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La Naturaleza de la Inspiración Bíblica
por Dave Miller, Ph.D.
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¿Qué significa la frase “la Biblia es inspirada”? Son muchas las respuestas para esta pregunta. Algunos consideraran que la Biblia es “inspirada” de la misma manera en que las obras de grandes autores (e.g., Homero, Shakespeare, Dickens o Eliot) en la historia han sido superiores a las obras literarias de las personas regulares. Otros dicen que los escritores de la Biblia fueron influenciados sobrenaturales, pero que sus registros adolecen de las mismas fallas que los simples humanos están propensos a cometer. Mucha gente no evalúa las mismas declaraciones de la Biblia en cuanto a su inspiración. Antes que se determine que la Biblia es “inspirada”, es necesario conceptualizar el significado y la naturaleza de esa inspiración. La Biblia está literalmente llena de descripciones en cuanto a la esencia de su propia inspiración.

Pablo declaró directamente, “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). El término griego para la palabra “inspiración” significa “soplada por Dios” (Vincent, 1900, 4:317). Pablo estuvo informando que la Escritura, principalmente el Antiguo Testamento, es el producto del aliento de Dios. Dios realmente sopló las Escrituras. La Biblia es la Palabra de Dios—no del hombre; aunque Él usó al hombre para producirla. Tres versículos después (4:2), Pablo amonestó a Timoteo a predicar la Palabra. ¿Por qué? Porque es la Palabra de Dios. Así como el aliento de Dios dio existencia al Universo (Salmos 33:6), la Biblia es el resultado del aliento de Dios.

Pedro hizo alusión a la ocasión trascendental de la transfiguración de Cristo cuando Dios literalmente habló desde el cielo directamente a Pedro, Jacobo y Juan (2 Pedro 1:19-21). Dios enfatizó oralmente que Jesús es Su Hijo amado, y que los seres humanos deben oírle (Mateo 17:5). Pedro luego declaró, “Tenemos también la palabra profética más segura,...entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 Pedro 1:19-20). Pedro estuvo diciendo que las Escrituras que los profetas proveyeron son tan fieles, y tan autoritativas, como la voz de Dios en el monte de la transfiguración.

Pedro también explicó que la palabra profética, haciendo alusión a la totalidad de las Escrituras del Antiguo Testamento, no se originaron por sí mismas o en las mentes de los que las escribieron (el significado de “interpretación privada”). La Escritura no vino por “voluntad humana”. La Escritura no fue el resultado de la investigación humana acerca de la naturaleza de las cosas. La Escritura no fue el producto del propio pensamiento de los escritores. Entonces, ¿de dónde vino la Escritura? Pedro declaró, “sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 2:21). La palabra “inspirados”, en el lenguaje original, es la palabra usual para ser “llevado” o “traído” (Arndt y Gingrich, 1957, pp. 862-863), por ende, significa ser movido o estar bajo una influencia movedora (Perschbacher, 1990, p. 427). Pedro estuvo declarando en esencia, que el Espíritu Santo escogió a los escritores y profetas, y los trajo a la meta de Su elección. Eso quiere decir que, aunque las Escrituras se escribieron por medio de instrumentos humanos, Dios dirigió la redacción tanto que esas Escrituras son de Dios.

Mientras esperaba la llegada del Espíritu en Hechos 2 en el Pentecostés, este mismo Pedro se puso en pie con sus compañeros, y declaró, “Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas” (Hechos 1:16et.seq.). Pedro afirmó que el Espíritu Santo dirigió lo que David escribió, y por ende al registro de David se le designa como “Escritura”.

En 1 Pedro 1:10-12, este mismo Pedro explicó: (1) que los portavoces inspirados del Antiguo Testamento no siempre entendieron toda la información que Dios dio a través de ellos; (2) que fue el Espíritu de Cristo que operó sobre ellos; (3) que los apóstoles presentaron esa misma información inspirada en el tiempo de Pedro; y (4) que el mismo Espíritu Santo dirigió sus declaraciones. Es muy importante señalar que Pedro quiso decir que los hombres inspirados usaron sus capacidades mentales cuando escribieron el material inspirado, pero el producto fue de Dios, ya que ellos no siempre entendieron el significado de sus propios escritos.

