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Apologetics Press :: Creación vs. Evolución

La Controversia Acerca de los Dinosaurios
por Bert Thompson, Ph.D.
[English]
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INTRODUCCIÓN

Un descubrimiento muy inusual en el país de Inglaterra—más de 150 años atrás—envió a los científicos a corretear por respuestas para las preguntas que nunca antes habían sido hechas. En 1822, Gideon Mantell, un doctor de medicina y un coleccionista aficionado de fósiles, fue con su esposa, Mary Ann, a visitar a un paciente enfermo. Mientras que el Dr. Mantell se ocupaba de sus deberes, la Sra. Mantell decidió dar un paseo, y mientras lo hacía pasó por un montón de piedras al costado del camino. Al mirar hacia abajo, ella vislumbró algunos objetos bastante raros—que parecían ser inmensos dientes fosilizados—incrustados en algunas piedras. Ella informó del hallazgo a su esposo, y juntos fueron de camino a la cantera cercana de donde las piedras aparentemente habían tenido su origen. Allí ellos encontraron no solamente más dientes idénticos al primero, sino también varios huesos fosilizados.

El Dr. Mantell creía que los dientes y huesos eran los restos de una criatura no descubierta hasta el momento. Él los mostró a varios científicos, y aunque ninguno de ellos pudo identificar los fósiles, cada uno de ellos rechazó rotundamente creer que estos fueran de alguna criatura misteriosa y no-conocida del pasado. Frustrado, el Dr. Mantell envió sus hallazgos al famoso francés experto en fósiles, Baron Cuvier, quien (incorrectamente) identificó los dientes como los de un rinoceronte, y los huesos como los de un hipopótamo extinguido. Más tarde, el Dr. Mantell mostró los huesos a un amigo familiarizado con la iguana, un lagarto que vivía tanto en Méjico y América del Sur. Aunque los dientes fosilizados eran mucho más grandes, su amigo declaró que estos lucían exactamente como los dientes de la iguana. Convencido de que él había descubierto los restos de un animal como-reptil gigante herbívoro, el Dr. Mantell lo llamó Iguanodonte (“iguana-diente”). Mientras tanto, inmensos huesos y dientes eran desenterrados en Oxfordshire, Inglaterra, y se concluyó que habían venido de Megalosaurio, un animal como-lagarto. Para 1842, suficiente de estas clases de fósiles habían sido descubiertos como para convencer al destacado anatomista británico, Don Richard Owen, que un grupo completo de reptiles inmensos como-lagartos habían vivido en el pasado. En una conferencia en ese mismo año, él creó el nombre “dinosaurios” (de las palabras griegas deinos y sauros—“lagartos muy grandes”) para describirlos.

Pronto los cazadores de fósiles de América se unieron en la búsqueda de fósiles adicionales de estas criaturas sorprendentes. El clímax llegó en marzo de 1877 cuando dos profesores, Arthur Lakes y O.W. Lucas, separadamente dieron con huesos colosales que se proyectaban de las rocas en dos diferentes áreas de Colorado. Lakes llevó su hallazgo al paleontólogo bien-conocido, Othniel Marsh. Lucas compartió su descubrimiento con el amargo rival de Marsh, Edward Cope. Juntos, Marsh y Cope llegaron a ser los más famosos “cazadores de dinosaurios” en los Estados Unidos. Cope finalmente fue responsable de nombrar 9 géneros nuevos de dinosaurios; Marsh describió un total de 19. Como resultado de su trabajo, y del trabajo de científicos en otros países, nadie que estudiaba la evidencia dudaba nunca más de la existencia de los dinosaurios.

LOS DINOSAURIOS, LA CREACIÓN, Y LA EVOLUCIÓN

Hoy, la controversia entre los evolucionistas y los creacionistas se centra en el asunto de cuándo los dinosaurios se extinguieron. Existe un abismo entre estos dos grupos que nunca será puenteado—mientras que cada lado mantenga su punto de vista presente. Los evolucionistas defienden que los dinosaurios evolucionaron de algún reptil antiguo 200 millones de años atrás, y que estos llegaron a extinguirse alrededor de 65-70 millones de años atrás. El hombre (en alguna forma) presuntamente evolucionó solamente 2-3 millones de años atrás y por ende estuvo separado de los dinosaurios por aproximadamente 65 millones de años de tiempo geológico. Los creacionistas que aceptan el registro de Génesis como un relato exacto e histórico de la actividad creativa de Dios se oponen a tales reclamaciones, y en cambio sostienen que los dinosaurios fueron creados por Dios dentro de los seis días literales descritos en el registro bíblico. Por ende, el hombre y los dinosaurios hubieran sido creados en esencialmente el mismo tiempo y hubieran vivido juntos como contemporáneos sobre la Tierra.

