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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

La Unidad Bíblica—un Argumento para la Inspiración
por Wayne Jackson, M.A.

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INTRODUCCIÓN

La Biblia reclama ser la Palabra divinamente inspirada por Dios. ¿Existe apoyo para tal afirmación? Las evidencias para la inspiración de la Biblia calzan en dos categorías generales. Algunas evidencias son clasificadas como externas en su naturaleza, mientras otras son consideradas internas. Por ejemplo, los hallazgos del campo de la arqueología, los cuales corroboran las declaraciones históricas de las Escrituras, son evidencias externas. Un ejemplo sería el descubrimiento del cilindro de Nabonido, el cual demostró que Belsasar (Daniel 5) fue un rey babilónico verdadero, no un personaje mítico, como afirmaron algunos críticos antiguos (Wiseman, 1980, 1:183).

Por otro lado, algunas pruebas de la inspiración bíblica son internas en su carácter. Es decir, son parte del material del mismo Libro. Son fenómenos que auto-evidencian desde dentro del Volumen Sagrado y que portan testimonio del hecho de que la producción de las Santas Escrituras tiene que haber sido orquestada por una Mente directora. Tal evidencia de la inspiración es la unidad increíble que es característica de la Biblia.

A fin de apreciar la unidad maravillosa que domina el Volumen Sagrado, uno primeramente debe entender que la Biblia fue escrita por aproximadamente cuarenta hombres diferentes, en tres lenguas (hebreo, arameo, y griego), a través de un vasto lapso de tiempo. Desde la composición del Pentateuco (es posible que el libro de Job fuera escrito aún más temprano), hasta la terminación del libro de Apocalipsis, unos mil seiscientos años de historia estuvieron involucrados.

Las santas escrituras vinieron de una variedad de antecedentes culturales, y los documentos de los cuales consisten fueron escritos por un grupo diverso de autores (pastores, pescadores, profesionales, eruditos, et.al.). En vista de este hecho, uno esperaría que el aspecto final de las Escrituras fuera una mezcolanza de asuntos divergentes a menudo afectados por el conflicto, la falta de continuidad, y la contradicción. Sin embargo, tal circunstancia está lejos de ser el caso. El hecho es que, la Biblia muestra tal armonía asombrosa y tal torrente consistente que desafía completamente cualquier explicación natural. Incuestionablemente, existió una Fuente unidora detrás de la composición. Es como si la Biblia fuera una sinfonía magnífica que claramente ha sido orquestada por un Maestro Director. Vamos a considerar varias líneas de evidencia que apoyan el concepto de que las Escrituras solamente pudieron venir de Dios.

LA UNIDAD DEL TEMA

Existe una unidad de tema que satura la totalidad de los oráculos divinos. La Biblia es la historia de un problema—el pecado—con una solución, Jesucristo (Geisler & Nix, 1986, p. 194). En Génesis, Cristo es la simiente prometida (Génesis 3:15); en Éxodo, Él es el Cordero de la Pascua (Éxodo 12); en Levítico, es el sacrificio santo (Levítico 1-5); en Números, es la serpiente de bronce (Números 21); et.al. Cristo es encontrado, directamente o indirectamente, en cada libro de la Biblia.

El hilo redentor que cruza a través de las Escrituras puede ser ilustrado en una manera maravillosa al comparar Génesis y Apocalipsis, el primer libro y el último del canon. En Génesis, el origen de los cielos y la Tierra es revelado (1:1), mientras que en Apocalipsis, la consumación de las cosas mundiales son afectadas, y el orden antiguo es reemplazado por los “cielos nuevos y tierra nueva” (i.e., el mismo Cielo), espirituales en naturaleza. Además, el mentiroso Satanás, quien tentó a nuestros primeros padres (Génesis 3:1 et.seq.), será lanzado al infierno donde no puede engañar más (Apocalipsis 20:10). El hombre, quien originalmente fue perfecto pero cayó en pecado (Génesis 3:6), es, en virtud de su obediencia, reconocido con la oportunidad de ser perfecto de nuevo (Apocalipsis 7:14; 22:14). Todo esto, desde luego, es hecho posible por la simiente de la mujer (Génesis 3:15), el descendiente de David (Apocalipsis 22:16), Quien, a causa de Su sacrificio (Génesis 4:4), llegó a ser el Cordero entronizado (Apocalipsis 22:3). Por consiguiente, el dolor del Edén (Génesis 3:16) se transformará en el gozo del Cielo (Apocalipsis 21:4), y ese árbol de la vida, del cual nuestros antiguos padres fueron separados (Génesis 3:22-24), será nuestra dichosa posesión otra vez (Apocalipsis 22:14). Apropiadamente, existe un acuerdo remarcable entre Génesis y Apocalipsis.