En 2 Pedro 3:15-16, este mismo Pedro hizo referencia a “nuestro amado hermano Pablo” que “ha escrito”. Él luego señaló: “[C]asi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Pedro clarificó tres puntos: (1) Pablo escribió epístolas; (2) esas epístolas son clasificadas con “las otras Escrituras”, lo cual significa que las cartas de Pablo son Escritura igualmente como los escritos del Antiguo y Nuevo Testamentos; y (3) estos escritos son divinamente autoritativos, ya que torcerlos es dar la bienvenida a la “destrucción”—una referencia obvia a la desaprobación de Dios y al daño espiritual y/o eternal que viene como resultado de la desobediencia a las palabras de Dios.

Mientras estuvo en la Tierra, Jesús demostró un gran respeto por la Escritura, i.e., el Antiguo Testamento. En una ocasión, lidió con algunos judíos que le acusaron de blasfemia (Juan 10:33). Rechazó la acusación al citar el salmo 82:6, haciendo referencia a este pasaje como “ley” (vs. 34). Pero ¿cómo pudo Jesús hacer referencia al salmo como “ley” si los salmos son literaturas poéticas y no parte del Pentateuco? Él hizo referencia al salmo como “ley” en el sentido que los Salmos son parte de la Escritura. Por ende, Jesús atribuyó autoridad legal a todo el conjunto de la Escritura. También hizo lo mismo en Juan 15:25. De igual manera, Pablo citó pasajes de los salmos, Isaías y Génesis, e hizo referencia a estos escritos como “la ley” (1 Corintios 14:21; Romanos 3:19; Gálatas 4:21).

Después que Jesús citó un pasaje de los Salmos y lo llamó “ley”, añadió, “y la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35). Note que Jesús igualó “ley” con “Escritura”—usando los dos términos como sinónimos. Cuando declaró que la “ley” o la “Escritura” “no puede ser quebrantada”, quiso decir que es imposible que se anule la Escritura, que se niegue su autoridad o que se resista su verdad. Jesús consideró cada parte de la Escritura, incluso sus frases más casuales, como la Palabra autoritativa de Dios.

Esta actitud en cuanto a la autoridad de la Escritura se enfatiza con una fórmula habitual: “Escrito está”. Por ejemplo, cuando enfrentaba a Satanás, Jesús resistió sus ataques en tres ocasiones con un simple, “Escrito está”, que fue suficiente para establecer credibilidad autoritativa (Mateo 4:4,7,10)—tanto que Satanás intentó imitar a Jesús en este respecto (Mateo 4:6). Después de Su resurrección, Jesús igualó todo el Antiguo Testamento (i.e., la Ley de Moisés, los profetas y los salmos) con la “Escritura”, y otra vez señaló “está escrito” (Lucas 24:44-46). Insistió muy enfáticamente que “todo” en las Escrituras en cuanto a Él “era necesario que se cumpliese”. Anteriormente en el capítulo, igualó a “Moisés y todos los profetas” con “las Escrituras” (vss. 25-27).

No es una sorpresa que Jesús reprendiera a sus rivales religiosos con tales frases como, “¿Ni aun esta escritura habéis leído?” (Marcos 12:10; cf. Mateo 21:42); o “Erráis, ignorando las Escrituras” (Mateo 22:29); o “Y si supieseis qué significa...” (Mateo 12:7); o “Id, pues, y aprended lo que significa...” (Mateo 9:13). El pensamiento básico en estas declaraciones es que la verdad de Dios se encuentra en las Escrituras, y si se ignora las Escrituras, se está propenso al error. Por ende Jesús afirmó que Dios es el Autor de la Escritura.