¿Por qué es la Controversia Acerca de los Dinosaurios tan Importante?

Los dinosaurios constituyen maravillosas herramientas de enseñanza. Es raro el adulto—e incluso más el niño—que no tiene un interés intenso en los dinosaurios. Estas bestias magníficas con nombres polisilábicos capturan nuestra atención cuando nos fijamos en su tamaño gigantesco, su piel como de lagarto, o en el terror que ellos aparentemente pudieron crear mientras que vagaban por la Tierra. Desde la escuela inicial hasta la secundaria, los dinosaurios a menudo son usados como una herramienta para adoctrinar a los estudiantes en cuanto al “hecho” de la evolución orgánica. En la mayoría de escuelas públicas, institutos y entornos universitarios, cuando los dinosaurios son tratados es dentro del contexto de su origen evolutivo, desarrollo y extinción. Los estudiantes son informados que estos animales maravillosos evolucionaron de algún reptil antiguo en lo que ahora conocemos como pájaros. En tal entorno, es común usar a los dinosaurios para instruir simultáneamente sobre la naturaleza antigua de la Tierra y/o el Universo.

¿Qué efecto tiene esta clase de enseñanza sobre las mentes jóvenes? Ya que casi todo joven tiene una fascinación con los dinosaurios, y ya que los maestros están entre los adultos más confiables de todos, los chicos a menudo aceptan sin cuestionamiento el dogma evolutivo y su concepto ligado de una Tierra antigua. ¿Con qué resultado? Si el testimonio de muchos de los mismos evolucionistas puede ser aceptado como valor nominal, el estudio de dinosaurios sería el factor decisivo en su conclusión de abandonar su creencia en Dios y aceptar en su lugar la evolución orgánica. Los evolucionistas como Stephen Jay Gould, Robert Bakker, y otros han sido registrados declarando que fue su estudio (a una edad joven) de los dinosaurios lo que les fijó en su camino de toda la vida como evolucionistas. El Dr. Bakker incluso comentó sobre este hecho en el prefacio de su libro inmensamente popular sobre dinosaurios, The Dinosaur HeresiesLas Herejías Acerca de los Dinosaurios (1986, p. 9).

Edward O. Wilson, quien es reconocido extensamente como el padre de la disciplina científica conocida como la sociobiología, una vez comentó que cuando tenía quince años de edad, él tenía un “gran fervor e interés en la religión fundamentalista; Yo lo abandoné a los diecisiete cuando llegué a la Universidad de Alabama y oí acerca de la teoría evolutiva” (1982, p. 40). Henry Morris, ex profesor y jefe de departamento en el Instituto Politécnico de Virginia, declaró que él “pasó más de veintiocho años enseñando en universidades seculares y observó esta triste historia repetirse en muchas vidas” (1984, p. 113). Ya que estos son fascinantes para los niños, ya que estos son una ayuda de enseñanza tan efectiva, y ya que estos generalmente son usados para enseñar la evolución, los dinosaurios representan una herramienta formidable que puede ser empleada para robar a los estudiantes de todas las edades de su fe en Dios y en la Biblia como Su Palabra. Esto hace a la controversia acerca de los dinosaurios extremadamente importante.

La Biblia y los Dinosaurios

A menudo es hecha la pregunta, “Si los dinosaurios son tan importantes, ¿por qué la Biblia no los menciona?”. Existen varias maneras de responder a tal pregunta.

Primero, la palabra “dinosaur” (“dinosaurio”) incluso no entró al lenguaje inglés hasta 1842, mientras que la Biblia en inglés fue traducida mucho más antes (por ejemplo, la versión en inglés King James fue imprimida tan temprano como en 1611). ¡Uno nunca esperaría encontrar una palabra en un libro publicado más de dos siglos antes que la palabra incluso se originara!

