo (Lucas 20:42). Sin embargo, el nombre de Jehová es también usado en ocasiones para referirse a Cristo. Por ejemplo, Isaías profetizó acerca de la misión de Juan el Bautista: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios” (Isaías 40:3; cf. Mateo 3:3; Marcos 1:3; Lucas 3:4). Juan fue enviado para preparar el camino para Jesucristo (Juan 1:29-34). Pero Isaías dijo que Juan prepararía el camino de Jehová. Claramente, Jesús y Jehová son lo mismo.

El escritor de Hebreos citó al Padre dirigiéndose al Hijo en esta manera: “Y: Tú, oh Señor [Jehová—Salmos 102:25], en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (Hebreos 1:10). Como un escritor observó: “Este versículo no solamente aplica la palabra ‘Jehová’ a Jesús, pero atribuye la cita a la boca de Dios. Otra vez, Jesús y Jehová son usados sinónimamente en estos versículos” (Bromling, 1991 a, 3[2]:3, énfasis en original). Además Jesús habló y actuó como Dios. Él afirmó que era “uno” con el Padre (Juan 10:30). Él perdonó pecados—una prerrogativa de Dios solamente (Marcos 2:5,7). Él aceptó la adoración de los hombres (Juan 9:38) que es derecho solamente de Dios (Mateo 4:10), y lo cual los ángeles buenos (Apocalipsis 22:8,9) y hombres buenos (Mateo 4:10) rechazan.

En adición a esto, Jesús es llamado “Dios” muchas veces en el Nuevo Testamento. En Juan 1:1, con respecto a Él quien fue hecho carne, y habitó entre los hombres (1:14), la Biblia dice: “El Verbo era Dios”. Y en Juan 20:28, Tomás, siendo confrontado con la evidencia empírica de la resurrección de Cristo, proclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Significantemente y apropiadamente, Cristo aceptó la designación. Pasajes adicionales que revelan a Jesús como Dios incluyen Filipenses 2:5 et.seq., 2 Corintios 4:4, Colosenses 1:15, y muchos otros.

ELECCIONES CONCERNIENTES A LA DEIDAD DE CRISTO

Cuando Jesús fue puesto en juicio ante el Sanedrín, el sumo sacerdote judío preguntó: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”. A esa pregunta Cristo simplemente respondió, “Yo soy” (Marcos 14:62). En vista de la naturaleza exaltada de tal afirmación, su fundamento y su consecuencia, hay solamente tres opiniones posibles que uno puede considerar en referencia a la aseveración de Cristo de ser divino. (1) Él fue un mentiroso y estafador; (2) Él fue un loco; o (3) Él fue exactamente Quien dijo que era.

En su texto, Evidence that Demands a Verdict (Evidencia que Exige un Veredicto), Josh McDowell tituló un capítulo: “El Trilema—¿Señor, Falsario, o Lunático?”. Su propósito fue señalar, considerando la naturaleza grandiosa de la aseveración de Cristo, que Él fue bien un mentiroso, lunático, o el Señor. McDowell introdujo su capítulo sobre la deidad de Cristo con una cita del famoso apologista británico de la Universidad de Cambridge, C.S. Lewis, quien escribió:

Aquí estoy tratando de prevenir a cualquiera de decir la realmente imprudente cosa que la gente a menudo dice de Él: “Yo estoy listo para aceptar a Jesús como un gran maestro de moral, pero no acepto su aseveración de ser Dios”. Eso es lo que no debemos decir. Un hombre que fue simplemente un hombre y dijo las clases de cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro de moral. Él sería o un lunático—al nivel del hombre que dice que es un huevo hervido—o de otro que sería el Diablo del Infierno. Usted debe hacer su elección. O este hombre fue, y es, el Hijo de Dios: o un loco o alguien peor. Usted puede catalogarlo como un tonto, escupirlo o matarlo como un demonio; o puede caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no vamos a salir con alguna tontería patrocinadora de que Él es un gran maestro humano. Él no ha dejado esa puerta abierta para nosotros. Esa no fue su intención (1952, pp. 40-41).