Incluso las palabras de la Escritura que no constituyen citas directas de la Deidad son, realmente, las palabras de Dios. Por ejemplo, Jesús asignó las palabras en Génesis 2:24 a Dios (Mateo 19:4-6). Sin embargo, en el texto original de Génesis 2:24 no se indica que Dios sea el hablante. En cambio, las palabras son simplemente el comentario de narración que el autor humano escribió, i.e., Moisés. Al atribuir las palabras a Dios, Jesús estaba clarificando que Dios era el Autor de toda la Escritura. Eso significa que incluso las palabras de Satanás, o las palabras de la gente impía, son las palabras de Dios—en el sentido que Dios nos ha dado un reporte exacto de lo que ellos dijeron. Pablo abordó el tema de la misma manera (1 Corintios 6:16).

Una y otra vez, los apóstoles y escritores del Nuevo Testamento hicieron lo mismo que Jesús hizo, i.e., se refirieron a la Escritura en tal manera que es claro que la consideraron como las palabras autoritativas de Dios (e.g., Hechos 8:35; 17:2; 18:28; 26:22; Romanos 12:19; 1 Corintios 15:3-4; 1 Pedro 1:16; Santiago 2:8). Tal vez Lucas resumió el modo de pensar prevaleciente de los escritores de la Biblia: “...recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). En otras palabras, lo que la Escritura dice, Dios dice.

Se provee evidencia adicional del mismo enfoque de la Biblia en cuanto a su inspiración en los enunciados como, “Porque la Escritura dice a Faraón” (Romanos 9:17) o “Y la Escritura...dio de antemano la buena nueva a Abraham” (Gálatas 3:8). Pero la Escritura no habló a Faraón, y la Escritura no predicó el Evangelio a Abraham. En cambio, ¡Dios lo hizo! ¡Así que la palabra de la Escritura es la palabra de Dios! Los escritores inspirados del Nuevo Testamento consideraron a “Dios” y a las “Escrituras” como dos partes relacionadas tan íntimamente que pudieron hablar naturalmente que la “Escritura” hizo lo que la “Escritura” registra que Dios hizo.

Esto también funciona en forma viceversa. Se dice que Dios hace ciertas cosas que son, en su fórmula original, simplemente las palabras de la Escritura. Por ejemplo, Hebreos 3:7 dice, “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo...” (citando el Salmo 95:7et.seq. a continuación). En Hechos 4:25, se dice que Dios habló, por el Espíritu Santo a través de David, las palabras del Salmo 2:1et.seq. En Hechos 13:34-35, se dice que Dios pronunció las palabras de Isaías 55:3 y el Salmo 16:10. Pero, en ambos casos, las palabras que se le atribuye a Dios no son, en su fórmula original, específicamente Sus palabras, sino simplemente las palabras de la Escritura misma. Así que los escritores del Nuevo Testamento a veces hicieron referencia a las Escrituras como si fueran Dios, y algunas veces hicieron referencia a Dios como si fuera las Escrituras. Por tanto la Biblia se presenta como las mismas palabras de Dios.

En Hebreos 1:5-13, el escritor citó siete pasajes del Antiguo Testamento: Salmos 2:7; 2 Samuel 7:14; Deuteronomio 32:43; Salmos 104:4; Salmos 45:6-7; Salmos 102:25-27 y Salmos 110:1. El escritor de Hebreos señaló a Dios como el hablante. Pero en el texto original en el Antiguo Testamento, algunas veces Dios es el hablante, mientras algunas veces no es el hablante y, realmente, se habla de Él o acerca de Él. ¿Por qué el escritor de Hebreos asignaría indiscriminadamente todos estos pasajes a Dios? Porque todos estos pasajes tienen en común el hecho que son las palabras de la Escritura y, como tales, son las palabras de Dios.