Segundo, es importante notar que numerosos organismos no son mencionados por nombre en la Biblia, aunque tal omisión no proyecta duda acerca de su creación o su existencia. La Biblia no menciona a los gatos, canguros, o bacterias. No obstante, exactamente como las cosas que son mencionadas por nombre, es obvio, que estas cosas fueron creadas por Dios. Aunque la Biblia habla fielmente sobre todos los temas con los cuales trata, ésta nunca fue intencionada a servir como un libro de texto de taxonomía. Como un ejemplo, el propósito del libro de Génesis no fue catalogar a cada organismo que alguna vez vivió, sino en cambio presentar un resumen general-aunque-preciso de los eventos históricos que realmente ocurrieron durante la semana de la creación.

Tercero, aunque la palabra “dinosaurio(s)” no es mencionada en la Biblia, existe evidencia convincente que los dinosaurios, y criaturas como-dinosaurios, son descritos, directa o indirectamente, en la Palabra de Dios. Entre los pasajes que pueden ser considerados están Job 40:15-24 y Job 41:1-34.

No obstante, el pasaje que contiene las implicaciones más serias en este asunto es Éxodo 20:11. Al dar a conocer, “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay”, la Biblia clarifica que la totalidad de la creación física de Dios fue traída a existencia durante aquellos seis días. El apóstol Juan escribió que “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Si Dios creó la Tierra, los cielos, los mares, y todo en ellos en seis días, ¿qué exactamente omite eso? No omite absolutamente nada. Añádase a esto el enunciado encontrado en Génesis 1:31 y 2:1, y el caso es fortalecido considerablemente. En Génesis 1:31, cuando consideró todo lo que había hecho, Dios lo proclamó “bueno en gran manera”—la frase hebrea que representa tanto terminación y perfección. En Génesis 2:1, Él entonces declaró que la creación fue “acabada”, indicando una acción completada una vez por todas, sin continuación en el futuro.

Por ende la información presentada puede ser resumida como sigue: (a) Dios creó todo en seis días; (b) esa creación fue completa y perfecta; y (c) la creación fue acabada. Las implicaciones de esta enseñanza son claras. De acuerdo con el registro del Génesis, ningún animal fue creado antes del día cinco, tiempo en el cual Dios creó las criaturas que habitan en el agua y los pájaros (Génesis 1:20-23). En el día sexto (Génesis 1:24,25), Dios creó las “cosas que se arrastran” y las “bestias de la tierra”—descripciones que de hecho incluirían a los dinosaurios. Ya que el hombre igualmente fue creado en el día seis (Génesis 1:26,27), la conclusión ineludible es que los hombres y los dinosaurios vivieron en la Tierra como contemporáneos.

A través de los años, han sido hechos numerosos intentos de introducir en el registro bíblico la idea de una Tierra antigua para que así los conceptos evolutivos (tales como la separación de los hombres y los dinosaurios por millones de años de tiempo evolutivo) pudieran ser aceptables para los creyentes en la Biblia. Estos intentos (generalmente en la forma de la Teoría del Día-Edad o la Teoría de la Brecha) han fallado, ya que las premisas sobre las cuales éstas han sido desarrolladas son falsas. Yo he examinado y refutado cada una de estas teorías en otros tratados (Thompson 1994a; 1994b; 1999; 2000). Aunque la conclusión de que los hombres y los dinosaurios cohabitaran la Tierra esté reñida con el pensamiento evolucionista actual, ésta es la única conclusión que respeta la inspiración de la Biblia. Por consiguiente ésta es la posición que nosotros defendemos, y que propugnamos que sea enseñado a nuestros hijos.

¿DÓNDE SE FUERON LOS DINOSAURIOS?

