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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

Clonación Humana: la Respuesta Cristiana
por Brad Harrub, Ph.D., y Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

La noticia explotó como una bomba. Fue completamente inesperada. Casi nadie pensó que pudiera ser hecho. Algunos ganadores del Nobel habían sugerido que esto era extremadamente improbable. Y un especialista en el campo aún fue tan lejos como para decir que “era imposible”. Entonces, de repente, sin advertencia, pasó. La edición de febrero 27 de 1997 de la revista Nature lo reportó en un artículo mundanalmente titulado; “Viable Offspring Derived from Fetal and Adult Mammalian Cells” (“Descendencia Viable Derivada de Células de Mamífero Fetal y Adulto”). Un mamífero adulto había sido clonado. “Dolly”, como llegó a ser conocida la oveja, fue presentada a un mundo inundado de incredulidad. Los científicos mundiales quedaron boquiabiertos—primero con total incredulidad, y luego con sobrecogimiento completo. Ian Wilmut y sus colegas habían tomado una célula de glándula mamaria de una oveja Doeset (raza finlandesa) de Escocia de seis años y a través de un proceso conocido como “transferencia nuclear” habían logrado colocar el material genético de esa célula dentro de un huevo vaciado de una oveja escocesa blackface (de cara negra). Ese zigoto—el cual entonces conteniendo el complemento completo de cromosomas (como si realmente hubiera sido fertilizado por una célula de esperma)—fue colocado en el útero de una segunda oveja escocesa blackface que servía como una madre sustituta; varios meses después, Dolly nació.

Lo interesante de la historia de la “noticia” no fue que un mamífero había sido clonado; eso había sido hecho en el pasado. La noticia fue que ese mamífero había sido clonado de una célula adulta—algo que incluso los científicos como James Watson y Francis Crick (quienes fueron premiados en 1962 con el Premio Nobel en Medicina o Fisiología por su dilucidación de la estructura del ADN) habían sido registrados declarando que era probablemente imposible. Pero como el viejo dicho dice, “eso fue entonces; esto es ahora”. Resultó que el éxito de los científicos escoceses fue la cima del iceberg proverbial. No mucho tiempo después los detalles del procedimiento usado para producir a Dolly fueron publicados, los científicos comenzaron a reportar una historia exitosa tras otra usando las mismas técnicas o similares para clonar mamíferos adicionales de células adultas, incluyendo ratones (Wakayama, et.al., 1998), ganado vacuno (Kato, et.al., 1998), cabras (Baguisi, et.al., 1999), macacos rhesus (Chan, et.al., 2000), y cerdos (Onishi, et.al., 2000; Polejaeva, et.al., 2000).

Ovejas, ratones, ganado vacuno, cabras, monos y cerdos son todos mamíferos. ¿Recuerda la definición de biología de secundaria de un mamífero? Los mamíferos son animales que: (a) son de sangre caliente; (b) tienen un cuerpo aislante cubierto de pelo (piel, lana, etc.); (c) son vivíparos (con la excepción del pato ornitorrinco anatinus); (d) amamantan a su cría; y (e) poseen un corazón de cuatro cámaras (vea Hine, 1999, pp. 193-194). De un punto de vista evolutivo de clasificación, ¿es un humano un mamífero? Sí. Luego con seguridad la próxima pregunta es sencillamente obvia: Si los científicos pueden clonar ovejas, ganado vacuno, cabras, monos y cerdos (todos los cuales son mamíferos), ¿pueden clonar humanos—quienes son también mamíferos? Y lo más importante, si ellos pueden, ¿lo harán?

UNA HISTORIA BREVE DE LA CLONACIÓN

El comienzo de a lo que ahora nos referimos como “clonación” realmente nos lleva al principio del siglo veinte—1901 para ser exactos. Hans Spemann (1869-1941) fue un embriólogo alemán que fue un catedrático de zoología (1919-1935) en la Universidad de Freiburg. En 1901, él dividió exitosamente un embrión tritón de dos células en dos partes distintas, produciendo exitosamente dos larvas. Durante el principio de los cincuentas, F.C. Steward de la Universidad de Cornell demostró cómo clonar plantas, y produjo zanahorias por millares a través de tal procedimiento (vea Steward, 1970). En 1952, Robert Briggs y Thomas King del Instituto por la Investigación del Cáncer en Philadelphia clonaron una rana leopardo del norte (vea Briggs y King, 1952). Desde entonces, zanahorias, tomates, moscas de las frutas, ranas, y una multitud de plantas y animales han sido clonadas.