¿Fue Cristo un Mentiroso?

¿Fue Cristo un mentiroso? ¿Un charlatán? ¿Un “manipulador mesiánico”? Hugo J. Schonfield, en The Passover Plot (El Complot de la Pascua), afirmó que Él era la totalidad de los tres. Él sugirió que Jesús manipuló Su vida en tal manera como para falsificar los eventos descritos en las profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías. A veces, esto requería “arreglar los eventos cuando fuera necesario, contendiendo con amigos y enemigos para asegurar que las predicciones sean cumplidas” (1965, p. 7). Schonfield acusó que Jesús “tramó y planeó con la máxima destreza e ingeniosidad, algunas veces haciendo arreglos secretos, tomando ventaja de cada circunstancia propicia para el logro de sus objetivos (p.155). Él además aseveró que Jesús incluso planeó fingir Su propia muerte en la cruz. No obstante, desafortunadamente Jesús no había planeado que un soldado romano traspasara Su costado con una lanza. Por consiguiente, en vez de recuperarse de Su estupor, Jesús murió inesperadamente. En la noche del sábado, Su cuerpo fue llevado a un lugar secreto para que Su tumba fuera vaciada al próximo día, dejando así la impresión de Su resurrección y, simultáneamente, confirmando Su deidad (pp. 161,165). Pero debemos preguntarnos:

¿Suena verdadera esta reconstrucción de la vida de Cristo? Incluso si un charlatán podría seducir a unos pocos seguidores a creer que él había cumplido unas pocas profecías (si por coincidencia o por estratagema), ¿cómo podría posiblemente cumplir aquellas que estaban fuera de su control? ¿Cómo pudo un impostor haber planeado su precio de traición? ¿Cómo podía haber sabido que el dinero sería usado para adquirir el campo del alfarero (cf. Zacarías 11:13; Mateo 27:7)? ¿Cómo sabía que los hombres echarían suerte sobre sus ropas (cf. Salmos 22:17,18; Mateo 27:35,36)? No obstante, estas son solo pocas de las profecías sobre las cuales él no tendría control. Jesús cumplió cada una de estas (Bromling, 1991b, 11:47, énfasis en original).

Considerando la posibilidad de que Cristo fue simplemente un mentiroso realizado, el historiador bíblico Philip Schaff preguntó:

¿Cómo en el nombre de la lógica, el sentido común y la experiencia, podría un impostor—que es un hombre embustero, egoísta y depravado—haber inventado, y consistentemente conservado desde principio a fin, el carácter más puro y más noble conocido en la historia con el aire más perfecto de verdad y realidad? ¿Cómo pudo haber concebido y cumplido exitosamente un plan de beneficencia incomparable, magnitud moral y sublimidad, y haber sacrificado su propia vida por esto, ante los prejuicios más fuertes de su gente y época? (1913, pp. 94-95).

Además, se debe preguntar: ¿Qué hombre cuerdo estaría dispuesto a morir por algo que sabe que es realmente una total mentira? Como McDowell resumió el asunto: “Alguien que vivió como Jesús vivió, enseñó como Jesús enseñó, y murió como Jesús murió no pudo haber sido un mentiroso” (1972, p. 106).

¿Fue Cristo un Lunático?

¿Fue Cristo simplemente un lunático sicótico que sinceramente (aunque equivocándose) se vio a Sí mismo como Dios encarnado? Tal punto de vista raramente ha sido tomado en cuenta por alguien consciente de la vida y enseñanzas de Cristo. Schaff preguntó:

¿Está tal intelecto—claro como el cielo, vigorizante como el aire de la montaña, afilado y penetrante como la espada, absolutamente saludable y vigoroso, siempre listo y siempre auto-controlado—propenso a la ilusión falsa más grave y radical concerniente a su propio carácter y misión? ¡Imaginación absurda! (1913, pp. 97-98).