LA UNIDAD DE PLAN

La Biblia también tiene un plan unificado de desarrollo. Considere lo siguiente. En Génesis existe un registro del origen prístino de la humanidad, y luego de la caída trágica de la humanidad hasta un estado pecaminoso. Además, también existe la indicación inicial de que un Dios benevolente estaba comenzando a desdoblar un plan para el remedio de este desastre (Génesis 3:15). Un linaje familiar específico (i.e., la nación hebrea) fue seleccionado para lograr esta tarea (Génesis 12:1 et.seq.; 22:18).

Pero el hombre necesitaba aprender precisamente lo que era el “pecado”; ¿cómo debería ser definido este concepto? Una ley escrita fue dada en respuesta a esta necesidad. Los libros de Éxodo hasta Deuteronomio anotan la entrega de la ley a Moisés. Esta colección de ordenanzas fue diseñada a definir el pecado, y resaltar la rebelión humana en toda su horrible fealdad (Romanos 7:7,13; Gálatas 3:19). Los libros históricos del Antiguo Testamento revelan la incapacidad de la humanidad en guardar perfectamente el sistema de la ley (Gálatas 3:10), por tanto, subrayan la necesidad de un Justificador—Alguien que podría hacer por el hombre lo que él es incapaz de hacer por sí mismo. Los profetas del Antiguo Testamento proclamaban la venida de ese Salvador (Lucas 24:44). Más de 300 profecías se enfocan en el Mesías prometido.

Después de cuatro siglos silenciosos (la época inter-bíblica), los escritores de los evangelios nos informan que el Justificador—Jesús de Nazaret—había llegado. Los libros de Mateo, Marcos, Lucas, y Juan son relatos cuidadosamente documentados de la vida, muerte y la resurrección del Hijo de Dios (Juan 20:30,31). La evidencia de la misión divina de Cristo es aplastante.

El libro de Hechos demuestra cómo los hombres y mujeres del primer siglo se apropiaron de la gracia justificadora de Jehová. Este es un manual inspirado de cómo llegar a ser un cristiano. Es un registro histórico de cómo la iglesia de Cristo fue establecida en Jerusalén, y cómo floreció a través del imperio romano. Las varias epístolas a iglesias e individuos instruyeron a los santos a cómo crecer hasta la madurez espiritual. Finalmente, el libro de Apocalipsis muestra (en símbolos intensos) el triunfo final y completo de la causa de Dios sobre todos las fuerzas hostiles. Incuestionablemente, la Biblia contiene una continuidad detallada de plan.

LA UNIDAD DE DOCTRINA

La Biblia también está caracterizada por la unidad doctrinal, por lo cual queremos decir que los elementos fundamentales de su sistema de enseñanza son armoniosos. Existe, naturalmente, el desarrollo de algunos temas teológicos dentro del Volumen Sagrado (e.g., el concepto de la inmortalidad—cf. Job 14:14; 2 Timoteo 1:10), aunque no existe discordancia.

Es realmente un fenómeno asombroso que aunque los escritores bíblicos no vacilaron en criticarse el uno al otro por sus defectos de carácter (vid. Gálatas 2:11 et.seq.), y aunque un autor admitiera que la producción de otro escritor fuese difícil de entender (2 Pedro 3:16), los escritores inspirados nunca criticaron, o trataron de refutar la argumentación doctrinal de sus compañeros inspirados. Esto difiere de la conducta de los teólogos de esta época—de hecho, ¡de cualquier época! Note estos ejemplos breves de armonía doctrinal.

  1. Las Escrituras afirman que hay sólo un Dios (Deuteronomio 6:4; Santiago 2:19). Por “un Dios” los escritores bíblicos querían decir que existe solamente una naturaleza divina. Aunque, tres personalidades distintas poseen esa esencia divina—reveladas en el Nuevo Testamento como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Génesis 1:1,2,26; Mateo 28:19; Juan 1:1; 2 Corintios 13:14).
  2. El universo no es eterno, ni auto-creado; en cambio, fue traído a existencia por Dios (Génesis 1:1; Salmos 33:6-9; Juan 1:1-3; Hebreos 11:3).
  3. El hombre es más que solamente materia. En adición a la carne, él tiene una naturaleza superior creada a la imagen de Dios (Génesis 1:26; Eclesiastés 12:7; Daniel 7:15; Mateo 10:28; 1 Tesalonicenses 5:23).
  4. La sangre es necesaria para la expiación del pecado (Levítico 17:11; Mateo 26:28; Hebreos 9:22; Apocalipsis 7:14).

