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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

Jesús y la Doctrina de la Creación
por Bert Thompson, Ph.D.
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INTRODUCCIÓN

Para los cristianos fieles, existe poco que sea más importante que la proclamación y defensa del Evangelio de la Antigua Jerusalén que puede salvar las almas de los hombres. El cristianismo no entró en el mundo con un gemido, sino con un estallido. No fue en el primer siglo, ni tiene la intención de ser en el veinteavo, algo “hecho en un rincón”. Aunque pueda ser verdad concerniente a algunas religiones el decir que estas florecen mejor en secreto, este no es el caso del cristianismo. Éste está proyectado a ser presentado, y prosperar, en el mercado de ideas. Además, se puede declarar con seguridad que mientras algunas religiones evitan la investigación abierta y la evaluación crítica, el cristianismo da la bienvenida a ambas. Es una religión histórica—la única de todas las religiones principales basadas sobre una persona en vez de una mera ideología—que clama, y puede documentar, una tumba vacía para su Fundador.

Los cristianos, a diferencia de los partidarios de un número de otras religiones, no tienen una opción en cuanto a la distribución y/o diseminación de su fe. La eficacia de la gracia salvadora de Dios como hecha posible a través de Su Hijo, Jesucristo, es un mensaje que toda persona responsable necesita oír, y una que los cristianos están mandados a proclamar (Juan 3:16; Mateo 28:18-20; cf. Ezequiel 33:7-9).

No obstante, de tiempo en tiempo, los cristianos pueden ser afligidos con una actitud de indiferencia o miopía (falta de visión) espiritual. Ambas actitudes debilitan gravemente la efectividad en esparcir el Evangelio. Una actitud cristiana de indiferencia puede venir como resultado de un número de factores, incluyendo tales cosas como la propia debilidad espiritual de una persona, una falta de estudio serio de la Biblia, un espíritu oprimido, etc. Por otra parte, la miopía espiritual a menudo es el producto final de no tener un entendimiento adecuado del mismo mensaje del Evangelio, o de no desear comprometerse en la controversia que algunas veces es necesaria para propagar ese mensaje.

Un ejemplo de la miopía espiritual que aflige hoy en día a algunos miembros de la iglesia se centra en la enseñanza bíblica concerniente a la creación. Ya que nadie es particularmente aficionado de la controversia o de jugar el rol del controversista, no es raro en la actualidad el oír a alguien decir: “¿Por qué involucrarse en temas controversiales ‘secundarios’ como la creación y la evolución? Solo enseñe el Evangelio”. O, uno puede escuchar decir que “ya que la Biblia no es un libro de texto de ciencia, y ya que lo importante es la Roca de los Siglos, y no los siglos de las rocas, nosotros solo deberíamos predicar a Cristo”.

Tales enunciados son claros y son evidencia convincente de falta de visión espiritual, y representa un malentendido básico de la seriedad de las enseñanzas de la Biblia sobre uno de sus temas más importantes. Primero, aquellos que sugieren que no debemos preocuparnos con temas “secundarios” tales como la creación y la evolución, y en vez de eso debemos “solamente predicar el Evangelio”, fallan en darse cuenta que el Evangelio incluye la creación y excluye la evolución. Segundo, aquellos que nos aconsejan simplemente “enfatizar la fe salvadora, no la fe de la creación”, aparentemente han olvidado que el capítulo más espléndido en toda la Biblia acerca del tema de la fe (Hebreos 11) comienza enfatizando la importancia de la fe en la creación de todas las cosas de la ex nihilio (ex nada) por Dios (versículo 3) como preliminar a cualquier clase de fe significativa en Sus promesas. Tercero, para evitar la ofensa que puede llegar producto de predicar el Evangelio completo, algunos considerarán a la creación simplemente como sin importancia. No obstante, Dios la consideró muy importante tanto que ésta fue el tema de Su primera revelación. El primer capítulo de Génesis es la fundación exacta del resto del registro bíblico. Si la fundación es socavada, no pasará mucho tiempo hasta que la superestructura construida sobre ésta también colapse. Cuarto, muchos cristianos de nuestros días han pasado por alto el impacto de su propia fe de no enseñar lo que dice Dios acerca de la creación. G. Richard Culp lo expresó bien cuando remarcó: “Uno quien duda del relato del Génesis no será el mismo hombre que fue una vez, ya que su actitud hacia la Sagrada Escritura ha sido corroída por la falsa doctrina. Génesis es referido repetitivamente en el Nuevo Testamento, y no puede ser separado del mensaje cristiano total” (1975, pp. 160-161).