En 1984, después de experimentos intensivos con ratones, Davor Solter del Instituto Wistar de Philadelphia afirmó que la clonación de mamíferos es imposible biológicamente. La última frase de la última línea del escrito de Solter en la revista Science ha resonado los corredores de la comunidad académica desde entonces. Él escribió: “la clonación de mamíferos por transferencia nuclear simple es imposible biológicamente” (McGrath y Solter, 1984, 226:1319, énfasis añadido). La conclusión de Solter fue aceptada como un “hecho”, y por años en adelante, el fondo para la investigación sobre la clonación fue marginado y casi imposible de obtener.

En 1995, Ian Wilmut y Keith Campbell de Gran Bretaña crearon las primeras ovejas del mundo clonadas idénticas, Megan y Morag, de embriones de 9 días de edad (Campbell, et.al., 1996). Un año después Ian Wilmut y su grupo de científicos escoceses clonaron el primer mamífero del mundo de células adultas. La oveja Dolly fue creada usando células de ubre de una oveja de seis años de edad (Wilmut, et.al., 1997). En 1997, el Centro Regional Primate de Oregon clonó dos macacos rhesus (llamados Neti y Ditto) que fueron creados de ADN tomado de embriones de monos en vía de desarrollo (vea Meng, et.al., 1997), y los investigadores de la Universidad de Massachussets reportaron la clonación de ganado vacuno usando células fetales (vea Kato, et.al., 1998). Un reporte en la edición de abril 25 de 1998 de Science News describió cómo Dolly—el primer mamífero clonado de células adultas—había sido cruzada con David, un carnero montés galés y estaba preñada (vea Travis, 1998, 153:263). [Realmente, para el tiempo en que la historia llegó a la prensa, Dolly ya había parido. En abril 13 de 1998, Dolly produjo una oveja bebé de 6.7 libras con el nombre de Bonnie. Casi un año después, en marzo 24 de 1999, Dolly parió a tres corderos—dos machos y una hembra]. Dolly no fue solamente un clon—¡ella fue un clon fértil! Estas noticias disiparon la idea de que como un clon ella podía ser estéril y pavimentar el camino para éxitos futuros en la reproductividad de los clones.

Uno de los hitos más importantes en la controversia de la clonación fue reportado en la edición de mayo 27 de 1999 de la revista Nature, la cual trataba del examen del Dr. Wilmut acerca de los cromosomas de Dolly. Wilmut (quien era el responsable por la clonación de Dolly) y sus colegas estudiaron la longitud de las extremidades de los cromosomas (telomeras) de Dolly y de otras dos ovejas producidas por los mismos procesos usados para clonar a Dolly. En general ha sido aceptado científicamente que el deterioro de la telomera es una indicación fiable de la reducción en el periodo de vida; cuanto más rápido y serio sea el deterioro de la telomera, más corto será el periodo esperado de vida. Wilmut y sus co-trabajadores reportaron un deterioro marcado en las telomeras de los cromosomas de Dolly comparado a aquellas de los animales no-clonados, e incluso sugirieron que “la explicación más probable” para el deterioro observado en estos animales “refleja aquella del núcleo transferido. La restauración completa de la longitud de la telomera no ocurrió porque estos animales fueron producidos sin intervención de una serie de células germinales” (vea Shiels, et.al., 1999, 399:317, énfasis añadido).

En otras palabras, ya que Dolly fue clonada de la célula de la glándula mamaria de una oveja de seis años de edad, en esencia sus telomeras ya eran de seis años de edad, y por tanto se deterioraban más rápidamente que aquellas de los animales no clonados producidos por procedimientos de procreación regulares. En términos simples, esto puede resultar en que las criaturas clonadas tengan periodos de vida marcadamente reducidos comparados al periodo de aquellas criaturas producidas por vía normal, o reproducción sexual. Si estas informaciones son confirmadas, estos descubrimientos obviamente tendrán implicaciones serias para los intentos en la clonación humana. Si un hombre de 65 años fuera clonado (para escoger solo un ejemplo), ¡el clon puede comenzar exactamente su vida con una ventaja de 65 años hacia la tumba! El jurado todavía está excluido acerca del asunto de la muerte temprana de los organismos clonados, pero los resultados hasta este tiempo no lucen prometedores en ciertas especies (vea, por ejemplo, Humphreys, 2001).