Muchas teorías han sido sugeridas para explicar la extinción de los dinosaurios, pero ninguna calza toda la evidencia disponible o es probable. En su libro, Earth’s Most Challenging Mysteries (Los Misterios Más Desafiantes de la Tierra), el fallecido Reginald Daly documentó más de veinte explicaciones para la desaparición de los dinosaurios (1972, pp. 29 et.seq.), y desde la publicación de su trabajo varias teorías adicionales han sido también incrementadas. La idea sugerida más a menudo para explicar la desaparición de los dinosaurios se centra sobre un repentino cambio climático sobre la Tierra—un cambio tan drástico que los dinosaurios nunca más pudieron sobrevivir. El ganador del premio Nobel Luís Álvarez y su hijo Walter sugirieron, por ejemplo, que los dinosaurios perecieron en un periodo de tiempo relativamente corto 65 millones de años atrás (por escalas evolutivas de tiempo) cuando un objeto como-asteroide impactó con la Tierra, despidiendo polvo y hollín que bloquearon los rayos del Sol y causaron que las plantas mueran—lo cual a su vez causó que los herbívoros murieran, lo cual a su vez causó que los carnívoros murieran (vea: Hoffman, 1982, pp. 58-63; Discover, 1984, pp. 21 et.seq.; Alvarez y Asaro, 1990, pp. 78-84). Aunque esta teoría particular tiene muchos partidarios, y aunque ha sido popular por varios años, ésta también tiene un número de detractores creíbles (vea Courtillot, 1990, pp. 85-92). De hecho, la portada de la edición de junio del 2002 de la revista Discover contenía lo siguiente en letras grandes y enfáticas: “¿Qué realmente mató a los dinosaurios? Puede ser el tiempo de parar de culpar a ese asteroide”. El artículo principal por Edwin Dobb, “¿What Really Wiped Out the Dinosaurs?” (“¿Qué Realmente Aniquiló a los Dinosaurios?”), bosquejaba en gran detalle muchos de los problemas de la teoría rápidamente decreciente del “impacto del asteroide” (2002, 23[6]:36-48).

Los creacionistas generalmente creen que la extinción de los dinosaurios puede estar ligada, a lo menos en parte, al Diluvio global de Génesis 6-8 (vea, por ejemplo, Gish 1977, pp. 55-60; 1990, pp. 73-75). Existe evidencia convincente para indicar que el mundo pre-diluviano fue mucho más diferente que el mundo pos-diluviano (vea Dillow, 1981; Gish, 1990, pp. 74-75). Los efectos devastadores de diluvios locales son bien documentados. Entonces, ¿qué clase de daño puede esperarse de un Diluvio global que cubrió muy literalmente “todos los montes de toda la tierra” (Génesis 7:19)? Muchos científicos creacionistas creen que los dinosaurios sobrevivieron por un tiempo después del Diluvio, pero a causa de las condiciones ambientalmente hostiles, finalmente perecieron.

Algunos han cuestionado que si el arca de Noé fue suficientemente grande para dar cabida a todos los animales, incluyendo a los dinosaurios, que tenía que llevar. Existe un número de parámetros importantes que deben ser considerados al responder esta pregunta. Los lectores interesados en información adicional sobre este tema pueden desear examinar el tratado intensivo de John Whitcomb y Henry Morris sobre estos asuntos en su texto clásico, The Genesis FloodEl Diluvio del Génesis (1961), o el tratado más reciente (e incluso más exhaustivo) de John Woodmorappe en su libro, Noah’s Ark: A Feasibility StudyEl Arca de Noé: Un Estudio de la Viabilidad (1996). No obstante, un resumen breve puede incluir lo siguiente.

Primero, ya que Dios mismo designó y creó las criaturas que componían el reino animal, es lógico concluir que Él fue capaz de diseñar una embarcación lo suficientemente grande para llevar una porción de esos animales a lugar seguro. Afirmar lo contrario es impugnar tanto la naturaleza y la integridad de Dios.

Segundo, el arca tenía alrededor de 450 pies de largo, 75 pies de ancho, 45 pies de alto, con un poco más de 100,000 pies cuadrados de espacio de carga. Noé fue instruido a traer a bordo a los animales que habitan en la tierra y respiran aire (Génesis 6:19,20; 6:8,9; cf. 7:22). Hoy en día el número de especies de animales que calzan esa descripción es alrededor de 20,000. Asumiendo que otras 20,000 especies hayan llegado a extinguirse desde ese tiempo, Noé hubiera tenido que albergar aproximadamente 80,000 animales en el arca. Se ha calculado que el tamaño promedio de esos animales es aproximadamente el de una oveja (vea Gish, 1990, p. 75). Por ende, alrededor de 50,000 pies cuadros de espacio en la embarcación estarían llenos, dejando otros 50,000 disponibles para productos alimenticios, habitaciones, etc. [NOTA: Las “especies” bíblicas no son necesariamente lo mismo que las “especies” de los biólogos, sino puede ser una clasificación mucho más amplia. Vea Major, 1993; Thompson y Major, 1986].