Sin embargo, finalmente, algunos cristianos, afligidos con miopía espiritual, nos han aconsejado “solo predicar a Cristo”, mientras que ignoran completamente (o tal vez no están informados de) el hecho de que Cristo fue el Creador antes de que llegase a ser el Salvador, y que Su obra terminada de salvación es significativa solamente a la luz de Su obra terminada de creación (Hebreos 4:3-10). Además, Cristo y Sus escritores inspirados tuvieron un acuerdo grandioso para relatar el tema de la creación y su relevancia para un número de otros temas importantes. Estas enseñanzas merecen atención seria, como la siguiente evidencia documenta.

JESÚS—COMO EL CREADOR

Como en toda área que tiene que ver con nuestra fe, si nosotros aceptamos lo que Cristo tiene que decir concerniente a la creación, no erraremos. Su testimonio es nuestra guía, y una de la cual no debemos apartarnos. Pero ¿cuál es la naturaleza de este testimonio?

Los modernistas y liberales querrán que creamos que aunque el relato de la creación no debe ser aceptado como verdadero, eso no debería afectar significantemente nuestra dependencia sobre el Cristo Quien habló de éste como siendo verdadero. Por ejemplo, el catedrático Van A. Harvey de la Universidad de Stanford comentó que la “fe cristiana no es una creencia en un milagro, es la seguridad de que el testimonio de Jesús es uno verdadero” (1966, p. 274). ¿Qué quiere decir el “buen” profesor con tal enunciado? Él continuó explicando cuando escribió:

Si entendemos apropiadamente que se implica por fe, entonces entenderemos que esta fe no tiene relación clara con cualquier serie particular de creencias históricas en absoluto... A la conclusión a la cual uno es conducido es que el contenido de la fe puede también ser meditado a través de un relato históricamente falso de una cierta clase, o a través de un relato verdadero, a través de un mito como también a través de la historia (1966, pp. 280-281, énfasis añadido).

En otras palabras, ¡la fe genuina puede estar basada muy fácilmente en la falsedad como en la verdad! Por ende, no importa si Jesús realmente dijo la verdad; lo que importa es si nosotros creemos que Él dijo la verdad. Lo importante es nuestra “seguridad de que el testimonio de Jesús es uno verdadero”, no la veracidad de lo que Jesús realmente dijo.

Lo que golpea a uno inmediatamente acerca de tal concepto es la baja evaluación del Salvador que esto implica. Si Jesús pudo usar falsedad para instruir sobre los así-llamados asuntos “secundarios” como la creación, ¿por qué entonces no pudiera usar falsedad para enseñar sobre los asuntos “esenciales” como la salvación? Y ¿quién entre nosotros entonces llegaría a ser el árbitro final para calificar lo que es verdadero o falso? Ciertamente, las palabras de reprensión del Señor, como dadas a los dos hombres en el camino a Emaús, se aplican aquí: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lucas 24:25). Nosotros servimos a un Dios Quien no puede mentir (Tito 1:2; Hebreos 6:18). Lo que Cristo creyó y enseñó, nosotros, como Sus discípulos, deberíamos creer y enseñar—con la garantía completa de que estaremos tanto en lo correcto y seguros haciéndolo así. La pregunta es: ¿Qué, exactamente, enseñaron el Señor y Sus escritores inspirados en cuanto a la creación?

En muchos pasajes del Nuevo Testamento encontramos evidencia clara y convincente de que ¡Cristo fue el Creador! Juan 1:1-3 registra:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (énfasis añadido).

Cristo no estaba simplemente presente durante los eventos de la creación; ¡Él fue el agente activo implicado en estos eventos! Pablo afirmó lo mismo en Colosenses 1:16 cuando observó que “en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (énfasis añadido).