En marzo 9 del 2001, tres ganados vacunos clonados por científicos de la Universidad del Estado de California en Chico parecían haber nacido saludables, pero dos de los becerros murieron de falla brusca del sistema inmune, y fue reportado del tercero el estar fallando rápidamente (vea Cooper, 2001). Aunque no reportados extensamente en los medios noticieros, tales eventos están llegando a ser bastante comunes concernientes a los animales clonados, y sirven para demostrar los peligros potenciales de la clonación humana. Muchos de los animales que han sido clonados han experimentado mutaciones obvias, mientras otros han muerto pocos después del nacimiento, aún cuando aparentemente parecían ser bastante normales (vea, por ejemplo, Humphreys, 2001). En los estudios realizados en ganado vacuno clonado por Cyagra, Inc., una compañía de Kansas que estudia los aspectos mercantiles de la clonación de ganado, “la compañía tiene alrededor de un 6 por ciento del índice de los nacimientos; de esos becerros, alrededor de la mitad mueren tan pronto como después que nacen” (como citado en Cooper, 2001).

Un reporte inquietante en la edición de julio 6 del 2001 de la revista Science señaló este mismo punto, y documentó el hecho de que mientras los animales clonados pueden parecer normales, y pueden incluso comportarse un tanto normal, la verdad es que algunas veces estos animales están muy lejos de lo normal. El reporte continúa anunciando que los científicos han encontrado la primera evidencia de que los clones “que parecen normales” pueden abrigar anomalías genéticas serias. Para los investigadores interesados en esforzarse en conseguir la clonación como un método alterno de reproducción, las noticias de los científicos del Instituto Whitehead por la Investigación Biomédica y de la Universidad de Hawai representaron una verdadera bomba estallada justo a la vuelta de la esquina. El primer enunciado escrito titulado “Epigenetic Instability in ES Cells and Cloned Mice” (“Inestabilidad Epigenética en Células ES y Ratones clonados”) por David Humphreys y colegas se lee como sigue: “La clonación por transferencia nuclear es un proceso ineficiente en el cual la mayoría de clones muere antes del nacimiento y los sobrevivientes a menudo exhiben anomalías de crecimiento” (p. 95, énfasis añadido). Ésta no es exactamente la imagen de clonación que los investigadores federalmente patrocinados quieren que el público en general vea.

No obstante, considere que tomó más de 277 embriones para hacer una Dolly. Los científicos están reportando índices de éxito de solamente el 1-2%, y de aquellos que sí viven, muchos llegan a ser adolescentes y adultos anormales. ¿Cuántos embriones humanos descartados y desfigurados tomaría antes que la técnica llegue a ser exitosa?

Los procedimientos de la clonación actualmente incluyen la extirpación del núcleo de un óvulo (que contiene el “plano” genético de la célula) para remplazarlo con el núcleo de una célula adulta que ha sido estresada, o una célula madre embrionaria. Bajo condiciones normales, las células atraviesan por un proceso conocido como “diferenciación”, durante el cual todo el ADN en la célula es “desactivado”—excepto por una porción pequeña que instruye a la célula concerniente a su destino futuro. Por ejemplo, una vez que una célula se distingue, puede llegar a ser una célula solamente de un músculo, una neurona, una célula hemática, una célula de uña etc. Desde luego, los científicos no tienen deseo de clonar un laboratorio completo de células de uñas. Lo que ellos quieren es clonar organismos completos. Pero para hacer eso, ellos deben encontrar células recién formadas (e.g., células del tallo) que todavía no se han diferenciado, o ellos deben “estresar” células más viejas completamente formadas que anteriormente se han diferenciado para forzarles a regresar a un estado indiferenciado.

Como notamos anteriormente, los científicos ya han clonado a lo menos cinco mamíferos. Aún así, los científicos directamente involucrados en la investigación son críticos de los métodos y de los resultados finales actuales. En un artículo de la edición de marzo 30 del 2001 de la revista Science, Rudolf Jaenisch (uno de los autores del estudio de Humphreys sobre los ratones clonados) e Ian Wilmut escribieron:

La clonación del animal es ineficiente y es probable que permanezca así por el futuro inmediato. Los resultados de la clonación en el desarrollo neonatal o de gestación fracasan. En el mejor de los casos, un porcentaje pequeño de los embriones de la transferencia nuclear sobrevive al nacimiento y, de aquellos, muchos mueren dentro del periodo perinatal. No existe razón para creer que las consecuencias del intento de la clonación humana serán algo diferentes. Los pocos rumiantes clonados que han sobrevivido para calificar y parecer normales son a menudo demasiado grandes, una condición referida como “síndrome de descendencia grande”. Lo más común son los defectos más drásticos que ocurren durante el desarrollo. El mal funcionamiento de la placenta es considerado una causa de muerte embrionaria observada frecuentemente durante la gestación. Los clones recién nacidos a menudo exhiben aflicción respiratoria y problemas circulatorios, las causas más comunes de muerte neonatal. Incluso los sobrevivientes aparentemente saludables pueden sufrir de disfunción inmune, o malformación del riñón o del cerebro, lo cual puede contribuir luego a la muerte (2001, 291:2552).

