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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

El Principio Antrópico
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

En más de una ocasión, aunque los científicos evolucionistas luchan diligentemente por desvanecer a Dios de Su propio Universo, ellos han encontrado inadvertidamente evidencia tan poderosa y asombrosa que consagra a Dios aún más como el Creador. Sin embrago, en vez de admitir simplemente que sus hallazgos confirman la existencia de un Creador, ellos han hecho lo que solamente puede ser descrito como esfuerzos extraordinarios para “explicar” los datos (y sus implicaciones) con el fin de que la evolución pueda permanecer como la teoría de los orígenes más popular.

Por ejemplo, Stephen Hawking, en su libro, A Brief History of Time (Una Breve Historia del Tiempo), observó: “La totalidad de la historia científica ha sido la comprensión gradual de que los eventos no pasan en una manera arbitraria, sino que reflejan un cierto orden subyacente, el cual puede o no ser divinamente inspirado” (1988, p. 122). Pero después de reconocer el “orden subyacente” innegable en la naturaleza, el Dr. Hawking rápidamente prescindió de éste y a través de su libro encomió las virtudes de la evolución como “la manera en que esto pasó”. El físico británico Paul Davies escribió un libro en el cual la belleza, estructura y la complejidad extrema del Universo y de la Tierra son examinadas en gran detalle. Aunque en su texto sugiere que los humanos existen a causa de “aparentes accidentes numéricos” y “muchos más aparentes accidentes de suerte” (1982, p. 111). Entonces, no es asombroso que titulara su libro, The Accidental Universe (El Universo Accidental). En este volumen se encuentra esta afirmación increíble:

Muchas de las características un poco básicas del Universo están determinadas esencialmente por los valores asignados a las constantes fundamentales de la naturaleza,...y estas características serían alteradas drásticamente si las constantes asumieran valores aun moderadamente diferentes. Es claro que para que la naturaleza produjera un cosmos aun remotamente parecido al nuestro, muchas ramas de la física aparentemente inconexas tuvieran que cooperar en un grado remarcable (1982, p. 111).

Similarmente, el cosmólogo evolucionista John Gribbin escribió:

Nuestra forma de vida depende, en maneras delicadas y sutiles, de varias “coincidencias” aparentes en las leyes fundamentales de la naturaleza que da cuerda al Universo. Sin estas coincidencias, no estaríamos aquí para cavilar sobre el problema de su existencia... ¿Qué significa esto? Una posibilidad es que el Universo que conocemos es un accidente muy improbable, “justo algo inexplicable” (1981, pp. 307,309).

En la edición de mayo de 1983 de Science Digest, el Dr. Gribbin escribió un artículo que trataba en términos claros e inconfundibles del diseño que es evidente en cada aspecto de la creación. El artículo se concentró específicamente en la Tierra haciendo notar cómo esta tiene exactamente la inclinación correcta, exactamente la masa correcta, exactamente la atmósfera correcta, exactamente la distancia correcta del Sol, exactamente la distancia correcta de la Luna, y así sucesivamente. Muy irónicamente, el artículo fue titulado “Earth’s Lucky Break”–“El Golpe de Suerte de la Tierra” (91[5]:36).

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO

Dándose cuenta que el diseño requiere un diseñador, los evolucionistas han invertido tiempo y esfuerzo considerablemente en intentos por explicar o, por lo menos, debilitar las implicaciones de los datos científicos que indican diseño en la naturaleza. A través de los años, ellos han hecho intentos osados para cubrir sus argumentos con una capa de respetabilidad científica, y han sugerido varios “principios” de ciencia para ayudar a la confirmación de esta respetabilidad. Por ejemplo, los evolucionistas han ofrecido el Principio Copernicano, el cual dice que ninguna parte del Universo es más privilegiada que alguna otro parte. El Principio de la Mediocridad dice que la vida sobre la Tierra no es especial, y ya que éste es el caso, las galaxias probablemente están llenas de otras civilizaciones. El Principio Cosmológico Perfecto afirma que el Universo debe ser idéntico siempre. Y así sucesivamente.