¿Presentaría un lunático un código ético/moral como el encontrado dentro del Sermón del Monte? ¿Enseñaría que deberíamos hacer por otros lo que quisiéramos que hagan por nosotros, que deberíamos orar por nuestros enemigos, o que deberíamos “dar la otra mejilla”—y luego fijar un ejemplo de cómo hacer exactamente eso, incluso hasta la muerte? ¡Nunca! Schaff ha escrito:

El auto-engaño en un asunto tan trascendental, y con un intelecto en todo aspecto tan claro y tan sólido, está igualmente fuera del asunto. ¿Cómo podría ser un entusiasta o un loco que nunca perdió el balance constante de Su mente, que cruzó serenamente sobre todos los problemas y persecuciones, como el sol encima de las nubes, que siempre retornó las respuestas más sabias a las preguntas tentadoras, que predijo calmadamente y deliberadamente Su muerte en la cruz, Su resurrección al tercer día, el derramamiento del Espíritu Santo, la fundación de la Iglesia, la destrucción de Jerusalén—predicciones que han sido literalmente cumplidas? Un personaje tan original, tan completo, tan uniformemente consistente, tan perfecto, tan humano y sin embargo, tan alto por encima de toda grandeza humana, no puede ser un fraude ni una ficción. El poeta, como ha sido bien dicho, sería en este caso más grande que el protagonista. Tomaría más que un Jesús para inventar un Jesús (1910, p.109).

¿Fue Cristo Divino?

Si Jesús no fue un mentiroso o lunático, entonces las preguntas que Jesús hizo a los fariseos permanecen: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es Hijo?”. ¿Fue Jesús quien clamó ser—Dios encarnado? La evidencia sugiere que Él lo fue.

EVIDENCIA PARA LA DEIDAD DE CRISTO

Marcos 10 registra un relato concerniente a un joven rico quien, al hablar a Cristo, le señaló como “Maestro bueno”. Al escuchar esta referencia, Jesús preguntó al hombre: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (10:18). ¿Estuvo Cristo sugiriendo que Su compatriota real estuvo equivocado, y que Él no era digno de ser llamado “bueno” (en el sentido de que en el fondo solo Dios merece tal designación)? No. De hecho, Cristo estaba sugiriendo que Él era digno de tal designación. Él quería que este hombre principal entendiera el significado del título que había usado. R.C. Foster parafraseó la respuesta de Jesús como sigue: “¿Sabes el significado de la palabra que me aplicas, y la cual usas tan libremente? No hay ninguno bueno salvo Dios; si tú aplicas ese término a mí, y entiendes lo que quieres decir, afirmas que Yo soy Dios” (1971, p. 1022). ¿Qué evidencia establece la deidad de Cristo? Entre otras cosas, ésta incluye el cumplimiento de Cristo de las profecías del Antiguo Testamento, Su confirmación de Su Hijato por medio de los milagros que hizo, Su crucifixión y resurrección subsiguiente, y Sus apariciones pos-resurrección.

Cumplimiento de las Profecías del A.T.

Los eruditos han documentado más de 300 profecías mesiánicas en el Antiguo Testamento (Lockyer, 1973, p. 21). Desde Génesis hasta Malaquías, la historia de Jesús es predicha en mínimo detalle. Los críticos de la Biblia que desean desaprobar la deidad de Cristo deben refutar la profecía realizada. Para lograr esto, uno tuviera que sostener que Jesús no cumplió las profecías genuinamente; sino que solamente fingió cumplirlas. Sin embargo, con más de 300 profecías respecto a Cristo—ninguna que puede ser descartada frívolamente—ésta es una tarea imposible.

¿Pudo Cristo haber cumplido 300+ declaraciones proféticas por casualidad? Peter Stoner y Robert Newman seleccionaron solamente ocho profecías específicas, y calcularon la probabilidad de un hombre cumpliendo todas estas. Su conclusión fue que 1 hombre en 1017 podría hacerlo (1971, p. 106). La probabilidad de que un hombre pudiera cumplir—por casualidad—todas las profecías relacionadas a Cristo y a Su ministerio sería prácticamente incalculable, y la idea de que un simple hombre lo hiciera así sería completamente absurda.