Este es el mismo caso en Romanos 15:9-12 donde Pablo citó Salmos 18:49, Deuteronomio 32:43, Salmos 117:1 e Isaías 11:10. Él introdujo el primero con la fórmula, “como está escrito”; el segundo con la fórmula “otra vez dice”; el tercero con simplemente “otra vez” y el cuarto se prologa con “dice Isaías”. Pero, en el texto original del Antiguo Testamento, solamente en el pasaje de Isaías, Dios está específicamente hablando—y Pablo asigna esas palabras a Isaías. Así que, “está escrito”, “dice” y “dice Isaías”, son maneras diferentes de decir la misma cosa, i.e., “¡Dios dice!”. Algunas veces los escritores del Nuevo Testamento asignaron las Escrituras a sus autores humanos. Pero es claro que cuando los escritores dijeron, “Moisés dijo” o “David dijo”, esta fue otra manera de decir “las Escrituras dicen”, lo cual, otra vez, fue otra manera de decir “Dios dice”.

LA INSPIRACIÓN VERBAL

Note que la inspiración que la Biblia reclama es inspiración “verbal”, i.e., la dirección de Dios se extiende incluso a las palabras del escritor. Pablo basó uno de sus argumentos en el pronombre plural, e insistió que Dios quiso que se entendiera esa palabra en su sentido singular (Gálatas 3:16). Como se señaló previamente, Jesús basó un argumento en la forma verbal precisa de la Escritura (Juan 10:34). Basó Su punto en una palabra particular en Mateo 22:43 o en un tiempo particular en Mateo 22:32, e incluso en las letras y sus trazos minutos en Mateo 5:17-18. En Mateo 22:32, Jesús dijo que Éxodo 3:6 estaba hablando a los saduceos con quienes estaba conversando—incluso cuando el contexto original de Éxodo 3:6 indica que Dios estaba hablando a Moisés. Eso prueba que Jesús espera que toda la gente en la Tierra entienda que la Biblia es escrita a todo ser humano, y que la Escritura tiene autoridad sobre toda persona viva.

Pablo también afirmó la inspiración verbal en 1 Corintios 2. Declaró que su discurso y predicación no fueron “de humana sabiduría” (vs. 4). En cambio, sus palabras fueron “con demostración del Espíritu”. Declaró que él y sus compañeros apóstoles hablaron la sabiduría de Dios (vs. 7). Reclamó que las cosas que hablaban les fueron reveladas por Dios a través del Espíritu Santo (vs. 10). Luego afirmó muy claramente: “[L]o cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu” (vs. 13). Así que la inspiración involucra las mismas palabras; eso implica inspiración verbal.

LA INSPIRACIÓN DEL NUEVO TESTAMENTO

La mayoría de pasajes que hemos examinado hasta ahora son referencias del Nuevo Testamento en cuanto a la inspiración del Antiguo Testamento. Los eruditos liberales han declarado que el Nuevo Testamento no reclama inspiración para sí mismo. Esta declaración no es verdadera. Como hemos notado anteriormente, en 2 Pedro 3:16, Pedro clasificó las epístolas de Pablo como “Escritura”, y afirmó que los escritos de Pablo portaban tal autoridad divina que aquellos que la torcían serían destruidos. También se señaló que Pedro enlazó a los apóstoles con los profetas del Antiguo Testamento (1 Pedro 1:10-12). Y, como vimos recientemente, Pablo hizo una declaración comparable en 1 Corintios 2.

Cuando leemos el Nuevo Testamento, llega a ser claro que los escritores extendieron la inspiración del Antiguo Testamento a sus propios escritos. En ningún momento se consideraron a sí mismos—los ministros del nuevo pacto (2 Corintios 3:6)—como escritores que poseían un grado menor del Espíritu de Dios que los ministros del Antiguo Testamento. En Mateo 10:17-20, y en los textos paralelos de Marcos 13:11 y Lucas 12:12, Jesús explicó a los apóstoles que el Espíritu Santo dirigiría sus actividades verbales en cuanto a cómo y qué debían hablar. Él reiteró lo mismo en Lucas 21:12-15, animándoles a no preocuparse de auto-defenderse cuando fueran llevados ante las autoridades, ya que Él les proveería con “palabra y sabiduría” que sus adversarios no pudieran resistir. Así que Jesús pre-autenticó las enseñanzas de los apóstoles, y aseguró respeto para su autoridad.