El escritor de Hebreos anotó que “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1,2, énfasis añadido). Pablo dijo a los primeros cristianos: “Para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Corintios 8:6, énfasis añadido). Comentando estos diversos pasajes, John C. Witcomb escribió:

Por tanto, es altamente instructivo para el cristiano el regresar a Génesis 1, lo cual él acepta como un registro de los hechos creativos de Jesucristo a la luz de Juan 1:3, Colosenses 1:16, y Hebreos 1:2, y reconocer que la manera por la cual las cosas vivientes fueron traídas a existencia en el comienzo encuentra su analogía en la obra milagrosa de Jesucristo el Creador, quien visitó este planeta menos de 2,000 años atrás para mostrar a los hombres que Él efectivamente era completamente capaz de hacer las cosas que Moisés describió por el Espíritu Santo concernientes a la semana de la creación” (1973, 3:23-24, énfasis añadido).

El punto del Dr. Whitcomb está bien hecho. El ministerio terrenal completo de Cristo proveyó verificación del hecho de que Él hizo exactamente lo que las Escrituras atribuyen a Él en Su obra de creación. La importancia de esto no debe ser pasada por alto. Si alguien tenía el derecho de hablar sobre los eventos de la primera semana, ciertamente Él lo tenía. Él estuvo allí “en el principio”, y ¡Él fue el Creador! Siendo ese el caso, la pregunta entonces llega a ser: ¿Qué dijo Jesús acerca de la creación?

JESÚS—EN EL ELEMENTO DE TIEMPO DE LA CREACIÓN

Durante Su estancia terrenal, Cristo habló explícitamente en cuanto a la creación. En Marcos 10:6, por ejemplo: Él declaró: “Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios”. Note estas tres verdades supremas: (1) La primera pareja fue “hecha”; ellos no fueron accidentes biológicos. Interesantemente, la palabra hebrea para “hacer” está en el tiempo aoristo, implicando punto de acción en vez de desarrollo progresivo (que sería característica de la actividad evolutiva). W.E. Vine hizo esta misma observación con referencia a la composición del cuerpo humano en su comentario sobre 1 Corintios 12:18 (1951, p. 173). (2) La pareja original fue formada “varón y hembra”; ellos no fueron inicialmente “algo sin forma” asexual que finalmente experimentó distinción sexual. (3) Adán y Eva existieron “desde el principio de la creación”. La palabra griega para “principio” es arché, y es usada en “absoluto, denotando el comienzo del mundo y de su historia, el principio de la creación”. La palabra griega para “creación” es ktiseos, y denota la “suma-total de lo que Dios ha creado” (Cremer, 1962, pp. 113,114,381, énfasis en original). Ciertamente, Cristo no contribuyó a la noción de que la Tierra fue inmensamente mayor a la humanidad.

Entonces, incuestionablemente Jesús colocó a los primeros humanos al alborear de la creación. Para rechazar esta verdad clara, uno debe contender que: (a) Cristo sabía que el Universo estuvo en existencia billones de años antes del hombre, pero, se acomodó a la ignorancia de su época, deliberadamente distorsionó la situación; o (b) El mismo Señor, viviendo en tiempos pre-científicos, no estaba informado acerca del asunto. Cualquiera de estas alegaciones es blasfema.

En Lucas 11:45-52, el Señor reprendió a los judíos rebeldes de Su tiempo y predijo la horrible destrucción que vendría sobre ellos. Él les acusó de seguir los pasos de sus antepasados y les anunció que a ellos se les demandaría “la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo” (énfasis añadido). Luego, con paralelismo característico de expresión hebrea, Cristo re-expresó el pensamiento al decir: “desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías”. El punto que no debe ser pasado por alto es que Jesús colocó el homicidio de Abel cerca de “la fundación del mundo”. La muerte de Abel ocurrió algunos años después de la creación, pero estuvo lo suficientemente cerca de esa creación para que Jesús declarara que estaba asociada con el “principio del mundo”. Si el mundo llegó a existir muchos billones de años antes de la creación de la humanidad, ¿cómo el derramamiento de sangre pudo haber ocurrido en la “fundación del mundo”?