Ejecución de Milagros Genuinos

Cristo también sostuvo Su aseveración al realizar varios milagros. A través de la historia, Dios ha facultado a otra gente para hacer milagros. Pero mientras que sus milagros confirmaban que eran siervos de Dios, los milagros de Jesús tuvieron la intención de probar que Él es Dios (Juan 10:37,38; cf. Juan 20:30,31). Mientras que Juan el Bautista estaba en prisión, envió a sus seguidores para preguntar a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mateo 11:3). La respuesta de Jesús fue: “Id, y haced saber a Juan... Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:4,5). Más de setecientos años atrás, el profeta Isaías había predicho que aquellas mismas cosas serían hechas por el Mesías (Isaías 35:5,6; 61:1). Jesús no estaba diciendo simplemente: “Miren todas las cosas que estoy haciendo”. Él estuvo diciendo: “¡Estoy haciendo exactamente lo que se suponía que el que había de venir debía hacer!” (vea Bromling, 1995, 15:19).

Cuando Pedro se dirigió a la misma gente que había puesto a muerte a Jesús, él les recordó que la identidad única de Cristo había sido probada por las “maravillas, prodigios y señales que hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis” (Hechos 2:22). La palabra clave aquí es “como vosotros mismos sabéis”. Los judíos habían sido testigos de los milagros de Cristo en prácticamente cada día. Y, a diferencia de los seudo-milagros presuntamente realizados por “espiritualistas” de hoy en día, los milagros de Jesús fueron hazañas que realmente desafiaban la explicación naturalista. En presencia de muchos testigos, el Nazareno no solamente dio vista al ciego, sano leprosos, alimentó miles de un puñado de alimento, e hizo al cojo andar, sino ¡también calmó mares turbulentos y aún levantó a los muertos! Aunque no demasiado deseosos para admitirlo, los críticos de Jesús a menudo fueron enfrentados cara-a-cara con la verdad de que ninguno pudo hacer lo que Jesús hizo a menos que Dios estuviera con Él (Juan 3:2; vea también Juan 9).

La Resurrección y las Apariciones Pos-Resurrección

Probablemente el milagro más impresionante que envuelve a Jesús fue Su resurrección. En concordancia con la profecía del Antiguo Testamento, y exactamente como Él había prometido, Cristo se levantó de la tumba tres días después de Su crucifixión (Mateo 16:21; 27:63; 28:1-8). Su resurrección fue atestiguada por los soldados que habían sido señalados para hacer guardia en Su tumba—soldados que tuvieron que ser sobornados a cambiar su historia para prevenir a la gente el reconocer a su Mesías verdadero (Mateo 28:11-15). Es un asunto histórico que la tumba de Cristo estuvo vacía en aquel domingo casi 2,000 años atrás. Si Jesús no fue levantado de los muertos, ¿cómo Su tumba custodiada y sellada llegó a estar vacía?

El hecho de que Cristo había sido levantado de los muertos fue presenciado por muchas personas diferentes: los soldados que custodiaban Su tumba; la mujer que llegó temprano en la mañana para ungirle con especias; los once apóstoles; y más de otros 500 testigos (1 Corintios 15:4-8). Cuando ellos vieron a Jesús vivo y respirando—días después de Su muerte—ellos tuvieron prueba concreta de que Él fue Quien clamó ser. Aun Sus detractores no pudieron negar (exitosamente) el factor de la tumba vacía. Miles de gentes van anualmente a las tumbas de los fundadores de la religión budista y musulmana para brindar homenaje. Sin embargo, los cristianos no rinden homenaje a la tumba de Cristo—ya que ¡la tumba está vacía! Un Salvador muerto no es bueno. Para quienes aceptan, y actúan sobre la evidencia de la deidad de Cristo provista por la resurrección, la vida tiene significado rico y completo (vea el tratado de Pablo en 1 Corintios 15). Para quienes rechazan la resurrección de Cristo, la tumba vacía permanecerá por siempre como el misterio más grande de la eternidad, y uno que un día servirá como su juez silencioso.