La armonía doctrinal de la Biblia difiere de los trabajos modernos que alegan inspiración, pero que carecen de evidencia que apoye su afirmación. Por ejemplo, la literatura del mormonismo sostiene que la poligamia es fornicación, pecaminosa, etc. (Libro de Mormón, Jacob 2:27; 3:5; 1:15; 2:23,24; Mosíah 11:2), aunque los matrimonios plurales están descritos en otro sitio como una parte de un convenio nuevo y eterno que puede ser rechazado solamente bajo pena de condenación (Doctrinas y Convenios, 132:3,4).

LA ARMONÍA FACTUAL

Aunque los trabajos cultos de los hombres puedan ser producidos muy hábilmente, ocasionalmente incorporan errores factuales que dañan la unidad del documento. Desde luego, la discordancia genuina revelaría el hecho de que un trabajo es estrictamente humano en origen. Por consiguiente, si la Biblia es la Palabra de Dios inspirada verbalmente, tenemos el derecho de esperar que no sea estropeada por las contradicciones, ya que Dios no es autor de confusión (o contradicción), sino solamente de verdad (1 Corintios 14:33; Juan 17:17).

En el siglo III d.C., vivió un filósofo sirio llamado Malco Porfirio. Jerónimo una vez lo calificó como “un perro rabioso en contra de Cristo”. Porfirio escribió quince volúmenes contra el cristianismo. Uno de estos fue dedicado completamente a una colección de “contradicciones” que el incrédulo sostuvo que las había detectado en las Escrituras. Los argumentos de Porfirio, y sus descendientes espirituales, han sido contestados muchísimas veces por los apologistas fieles a través de los siglos (vid. Jackson, 1986, 2:51-57). El hecho es que, la Biblia revela una armonía remarcable en detalles innumerables; en efecto, ésta tiene una consistencia tan precisa que no podría haber sido inventada.

Se puede esperar que los documentos de las Escrituras mostraran una unidad general. Sin embargo, la concordancia general y obvia probaría poco porque incluso los falsificadores serían capaces de producir tal acuerdo. Pero la Biblia es caracterizada por una variedad infinita de detalles minúsculos que obviamente no son inventados ya que muestran una Fuerza guiadora que es completamente consistente. Esa es una evidencia perspicaz y convincente de inspiración divina.

En 1790, William Paley, el célebre erudito anglicano, escribió su famoso volumen Horae Paulinae (Horas con Pablo). En este remarcable libro, Paley demostró una serie asombrosa de “coincidencias no-diseñadas” entre el libro de Hechos y las epístolas de Pablo que sostiene la credibilidad de la revelación cristiana. “Estas coincidencias,” dijo Paley, “las cuales son a menudo incorporadas o entrelazadas en referencias y alusiones, en las cuales no puede ser descubierto arte y no puede ser encontrado plan, proveen numerosas pruebas de la verdad de estos trabajos, y por consiguiente, del cristianismo” (1839, p. xvi).

En 1847, J.J. Blunt de la Universidad de Cambridge emitió un volumen manual titulado, Undesigned Coincidences in the Writings Both of the Old Testament and New Testament (Coincidencias No-Diseñadas en las Escrituras del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento). En este tratado culto, el profesor Blunt sostuvo que ambos Testamentos contienen muchos ejemplos de “consistencia no planeada” que apoyan la afirmación de las Escrituras acerca de un origen unificado de una Fuente sobrenatural, a saber, Dios (1884, p. vii). Los siguientes ejemplos ilustran el tipo de material casual y armonioso del que estoy hablando.

Como un joven de sólo diecisiete años de edad, José fue vendido a esclavitud egipcia por sus hermanos. A causa de una acusación falsa presentada contra él por una mujer rechazada, el piadoso joven fue arrojado a la cárcel. José fue confinado al lugar donde los cautivos del rey estaban “atados” (vea el hebreo en Génesis 39:20). Nótese la palabra que debe ser traducida “atados”, ya que muchos siglos después el salmista declaró de José, “Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona” (Salmos 105:18).

Cuando faraón rechazó librar a los cautivos hebreos, Jehová envió una serie de plagas sobre los egipcios. Una de esas plagas fue una tormenta devastadora de granizo que destruyó el lino floreciente en los campos (Éxodo 9:31). Después, los Israelitas fueron librados de Egipto. Viajaron hacia el desierto de Sinaí, donde, por causa de su falta de fe, fueron forzados a vagar por cuatro décadas difíciles. Finalmente, la generación más joven entró a Canaán. Su llegada a la tierra prometida fue exactamente 40 años después del tiempo que salieron de Egipto (Josué 4:19), y por consiguiente poco después del aniversario de esa octava plaga que destruyó el lino floreciente. El libro de Josué menciona que su entrada en Canaán fue cerca de la siega (3:15). Cuando los espías fueron enviados a inspeccionar Jericó, fueron ocultados por Rahab entre los manojos de lino que tenía puestos en el terrado de su casa (Josué 2:6). Todos estos detalles que parecen insignificantes calzan juntos como una mano en un guante. Son ejemplos maravillosos de “armonía no diseñada”.