En Juan 8:44, Cristo se refirió al diablo, quien “fue homicida desde el principio”. Una vez más, la existencia humana es colocada cerca del “comienzo”. Isaías hizo esta pregunta penetrante a la gente de su tiempo: “¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? (Isaías 40:21, énfasis añadido). Note que Isaías corrobora los enunciados de Cristo. Isaías también coloca “el principio” y “la fundación de la tierra” en el mismo contexto. Pablo, escribiendo en Romanos 1:20,21, hizo lo mismo cuando afirmó: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (énfasis añadido). Note que el término “entendidas” es del griego noeo, una palabra usada para inteligencia racional, mientras que la frase “claramente visibles” (kathoratai) es una forma intensificada de horao, un término que “da prominencia a la mente entendida” (Thayer, 1958, p. 452). El punto de Pablo no pudo haber sido más claro. El poder y divinidad de Dios, como revelados a través de las cosas que fueron creadas han sido observables para la inteligencia humana desde la creación del mundo. Por ende, el hombre ha existido desde el comienzo; él no es algún “fulano-recién-llegado” como las teorías evolutivas postulan. Tampoco la Tierra estuvo en existencia billones de años antes de su existencia, como algunos quieren que creamos. Otra vez, el testimonio del Señor no es sospechoso; ¡Él estuvo allí!

JESÚS—EN LA IMPORTANCIA DE LA CREACIÓN

Durante la última parte de la década de 1940, Woolsey Teller, segundo presidente de la Asociación Americana por el Avance del Ateísmo, debatió con James D. Bales de la Universidad de Harding. Durante ese debate, Teller argumentó: “Si la evolución es aceptada, ¡Adán y Eva se van! Esa historia, la fábula de la Biblia, es mitología interesante pero no presenta la verdadera figura del origen del hombre” (1976, p. 54). Desde luego, él estaba en lo correcto al declarar que si la evolución es verdadera, la Biblia no puede serlo. No obstante, Cristo colocó Su sello divino de aprobación sobre el relato de la creación en diferentes maneras. Considere lo siguiente.

  1. En Mateo 19, se narra el relato de los fariseos tratando de fijar al Señor en contra de la ley de Moisés al inquirir acerca de Su posición sobre el matrimonio, divorció y segundas nupcias. Al responderles, Él afirmó la permanencia del vínculo del matrimonio cuando citó (versículo 5) Génesis 2:24—“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Apelando a la creación del hombre y de la mujer, como detallada en Génesis 2, el Señor clarificó que Él aceptaba ese relato como tanto factual e histórico, y haciéndolo así lo usó como la base para la doctrina del Nuevo Testamento del matrimonio, divorcio y segundas nupcias.
  2. No es raro oír a aquellos que están ansiosos de comprometer el registro bíblico aseverar que Génesis 1 y 2 son relatos completamente diferentes y contradictorios. Sin embargo, Jesús no los aceptó como tal. En Mateo 19:4,5, Él enlazó a los dos juntos y los usó para enseñar a la gente de Su tiempo: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo [citando Génesis 1:27—BT]? Y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” [citando Génesis 2:24—BT]. Si estos fueran efectivamente relatos diferentes y contradictorios, Jesús aparentemente no lo sabía.
  3. Jesús creyó en la fijeza de los géneros creados. Él preguntó: “¿Acaso recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?... No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos” (Mateo 7:16,18).
  4. Jesús llamó a Satanás “el padre de mentira” (Juan 8:44), lo cual es referencia clara a la falsedad que él dijo a Eva en Génesis 3:4,5. Por ende, Jesús también colocó Su imprimátur en el relato de la caída del hombre.
  5. Jesús aceptó el sabbath como día de descanso en conmemoración de la creación acabada de Dios. En Marcos 2:27 Él dijo a la gente que “el día de reposo (sabbath) fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”. Aunque el sabbath como día sagrado judío fue instituido como resultado directo de la obra de Dios durante los seis días de la semana de creación de Génesis 1 y 2 (cf. Éxodo 20:8-11). El Señor habló con aprobación de estos eventos, y los contó como reales, literales e históricos en naturaleza.
  6. Jesús dijo a los judíos incrédulos de Su tiempo: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:46,47). ¿Dónde, exactamente, escribió Moisés de Cristo? Génesis 3:15 es la primera profecía Mesiánica en registro. Cristo aceptó ese pasaje como correcto. Whitcomb ha anotado: “Es el privilegio de estos hombres el desechar a un Adán histórico si ellos así lo desean. Pero ellos no tienen el privilegio al mismo tiempo de clamar que Jesucristo habló la verdad. Adán y Cristo permanecen en pie o caen juntos” (1972, p. 111).
  7. Jesús habló del diluvio de Noé como un suceso real en la historia (Mateo 24:37 et.seq.). Él incluso uso el Diluvio para marcar una comparación de la destrucción que acontecería a la Tierra a Su segunda venida. Él se refirió a Abel como un personaje real e histórico (Mateo 23:35). Y, Él defendió el punto de vista de que el Universo realmente tuvo un comienzo (como opuesto a la opinión popular de Su tiempo de que la materia era eterna) cuando remarcó “cual no la ha habido desde el principio del mundo [griego kosmos]” (Mateo 24:21, énfasis añadido).
CONCLUSIÓN