CONCLUSIÓN

Jesús no tuvo entrenamiento formal (Juan 7:15) y no poseyó riqueza (Lucas 9:58; 2 Corintios 8:9). Aunque, a través de Sus enseñanzas, puso al mundo de cabeza (Hechos 17:6). Claramente, Él fue, y es, tanto el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios. Él vivió, y murió, para redimir a la humanidad caída. El se dio a Sí mismo por rescate (Mateo 20:28). Él es Dios, Quien precede, y permanecerá, por siempre (Filipenses 2:5-11).

REFERENCIAS

Bromling, Brad T. (1991a), “Jesus and Jehovah—An Undeniable Link,” Reasoning from Revelation, 3[2]:3, February.

Bromling Brad T. (1991b), “The Prophets’ Portrait of Christ,” Reason & Revelation, 11:45-47, December.

Bromling Brad T. (1995), “Jesus: Truly God and Truly Human,” Reason & Revelation, 15:17-20, March.

Foster, R.C. (1971), Studies in the Life of Christ (Grand Rapids, MI: Baker).

Jackson, Wayne (1979), “Isaiah 53: The Messiah,” Great Chapters of the Bible, ed. Thomas F. Eaves (Knoxville, TN: East Tennessee School of Preaching and Missions).

Lewis, C.S. (1952), Mere Christianity (New York: Macmillan).

Lockyer, Herbert (1973), All the Messianic Prophecies of the Bible (Grand Rapids, MI: Zondervan).

McDowell, Josh (1972), Evidence that Demands a Verdict (San Bernardino, CA: Campus Crusade for Christ).

Schaff, Philip (1910), History of the Christian Church (Gran Rapids, MI: Eerdmans).

Schaff, Philip (1913), The Person of Christ (New York: American Tract Society).

Schonfield, Hugh J. (1965), The Passover Plot (New York: Bantam).

Stoner, Peter W. and Robert C. Newman (1968), Science Speaks (Chicago, IL: Moody).



Derechos de autor © 2005 Apologetics Press, Inc. Todos los derechos están reservados.

Estamos complacidos de conceder permiso para que los artículos en la sección de "Temas Doctrinales" sean reproducidos en su totalidad, siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) Apologetics Press debe ser designada como la editorial original; (2) la página Web URL específica de Apologetics Press debe ser anotada; (3) el nombre del autor debe permanecer adjunto a los materiales; (4) cualquier referencia, notas al pie de página, o notas finales que acompañan al artículo deben ser incluidas a cualquier reproducción escrita del artículo; (5) las alteraciones de cualquier clase están estrictamente prohibidas (e.g., las fotografías, tablas, gráficos, citas, etc. deben ser reproducidos exactamente como aparecen en el original); (6) la adaptación del material escrito (e.g., publicar un artículo en varias partes) está permitida, siempre y cuando lo completo del material sea hecho disponible, sin editar, en una extensión de tiempo razonable; (7) los artículos, en totalidad o en parte, no deben ser ofrecidos en venta o incluidos en artículos para venta; y (8) los artículos no deben ser reproducidos en forma electrónica para exponerlos en páginas Web (aunque los enlaces a los artículos en la página Web de Apologetics Press están permitidos).

Para catálogos, muestras, o información adicional, contacte:

Apologetics Press
230 Landmark Drive
Montgomery, Alabama 36117
U.S.A.
Phone (334) 272-8558
http://www.apologeticspress.org




Web site engine code is Copyright © 2003 by PHP-Nuke. All Rights Reserved. PHP-Nuke is Free Software released under the GNU/GPL license.
Page Generation: 0.134 Seconds