Tercero, puede ser que Dios le permitiera a Noé algo de latitud con respecto a los animales que fueron llevados a bordo. Por ejemplo, tal vez no fue necesario que Noé llevara a bordo animales adultos; en cambio animales inmaduros pueden haber viajado con él. Esto hubiera ahorrado espacio, reducido la cantidad de productos alimenticios necesitados, y posiblemente prevenido problemas reproductivos potenciales durante el viaje.

Cuarto, es posible que Dios pudiera haber colocado a algunos, o a todos, los animales en hibernación, por ende haciendo más fácil su cuidado. El punto es que el Diluvio fue iniciado y controlado por Dios desde el comienzo hasta el final. Esto envolvía tanto la intervención providencial y milagrosa de Dios. Ninguna de estas debería ser menospreciada en importancia al interpretar el relato histórico de Génesis 6-8.

CONCLUSIÓN

El registro mosaico de la creación es inexhaustiblemente sublime. En éste, nosotros aprendemos de la creación de los cielos y la Tierra por un Dios Todopoderoso. Por medio de fíat divino, la luz fue formada y la atmósfera fue forrada alrededor de este planeta. Los grandes mares fueron reunidos juntos y separados de la tierra seca. El mundo de la botánica milagrosamente floreció y las luces se encendieron en los cielos. Las aguas rebosaban con criaturas vivientes y los pájaros volaban a través del aire prístino. Variedades de animales domésticos y bestias fueron también creados. Finalmente—el ápice, el pináculo, el cenit de la creación de Dios—se paró orgulloso sobre el seno de la Tierra. Y el dinosaurio—una de las criaturas más majestuosas de Dios—se paró con él. Sin duda ellos consideraban la existencia del otro.

Hoy, nosotros continuamos considerando a estos animales intrigantes. Y qué gran herramienta de enseñanza ellos constituyen para nuestros hijos y nietos, los cuales necesitan entender que el mismo Dios Quien creó estos impresionantes gigantes de igual manera les creó. Vamos a aprovechar cada oportunidad para enseñar estas lecciones urgentes a nuestros jóvenes. Si nosotros no les enseñamos la veracidad del relato del Génesis de la creación, e inculcamos en ellos la importancia de, y reverencia por, la Palabra inspirada de Dios, alguien más puede socavar su fe joven al enseñarles el error de la evolución orgánica—usando a los dinosaurios para lograr esta tarea.

REFERENCIAS

Alvarez, Walter and Frank Asaro (1990), “An Extraterrestrial Impact,” Scientific American, 263[4]:78-84, October.

Bakker, Robert T. (1986), The Dinosaur Heresies (New York: William Morrow).

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Daly, Reginald (1972), Earth’s Most Challenging Mysteries (Nutley, N.J.: Craig Press).

Dillow, Joseph (1981), The Waters Above (Chicago, IL: Moody).

Dobb, Edwin (2002), “What Wiped Out the Dinosaurs?,” Discover, 23[6]:36-48, June.

Discover (1984), “The Great Dyings,” 5[5]:21-24,26-32, May.

Gish, Duane T. (1977), Dinosaurs: Those Terrible Lizards (San Diego, CA: Creation-Life Publishers).

Gish, Duane T. (1990), The Amazing Story of Creation from Science and the Bible (El Cajon, CA: Institute for Creation Research).

Hoffman, Paul (1982), “Asteroid on Trial,” Science Digest, 90[6]:58-63, June.

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Morris, Henry M. (1984), The Biblical Basis for Modern Science (Grand Rapids, MI: Baker).

Thompson, Bert (1994a), “Popular Compromises of Creation—The Day-Age Theory,” Reason & Revelation, 14:41-47, June.

Thompson, Bert (1994b), “Popular Compromises of Creation—The Gap Theory,” Reason & Revelation, 14:49-56, July.

Thompson, Bert (1999), The Bible and the Age of the Earth (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Thompson, Bert (2000), Creation Compromises (Montgomery, AL: Apologetics Press), second edition.

Thompson, Bert and Trevor J. Major (1986), “How Many Clean Animals Did Noah Take into the Ark—Seven, or Fourteen?,” Reason & Revelation, 6:49-50, December.

Whitcomb, John C. and Henry M. Morris (1961), The Genesis Flood (Grand Rapids, MI: Baker).

Wilson, Edward O. (1982), “Toward a Humanistic Biology,” The Humanist, Sept./Oct.

Woodmorappe, John (1996), Noah’s Ark: A Feasibility Study (Santee, CA: Institute for Creation Research).



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