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Apologetics Press :: Dardos Bíblicos

Castigar a los Malhechores no es una Acción Incompasiva
por Eric Lyons, M.Min.
[English]
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No es inusual oír que los norteamericanos (y otros) expresen su desprecio por la pena corporal o capital (cf. Delgado, 2008). Supuestamente, “Los padres amorosos no golpearían a sus hijos” (por propósitos disciplinarios). “Los cristianos no pueden consistentemente estar a favor de la vida y de la pena capital”. “La Biblia dice que no se debe pagar mal por mal”. Los modernistas pronuncian estas y otras frases similares frecuentemente con la esperanza de eliminar todas las formas de pena corporal o capital. Haga que un niño se pare en la esquina, suspenda a un estudiante, encierre a un homicida por vida proveyéndole tres comidas diarias, aire acondicionado, televisión por cable, etc., pero nunca afecte físicamente o aplique la pena capital a una persona por sus acciones indebidas.

¿Qué dice la Biblia acerca del amor y el castigo físico de los malhechores? Primero, Dios es completamente e infinitamente bueno y amoroso (Marcos 10:18; 1 Juan 4:8). Pero Dios ha castigado repetidamente a los malhechores de una manera física—desde matar a miles (y millones) de impíos durante el Diluvio (Génesis 6-8) hasta herir de muerte a Ananías y Safira por mentir después del establecimiento de la iglesia (Hechos 5:1-11).

Segundo, Dios advirtió a Adán de la sentencia de muerte antes que el pecado incluso entrara al mundo (Génesis 2:17; cf. Lyons, 2008). Después que Adán desobedeció a Dios, Él le expulsó del huerto y le alejó del árbol de la vida para que no “viva para siempre” (Génesis 3:22-24). Por ende, el hombre no solamente se separó espiritualmente de Dios cuando pecó en el huerto, experimentando la muerte por primera vez (cf. Isaías 59:1-2; Efesios 2:1), el hombre también fue sentenciado a morir físicamente.

Tercero, mucho tiempo antes del comienzo de las dispensaciones mosaica y cristiana, la ley universal de Dios para la humanidad incluía la pena capital. Dios instruyó a Noé y a sus hijos, diciendo, “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6). El mismo Dios que sentenció a la humanidad a morir por su maldad un año antes, salvó a ocho almas en el arca y les mandó que aplicaran la pena de muerte a los homicidas. De todas las regulaciones que Dios pudiera haber revelado al hombre en Génesis 1-11 (desde el tiempo de Adán a Abraham), escogió incluir la ley de penar a muerte a los homicidas.

Cuarto, una prueba adicional que el amor y la compasión no son contrarias a la pena capital viene de la Ley de Moisés. Dios mandó a los israelitas, diciendo,

No aborrecerás a tu hermano en tu corazón....No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo....Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo (Levítico 19:17-18,33-34; cf. Romanos 13:9).

Se esperaba que el judío fiel, así como el cristiano, “no resistiera al que es malo” (Mateo 5:39), sino “llevara la carga por una milla extra” (Mateo 5:41) y que “diera la otra mejilla” (Mateo 5:39). Después de todo, “el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10; cf. Mateo 22:36-40). Sin embargo, es interesante que se mandó a que los israelitas castigaran (incluso mataran) a los que quebrantaban la ley. Solo cinco capítulos después que mandó a los israelitas a no “vengarse”, sino a “amar al prójimo como a sí mismo” (Levítico 19:18), Dios dijo:

Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera. Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte. El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal. Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él. El que hiere algún animal ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre, que muera. Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios (Levítico 24:13-22, énfasis añadido).

Se mandó (y se esperaba) que el israelita fiel sea amoroso, amable y no-vengativo, mientras al mismo tiempo castigara a los malhechores, e incluso empleara la pena corporal y capital. De la misma manera, Dios mandó que los cristianos no se vengaren (Romanos 12:19); en cambio, se les amonestó, “vence con el bien el mal” (12:21) y “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (13:9). Pero también se manda que los padres instruyan a sus hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4, énfasis añadido). Además, Pablo escribió que las “autoridades superiores” son los siervos de Dios para lo bueno, aunque ellos también “llevan la espada” y “castigan al que hace lo malo” (Romanos 13:1-4).

Aunque los partidarios de la corrección política continúen protestando en contra del castigo de los malhechores, basados en sus sentimientos de que eso es incompasivo, cruel e inhumano, etc., la Escritura es completamente clara en cuanto a este tema. Dios ha indicado que las personas pueden ser amorosas, amables, consideradas, evangelísticas, no-vengativas, etc., y todavía esperar que las autoridades castiguen a los malhechores físicamente.

REFERENCIAS

Delgado, Raimundo (2008), “Matemos a la Pena de Muerte” [“Let’s Kill Capital Punishment”], Sun Coast Today, 16 de enero, [En-línea], URL: http://www.southcoasttoday.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20080116/ OPINION/801160320/-1/NEWS.

Lyons, Eric (2008), “¿Por qué No Murió Adán Inmediatamente?” [En-línea], URL: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/3609.



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