Entonces, es sorprendente saber del nombramiento y desarrollo del nuevo principio de la ciencia—El Principio Antrópico. Como implica su nombre (del griego anthropos, “hombre”), este principio depende de la parte del hombre en la existencia del Universo. Para citar a Gribbin, “El ‘Principio Antrópico’ dice que nuestro Universo parece ser hecho a la medida nuestra porque la gente como nosotros solamente puede evolucionar en este tipo de Universo” (1981, p. 309).

¿Dijo el Dr. Gribbin “hecho a la medida”? Sí, lo hizo. Robert Jastrow, fundador y ex-director del Instituto Goddard por los Estudios del Espacio en la NASA, ha explicado por qué se escogió estas precisas palabras, y por qué son apropiadas:

Entonces, según el físico y el astrónomo, parece que el Universo fue construido dentro de limitaciones muy estrechas, en tal manera de que el hombre podría vivir en él. Este resultado se llama el principio antrópico. En mí opinión, este es el resultado más teísta que alguna vez haya venido de la ciencia... Realmente no sé qué debo pensar de este resultado—el Principio Antrópico (1984, pp. 21,22 énfasis en original).

El Dr. Jastrow no se encuentra sólo en su consternación sobre estos nuevos hallazgos de la ciencia. Las implicaciones obvias de un Universo “hecho a la medida” no escaparon a la atención de muchos de sus colegas científicos. Freeman Dyson, del Instituto por el Estudio Avanzado en la Universidad de Princeton, comentó: “Cuando miramos el Universo e identificamos los muchos accidentes de la física y la astronomía que han trabajado juntamente para nuestro beneficio, casi pareciera que el Universo en algún sentido conociera que nosotros vendríamos” (1971, p. 50). Don Fred Hoyle de Gran Bretaña tiene sentimientos aún más fuertes sobre el tema. Hablando de los requisitos precisos necesitados en la naturaleza para sintetizar los átomos apropiados de carbón e hidrógeno para la vida, el Dr. Hoyle observó:

Si usted quisiera producir carbón y oxígeno en cantidades aproximadamente iguales por nucleosíntesis estelar, estos son los dos niveles que necesitaría arreglar, y su arreglo debería estar justamente donde estos niveles realmente son encontrados...una interpretación llena de sentido común de los hechos sugiere que un superinteligente ha jugueteado con la física, como con la química y la biología, y que no existen fuerzas ciegas en la naturaleza que valgan la pena tratar (1954, 1:121).

Paul Davies también está turbado a causa de estos eventos.

Una inspección clara muestra que la Tierra está dotada de “conveniencias” aún más asombrosas. Sin la capa de ozono encima de la atmósfera, la radiación letal ultravioleta del sol nos destruiría, y sin la presencia de un campo magnético, las partículas subatómicas del cosmos inundarían la superficie de la Tierra. Considerando que el Universo esté lleno de violencia y cataclismos, nuestro propio rincón pequeño del cosmos goza de una tranquilidad benigna. Para aquellos que creen que Dios creó el mundo para la humanidad, debe parecer que todas estas condiciones no son de alguna manera un arreglo de circunstancias al azar o caprichosas, sino que reflejan un entorno preparado cuidadosamente en el cual los humanos pueden vivir holgadamente, un ecosistema pre-ordenado donde la vida encaja naturalmente e inevitablemente—un mundo hecho a la medida (1980, p. 143).

¿Cuál es el origen de esta posición novedosa y controversial? Aunque las palabras “el principio antrópico” no son nuevas, su uso en este sentido lo es. Estas palabras fueron aplicadas a estos asuntos por Brandon Carter en 1974 en una conferencia al Sindicado Internacional Astronómico. El Dr. Carter, en ese entonces en la Universidad de Cambridge y ahora en el Observatorio de París, publicó sus comentarios en un artículo de “Large Number Coincidences and the Anthropic Principle in Cosmology” (“Coincidencias de Números Grandes y el Principio Antrópico en la Cosmología”). En su conferencia dijo: “Lo que podemos esperar observar debe estar limitado por las condiciones necesarias para nuestra presencia como observadores” (1974, p. 291). En otras palabras, las condiciones que observamos en el Universo deben incluir aquellas condiciones necesarias para dar origen a vida inteligente, en otro caso, no podríamos estar aquí para observarlas.