¿Por qué es la creación tan importante? Declarado simplemente, la respuesta es ésta: “Si no hay creación, no hay nada más. Si no hay Creador, entonces tampoco hay un Salvador” (Segraves, 1973, p. 24). Nuestro entendimiento de la creación depende sobre nuestro entendimiento de Cristo y viceversa. En Romanos 5:14, Pablo habló de Adán “el cual es figura del que había de venir” (énfasis añadido). La palabra “figura” es la traducción de la palabra griega, tupos (tipo). Adán fue un “tipo” de Cristo; por ende, los dos están enlazados inextricablemente. Pablo extendió esa comparación de Adán en el gran “capítulo de la resurrección” cuando declaró: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante... El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo... Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:45-49).

En 1 Corintios 11:8,12, Pablo afirmó que la mujer procedía “del varón”. La palabra griega “del” es ek, que significa “sacar de”. En 1 Timoteo 2:13, Pablo llamó a Eva por nombre, denotándola como un personaje literal e histórico. Él anotó que “la serpiente engañó a Eva con su astucia” (2 Corintios 11:3). Pedro usó el Diluvio para tratar una analogía de nuestra salvación (1 Pedro 3:21), y se refirió a la Tierra anegada por agua como algo que realmente había tomado lugar (2 Pedro 3:5b).

Existen otros numerosos ejemplos que pudieran ser dados si el lugar lo permitiera. No obstante, el punto está bien hecho. Los primeros once capítulos del Génesis, a lo cual a menudo nos referimos como los “capítulos de la creación”, son una parte integral del registro bíblico. Estos no son verrugas desagradables o tumores malignos que pueden ser cortados, dejando el resto intacto. Jesús los aceptó como correctos y fiables, y los usó como una base para muchas de Sus enseñanzas. Si Adán resulta ser un mito, como muchos hoy en día quieren que creamos, del mismo modo Jesús es rebajado. Los dos efectivamente sí “permanecen en pie o caen juntos”. Las enseñanzas de Jesús sobre la creación hacen hincapié en su importancia. Si esto fue importante para Él, debería ser igualmente importante para nosotros.

REFERENCIAS

Cremer, H. (1962), Biblico-Theological Lexicon of New Testament Greek (London: T & T Clark).

Culp, G. Richard (1975), Remember Thy Creator (Grand Rapids, MI: Baker).

Harvey, Van A. (1966), The Historian and the Believer (New York: Macmillan).

Segraves, K.L. (1973), Jesus Christ Creator (San Diego, CA: Creation-Science Research Center).

Teller, Woolsey and James D. Bales (1976), The Existence of God—A Debate (Shreveport, LA: Lambert).

Thayer, J.H. (1958), Greek-English Lexicon of the New Testament (Edinburgh: T & T Clark).

Vine, W.E. (1951), First Corinthians (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Whitcomb, John C. (1972), The Early Earth (Grand Rapids, MI: Baker).

Whitcomb, John C. (1973), “Methods of the Creator,” And God Created, ed. K.L. Segraves (San Diego, CA: Creation-Science Research Center).



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