Existe poca duda de que es solamente cuestión de tiempo hasta que alguien, en algún lugar, intente sumar a los humanos a la lista de criaturas que han sido clonadas. Tan espantoso como el pensamiento pueda ser para muchos del público en general, lo cierto es que los científicos alrededor del mundo están trabajando en producir un clon humano—un hecho que nunca debería ser sorprendente. Existe poca duda entre aquellos “enterados” en la comunidad científica que Ian Wilmut, el científico escocés que dirigió al grupo que clonó a Dolly, es “a la medida” para un Premio Nobel en algún punto del futuro no muy lejano. Si, como muchos científicos creen, el Dr. Wilmut sí recibe el Nobel, él podrá comprar “su pase directo” a cualquier laboratorio o posición de enseñanza en el mundo. Con un premio que vale bien más de un millón de dólares (libre de impuestos en cualquier país en el mundo), y el prestigio inaudito que lo acompaña, él podrá ir donde quiera y hacer como quiera. Otros antes de él ciertamente lo han hecho. Después de todo, el Nobel es el Rolls Royce de los premios científicos. Imagine la fama, fortuna, y los elogios que le esperan—¡todo por clonar a una humilde oveja! Entonces, imagine la fama, fortuna, y elogios que pueden ser igualmente amontonados sobre el primer científico que anuncie a un mundo aguardando; “¡Yo cloné al primer humano!”. Y así, la carrera está en marcha. Poco después que Dolly fue clonada, Richard Seed (quien no es ni siquiera un científico de la vida, pero en cambio tiene un doctorado en física) proclamó públicamente que él iba a establecer un laboratorio en el centro de Chicago, Illinois, del cual su único propósito sería el clonar humanos. [Actualmente, las leyes federales promulgadas poco después que Dolly fue clonada prohíben la clonación de humanos en Norteamérica—pero solo en los laboratorios que reciben fondos del gobierno. No obstante, el Dr. Seed ha clarificado que él no buscará ni aceptará tales fondos; por ende, las prohibiciones de la ley no se aplicarán a sus esfuerzos]. Para complicar el asunto, están comenzando a salir a la luz reportes diarios acerca de otros grupos de científicos que están trabajando en clonar, o que ya lo han intentado—con grados variados de éxito. Por ejemplo, Clonaid, una compañía establecida en las Bahamas del cual su director científico es el científico francés Brigitte Boisselier, Ph.D., ha anunciado que la compañía se está moviendo hacia adelante con planes de clonar el primer humano para algún tiempo en el 2001. El Dr. Boisselier comentó:

Nuestra primera meta en Clonaid, es desarrollar una manera segura y fidedigna de clonar un ser humano. ¿Quién, hoy en día, se escandalizaría con la idea de traer devuelta a la vida a un niño de 10 meses de edad que muriera accidentalmente? La tecnología lo permite, los padres lo desean, y yo no veo ningún problema ético en esto (2001).

De acuerdo con reportes publicados, más de 50 madres de alquiler han sido escogidas para cargar los fetos humanos clonados, incluyendo la propia hija del Dr. Boisselier de 22 años de edad, Marina Cocolios. Y, Clonaid admite haber montado un laboratorio secreto en los Estados Unidos para el único propósito de clonar humanos (vea Dixon, 2001).

La pregunta no es: ¿Podemos clonar humanos? Nosotros ciertamente poseemos la tecnología para hacerlo. La pregunta es: ¿Deberíamos clonar humanos? Desde luego, esa es una pregunta que la ciencia no puede contestar. Es verdad que la ciencia es una empresa que ha bendecido nuestras vidas inmensamente. Ésta ha curado terribles enfermedades (solamente unos pocos años atrás la Organización Mundial de Salud anunció que ¡hemos erradicado la viruela mundialmente!). Ésta nos ha permitido enviar al hombre a la Luna. Y nos ha ayudado a producir animales y cultivos que son abundantemente suficientes como para alimentar a la población del mundo continuamente creciente. Aunque en efecto, la ciencia es amoral (note, no inmoral, sino amoral). Es decir, la ciencia no trata con la moral, y no está equipada para hacer juicios morales ya que eso es algo que yace más allá del método científico.