Hawking parafraseó el punto de Carter como sigue: “Vemos el Universo como es porque existimos”. Después detalló: “la idea es que existen ciertas condiciones que son necesarias para el desarrollo de vida inteligente: de todos los universos concebibles, solamente en aquellos donde estas condiciones ocurran existirán seres que puedan observar el Universo. Por eso nuestra existencia requiere que el Universo tenga ciertas propiedades...” (1974, pp. 285-286). En su conferencia, y en artículos científicos subsiguientes, Carter presentó lo que él llamó el Principio Antrópico Débil, como opuesto a lo que él llamó el Principio Antrópico Fuerte. Aquí está la diferencia.

El Principio Antrópico Débil

Carter dijo que existía un “efecto de selección biológica” en operación. Las palabras eran suyas, pero la idea para estas (y así la idea para el Principio Antrópico Débil—el cual está basado sobre un concepto conocido como la “selección biológica”) realmente fue presentada trece años atrás en un trabajo publicado en Nature por Robert Dicke (192:440). Utilizando la ilustración de Dicke, esta es la manera como trabajaría el Principio Antrópico Débil. Dicke (como evolucionista) trataba de responder la pregunta, “¿Por qué observamos que el Universo tiene aproximadamente 10 billones de años?”. Desde luego, una respuesta (estrictamente desde una perspectiva evolutiva) sería que es simplemente una coincidencia que observemos que el Universo tiene 10 billones de años. Tony Rothman, escribiendo en la popular revista científica Discover, explicó cómo se solucionó este problema.

Aunque Dicke razonó que el Universo debe ser por lo menos lo suficientemente antiguo como para haber generado los elementos tan pesados como el carbón porque “se conoce bien que el carbón es requerido para crear a los físicos”—o por lo menos a los físicos como los conocemos.

Da la causalidad que el carbón no fue creado en el Big Bang. En cambio primeramente fue sintetizado en las estrellas más antiguas, y después se dispersó a través del espacio cuando las estrellas explotaron en una supernova, un proceso que continúa hoy en día. El tiempo para cocinar el carbón depende de la masa de una estrella, pero oscila en más o menos un billón de años. Entonces, dice Dicke, sería imposible observar un Universo más joven que la estrella más fugaz, ya que los mismos elementos de los cuales somos compuestos no existirían. Por otro lado, si el Universo fuera mucho más antiguo de lo que es, la mayoría de estrellas ya habrían colapsado en estrellas blancas pequeñas, estrellas de neutrones, o agujeros negros, haciendo nuestro tipo de vida imposible por muchas razones. Dicke concluyó que el hecho que veamos que el Universo tiene cerca de diez billones de años no es un accidente sino un resultado necesario del efecto de la selección biológica. La edad observada del Universo, él dijo, “está limitada por los criterios para la existencia de los físicos” (1987, 8[5]:91-92).

Este es un ejemplo del principio antrópico débil, y es una ilustración buena de lo que Carter quiso decir cuando dijo, “Lo que podemos esperar observar debe estar limitado por las condiciones necesarias para nuestra presencia como observadores”. Los valores observados de las cantidades físicas están limitados por el requisito de que sean compatibles con el desarrollo del Homo sapiens. Hawking ha explicado lo que esto significa:

El principio antrópico débil afirma que en un Universo que es grande o infinito en espacio y/o tiempo, las condiciones necesarias para el desarrollo de vida inteligente serán reunidas solamente en ciertas regiones que están limitadas en espacio y tiempo. Por consiguiente, los seres inteligentes en estas regiones no deben asombrarse si observan que su localidad en el Universo satisface las condiciones que son necesarias para su existencia. Esto es un poco como una persona rica que vive en un barrio rico y que nunca ve pobreza alguna (1988, p. 124).

Y, dijo Hawking, “Pocas personas disputarían con la validez o utilidad del principio antrópico débil” (1988, p. 124).