Jesús hizo varias promesas a los apóstoles en Juan capítulo 14,15 y 16. Será suficiente aludir a una de estas. Jesús prometió a los apóstoles: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:12-13). Justo antes de Su ascensión, Jesús prometió a los apóstoles el bautismo inminente del Espíritu Santo, lo cual les capacitaría para ser los testigos de Cristo a través del mundo (Hechos 1:5,8). Esta promesa comenzó a cumplirse en Hechos 2 cuando los apóstoles fueron bautizados con el Espíritu Santo y se les dio poder para predicar el mensaje que Dios quería que se predique.

Numerosos pasajes indican el cumplimiento de estas promesas a los apóstoles tanto que las palabras que ellos hablaron fueron las palabras de Dios (Hechos 4:8,31; 5:32; 15:8,27-28; 16:6-8). Como se señaló anteriormente, Pablo reclamó guía directa del Espíritu Santo para las palabras que habló (1 Corintios 2). Hizo lo mismo en Gálatas 1:12. En Efesios 3:1-5, reclamó que su mensaje le fue dado a conocer “por revelación” (vs. 3), juntamente con los otros apóstoles y profetas (vs. 5). Otros pasajes reflejan el mismo punto (1 Timoteo 4:1; Gálatas 2:2; 2 Corintios 12:7; 1 Tesalonicenses 2:13). Un buen resumen de las reclamaciones de Pablo en cuanto a la inspiración se ve en su declaración firme: “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37). Su inspiración se extendió a sus declaraciones orales así como a sus escritos (2 Tesalonicenses 2:15; 3:6,14; cf. 1 Tesalonicenses 4:2,15; Gálatas 1:7-8). En 1 Timoteo 5:8, Pablo citó Lucas 10:7, y se refirió a este texto como “Escritura”. Así que el evangelio de Lucas ya estaba disponible y era clasificado con el canon inspirado de la Escritura.

CONCLUSIÓN

La persona imparcial puede ver claramente que la Biblia reclama para sí misma el estatus de “inspiración”, siendo el aliento de Dios mismo. Esa inspiración implica la dirección de Dios a tal punto que incluso las palabras estuvieron bajo Su influencia. Por ende la Biblia es “inspirada verbalmente”. Esta conclusión no implica que los escritores escribieron al “dictado”. En cambio, la Biblia indica que Dios adaptó Su obra inspiradora al temperamento, vocabulario, nivel educativo e idiosincrasia estilística de cada escritor. La Biblia es “infalible” en el hecho que es incapaz de engañar o despistar, y por ende es completamente confiable y fidedigna. Inspiración “plenaria” significa que la inspiración se extiende a todas sus partes. Así que la Biblia es inspirada completamente.

La Biblia también es “inerrante”, es decir, libre de todo error. Dios usó seres humanos para escribir la Biblia, y al hacerlo, les permitió dejar sus marcas, pero sin cometer ningún error de los que los escritores humanos están propensos a cometer. Dios se aseguró que las palabras que estos escritores humanos produjeran estuvieran libres de error y características de escritores no-inspirados. Esta influencia incluso se extiende a los asuntos de ciencia, geografía e historia. La prueba para la inspiración de la Biblia es una investigación separada y necesaria. No obstante, es importante que la persona entienda lo que la Biblia quiere decir cuando reclama “inspiración” para sus escritos.

REFERENCIAS

Arndt, William y F.W. Gingrich (1957), Un Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento y Otras Literaturas Cristianas Antiguas [A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature] (Chicago, IL: University of Chicago Press).

Perschbacher, Wesley J., ed. (1990), El Nuevo Léxico Griego Analítico [The New Analytical Greek Lexicon] (Peabody, MA: Hendrickson).

Vincent, Marvin (1900), Estudios de Palabras en el Nuevo Testamento [Word Studies in the New Testament] (Grand Rapids, MI: Eerdmans, reimpresión de 1946).



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