En cualquier momento que alguien nos entregue una tecnología nueva “sacada de paquete”, nosotros debemos siempre recordar preguntar: ¿Cuáles son las implicaciones de esta tecnología? Por ejemplo, ¿queremos que la gente pueda escoger el sexo de sus hijos de antemano? ¿Queremos que parejas homosexuales “produzcan” hijos? Y ¿queremos utilizar la ciencia para promover la liberación de la mujer? Nosotros hemos oído siempre el viejo dicho de Cockney, “toma un hombre para conseguir una niña”. No más. Con la clonación, los hombres no serán necesitados más. ¿Qué acerca de crear un gran grupo de clones para estudios estadísticos—o como partes de repuestos? ¿Qué de aquellas personas que desean inmortalidad (a lo menos en cuerpo, si no en alma)? Y finalmente, ¿queremos embriones humanos muertos y muriendo llenando los laboratorios alrededor del país?

En el fondo, ¿es la clonación tan buena como se dice? Si los intentos de clonar humanos son exitosos, ¿sería un clon un duplicado exacto del original? Un clon sería un duplicado genético exacto del original—la palabra “genético” provee una distinción crítica. El poseer simplemente genes idénticos no garantiza gente idéntica. Pregunte a alguien que tiene mellizos idénticos. De hecho, los mellizos serían más parecidos que los clones por la simple razón de que los mellizos hubieran compartido el mismo medio ambiente, crianza, etc. Los seres humanos son más que solamente una “bolsa de genes”. Cada uno de nosotros es el producto final de numerosas fuerzas externas que nos influencian desde la cuna hasta la tumba. Nuestras personalidades y actitudes son formadas por los padres, amigos, profesores, rutinas diarias, interacciones sociales, y muchos otros factores que nos afectan durante nuestro tiempo de vida.

Si los científicos tuvieran éxito en clonar humanos, ¿poseerían los clones un alma? Mucho del debate que ocurre hoy en día (especialmente en el entorno religioso) se centra en esta pregunta. Señalando el punto de lo que parecía en ese tiempo una posibilidad improbable de clonar un humano, Duane Gish y Clifford Wilson inquirieron: “¿Sería un clon verdaderamente humano? La respuesta es que, efectivamente, el sería humano, ya que su vida vino de vida humana aunque en una manera diferente de lo que es normalmente el caso” (1981, p. 174). Adicionalmente, ellos anotaron, el clon humano “está ya vivo, responsable ante Dios por sus acciones, necesitando preservar su propio cuerpo en contra de las enfermedades, ver si es apropiadamente alimentado, y todo lo demás. Cada clon tendría su propia responsabilidad individual, su propia alma” (p. 172).

Nosotros coincidimos con tal evaluación. En Santiago 2:26, Santiago hizo esta observación: “El cuerpo sin espíritu está muerto”. Desde luego, el punto es que cuando el espíritu se separa del cuerpo, resulta la muerte. Pero hay un corolario obvio e importante para este enunciado. Si el cuerpo está vivo, el caso debe ser que el espíritu está presente. Este es un principio bíblico que no puede, y no debe ser ignorado—especialmente a la luz de la presente controversia. Lo cierto es que si los científicos tuvieran éxito al clonar humanos vivientes, esos clones poseerían un alma. Aunque solamente Dios puede infundir un alma. Él es Quien “da a todos vida y aliento a todas las cosas” (Hechos 17:25). Es solamente “en Él” que “vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). El asunto no es si el hombre es lo suficientemente inteligente para clonar un humano, sino en cambio—en caso que esto finalmente pase o no—si Dios infundiría a la criatura inanimada en el laboratorio con un alma. Esta es una pregunta que nadie sino solamente Dios puede responder.

La clonación es un intento por burlar la ley de Dios concerniente a la reproducción humana. En 1 Timoteo 5:14, el inspirado apóstol Pablo dijo que las mujeres jóvenes “se casen, críen hijos, gobiernen su casa”. Note lo que el orden divinamente provisto involucra. El matrimonio debe preceder a la crianza de los hijos. Con la clonación, el matrimonio llega a ser irrelevante y obsoleto. Cualquier acción que golpee el corazón del plan divino de Jehová y el propósito para el hogar debe ser evitada y opuesta.

REFERENCIAS

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