Por supuesto, los creacionistas están de acuerdo, pero por razones diferentes. Aceptamos que el Universo está diseñado intrincadamente para sostener la vida. Aceptamos que si este no fuera el caso, no estaríamos aquí para observarlo (¿cómo podríamos existir en un Universo que no sostendría nuestra existencia?) Aceptamos la conclusión de Dyson de que pareciera como si el Universo “supiera que vendríamos”. Aceptamos la evaluación de Hoyle de que un superinteligente ha “jugueteado con” la física, la química, y la biología del Universo, y que “no existen fuerzas ciegas en la naturaleza que valgan la pena tratar”. Aún más aceptamos con mucho gusto la sugerencia de que nuestro Universo pareciese ser “hecho a la medida”. Estamos de acuerdo con cada una de estas afirmaciones porque: (a) la evidencia científica está de acuerdo con estas; y (b) ¡conocemos al Sastre!

El Principio Antrópico Fuerte

Entonces, ¿qué es el Principio Antrópico Fuerte? Carter lo declaró como sigue: “El Universo debe ser tal como para admitir la creación de observadores en una fase de tiempo”. La mayoría de científicos interpretan que esta versión fuerte del Principio Antrópico significa que el Universo debe ser casi como lo conocemos, o la vida no existiría. A la inversa, si la vida no existiera, entonces, tampoco existiera el Universo.

Pero algunos científicos, aunque contentos en aceptar el Principio Antrópico Débil, se disgustan por las implicaciones de la versión fuerte. Davies ha explicado por qué.

Claramente el principio antrópico fuerte está fundado sobre una base filosófica totalmente diferente del principio débil. En efecto, representa un desvío radical del concepto convencional de la explicación científica. En esencia, clama que el Universo está hecho a la medida para la habitación, y que tanto la ley de la física como las condiciones iniciales se arreglan servicialmente en tal manera que los organismos vivos tienen subsecuentemente su existencia asegurada. En este respecto el principio antrópico fuerte es semejante a la explicación tradicional religiosa del mundo: que Dios hizo el mundo para que la humanidad lo habite (1982, pp. 120-121).

Los astrónomos, los astrofísicos, los biólogos, y muchos otros de una predisposición evolutiva han visto las implicaciones serias del Principio Antrópico Fuerte. Hawking observó:

Las leyes de la ciencia, como las conocemos hoy en día, contienen muchas cifras fundamentales, como la medida de la carga eléctrica del electrón y la proporción de las masas del protón y del electrón. No podemos, por lo menos en este tiempo, predecir los valores de estas cifras por la teoría—tenemos que encontrarlos por la observación. Puede ser que un día descubramos una teoría completamente unificada que los pronostique todos, pero también es posible que algunos o todos estos varíen de un Universo a otro Universo o dentro de un Universo singular. El hecho remarcable es que los valores de estas cifras parecen haber sido ajustados muy delicadamente para hacer posible el desarrollo de la vida. Por ejemplo si la carga eléctrica del electrón hubiera sido solo un poco diferente, las estrellas no pudieran quemar hidrógeno y helio, o no explotarían. Por supuesto, podrían existir otras formas de vida inteligente, no imaginadas incluso por los escritores de ciencia-ficción, las cuales no requerirían la luz de una estrella como el Sol o los elementos químicos pesados que son producidos en las estrellas y lanzados al espacio cuando las estrellas explotan. Sin embargo, parece claro que existen relativamente pocas variedades de valores para las cifras que permitirían el desarrollo de cualquier forma de vida inteligente. Muchos grupos de valores darían origen a Universos que, aunque fueran muy hermosos, no tendrían alguien capaz de admirar esa hermosura. Uno puede tomar esto como una evidencia del propósito divino en la Creación y la elección de las leyes de la ciencia o como el apoyo para el principio antrópico fuerte (1988, p.125, énfasis añadido).

En una manera similar, Davies ha afirmado, “Si creemos en solamente un Universo entonces el arreglo remarcablemente uniforme de la materia cósmica, y la frescura consiguiente del espacio, son casi milagrosos, una conclusión que se parece mucho al concepto religioso tradicional de un mundo construido por Dios con propósito para la habitación subsiguiente de la humanidad” (1980, p. 162). Rothman trató acerca de a dónde guiaría la aceptación del Principio Antrópico Fuerte.

No es un paso grande del PAF [Principio Antrópico Fuerte—LMC] hasta el Argumento del Diseño. Usted conoce el Argumento del Diseño: este dice que el Universo fue hecho con mucha precisión, y si fuera un poco diferente, el hombre no estaría aquí. Por consiguiente, Alguien lo ha hecho.