El Nuevo Testamento no es menos remarcable en su unidad excepcional. Por ejemplo, cuando Jesús alimentó milagrosamente a 5,000, el inspirado Marcos anotó que el Señor hizo recostar a sus oyentes sobre la “hierba verde” (6:39), lo cual está totalmente de acuerdo con la referencia de Juan concerniente al hecho de que este evento ocurrió cerca del tiempo de la Pascua (Juan 6:4). Esto, desde luego, es en la primavera—exactamente cuando la hierba está verde en Palestina.

En el último capítulo de Hechos, Lucas describió el encarcelamiento romano de Pablo por dos años, y citó al apóstol diciendo: “...porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena” (28:20). Durante este encarcelamiento, Pablo escribió cuatro epístolas—Efesios, Filipenses, Colosenses, y Filemón. En su carta a los Efesios, Pablo hizo referencia a sus “cadenas” (6:20), en Filipenses aludió a sus “prisiones” (1:7,13,14); también véase las referencias a sus “prisiones” en Filemón 13 y Colosenses 4:3.

En su última carta a Timoteo, Pablo le recordó a su joven compañero que “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15). Naturalmente la referencia a las “Sagradas Escrituras” es una alusión a las Escrituras del Antiguo Testamento. Ya que Timoteo conocía las escrituras del Antiguo Testamento desde sus días tempranos, asumimos que su origen era judío. Entonces, no nos sorprende cuando descubrimos por el libro de Hechos que Timoteo fue el “hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego” (Hechos 16:1). Es digno de atención adicional el hecho de que cuando Pablo elogió a Timoteo por su fe, aludió a la espiritualidad de su madre tanto como de su abuela, pero no mencionó la piedad del padre de Timoteo (2 Timoteo 1:5).

Aunque es verdad que existe una unidad extraordinaria dentro de las escrituras del Antiguo Testamento, y dentro de los documentos del Nuevo Testamento, también existe la misma clase de armonía entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando Jesús murió, Sus discípulos prepararon Su cuerpo para el entierro al embalsamarlo. Juan declaró que Nicodemo, un principal entre los judíos, trajo especias—mirra y áloes—como cien libras para esta tarea (19:39). Entonces concluimos que se requiere grandes cantidades de estas especias para el proceso de embalsamamiento. Cuando Jacob falleció, los médicos de Egipto le embalsamaron (Génesis 50:2); también José fue embalsamado cuando falleció (50:26). Por consiguiente, se esperaría que los egipcios requirieran vastas cantidades de especias—como la mirra—para su empresa de embalsamamiento. Notablemente, ¡aprendemos por el Antiguo Testamento que la mirra era importada por caravanas de camellos a Egipto (Génesis 37:25)!

CONCLUSIÓN

Otra vez debemos enfatizar este punto. El crítico de la Biblia probablemente trivializaría estos ejemplos cuando son aislados el uno del otro. Sin embargo, cuando se observa literalmente cientos y cientos de estos detalles casuales que calzan perfectamente, uno comienza a sospechar que lo que ha sido llamado “coincidencias no-diseñadas” (desde una posición humana estratégica) llega a ser pruebas muy obvias de la armonía diseñada divinamente—huellas diminutas que guían solamente a la conclusión de que Dios fue la Fuerza guiadora tras la composición de las Sagradas Escrituras.

El argumento que enfatiza la unidad de la Biblia como una evidencia para su inspiración es verdaderamente poderoso. Vamos a emplear esta forma de razonar como una herramienta para guiar a nuestros contemporáneos a una confianza en las Escrituras como la Palabra de Dios, la fuente de información que pertenece a la vida eterna.

REFERENCIAS

Blunt, J.J. (1884), Undesigned Coincidences in the Writings of the Old and New Testament (London: John Murray).

Geisler, Norman & Nix, William (1986), A General Introduction to the Bible (Chicago: Moody).

Jackson, Wayne (1986), “Bible Contradictions—Are They Real?,” Essays in Apologetics, ed. Bert Thompson and Wayne Jackson, (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Paley, William (1839), The Works of William Paley (Edinburgh: Thomas Nelson).

Wiseman, D. J. (1980), “Belshazzar,” The Illustrated Bible Dictionary, J. D. Douglas, Ed. (Wheaton, IL: Tyndale).



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