Cuando escribo estas palabras mi pluma se escandaliza, porque como un físico del siglo XX, conozco que el último paso es un paso de fe, no una conclusión lógica.

Cuando se confronta con el orden y la belleza del Universo y las coincidencias extrañas de la naturaleza, es muy tentador tomar el paso de fe desde la ciencia hasta la religión. Estoy seguro que muchos físicos quieren hacerlo. Solamente deseo que lo admitan (1987, 8[5]:99).

CONCLUSIÓN

Dándose cuenta de las implicaciones obvias de la evidencia científica que apoya las versiones débiles y fuertes del Principio Antrópico, muchos científicos evolucionistas se han rebelado incluso a la simple mención de esto en los corredores de la ciencia. Aunque, en sus momentos más cándidos, a estos evolucionistas les cuesta mucho evitar las implicaciones claras de sus hallazgos. Hawking admitió esto.

En el modelo caliente del Big Bang descrito anteriormente, no habría tiempo suficiente en el Universo primitivo para hacer huir el calor de una región hasta la otra. Esto significa que el estado inicial del Universo debería haber tenido exactamente la misma temperatura en todo lugar para explicar el hecho de que el fondo de microonda tenga la misma temperatura en toda dirección que miramos. El índice de expansión inicial también tuviera que haber sido escogido muy precisamente para que el índice de expansión todavía sea tan cercano al índice crucial necesitado para evitar el re-colapso. Esto significa que el estado inicial del Universo efectivamente tuviera que haber sido escogido muy cuidadosamente si el modelo caliente del Big Bang fue correcto en el principio del tiempo. Sería muy difícil explicar por qué el Universo comenzaría en tal manera, excepto por el acto de un Dios que intentó crear seres como nosotros (1988, pp.126-127, énfasis añadido).

Jastrow se refirió al Principio Antrópico como “el resultado más teísta que alguna vez haya venido de la ciencia”. Entonces, no es sorprendente oír decir a Davies: “Mucha gente de una persuasión religiosa sin duda encontrará apoyo de estas ideas para la creencia de que el Creador no martilló el clavo cósmico al azar, sino que lo hizo con precisión finamente computada, con el propósito expreso de seleccionar un Universo que sería adecuado para la habitación” (1982, p. 123). ¡Esto es exactamente lo que los creacionistas han dicho desde el principio! Es reconfortante ver que algunos científicos evolucionistas finalmente entienden el por qué.

REFERENCIAS

Carter, Brandon (1974), “Large Number Coincidences and the Anthropic Principle in Cosmology,” in Confrontation of Cosmological Theories with Observational Data, ed. M.S. Longair (Dordrecht, Holland: Reidel).

Davies, Paul (1980), Other Worlds (New York: Simon & Schuster).

Davies, Paul (1982), The Accidental Universe (Cambridge: Cambridge University Press)

Dyson, Freeman (1971), Scientific American, September.

Gribbin, John (1981), Genesis: The Origins of Man and the Universe (New York: Delacorte Press).

Gribbin, John (1983), “Earth’s Lucky Break,” Science Digest, 91[5]:36,37,40,102, March.

Hawking, Stephen (1974), “The Anisotropy of the Universe at Large Times,” in Confrontation of Cosmological Theories with Observational Data, ed. M.S. Longair (Dordrecht, Holland: Reidel).

Hawking, Stephen (1988), A Brief History of Time (New York: Bantam).

Hoyle, Fred (1954), in Astrophysics Journal Supplement; see also Hoyle, Fred (1964), Galaxies, Nuclei and Quasars (New York: Harper & Row).

Jastrow, Robert (1984), “The Astronomer and God,” in The Intellectuals Speak Out About God,” ed. Abraham Varghese (New York: Regnery Gateway).

Rothman, Tony (1987), “A ‘What You See Is What You Beget’ Theory,” Discover, 8[5]:90-99, May.

[NOTA DEL AUTOR: El libro más conclusivo todavía escrito sobre el tema del Principio Antrópico probablemente es el volumen de 706 páginas, The Anthropic Cosmological Principle, por John D. Barrow y Frank J. Tipler (1986, Oxford University Press). Aquellos que están interesados en información adicional sobre este tema pueden examinar este libro para una idea suplementaria.]



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