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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

La Muerte del Hijo de David
por Kyle Butt, M.A.
[English]
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La relación adúltera de David con Betsabé es uno de los eventos más notorios y angustiosos que el Antiguo Testamento registra. El dolor y la angustia emocional causada por el pecado de David plagaron al rey por el resto de sus días. En medio del registro bíblico concerniente al trato de Dios del pecado de David, los escépticos declaran que han encontrado acusaciones legítimas en contra del Dios de la Biblia (Wells, 2001).

Cuando el profeta Natán confrontó a David por su pecado, el corazón de David se desplomó y él se arrepintió inmediatamente. En respuesta a su reacción humilde, Natán dijo: “También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás” (2 Samuel 12:13). Aunque David no moriría, vendrían como resultado varias consecuencias a pesar del perdón del Señor. Natán explicó a David: “Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá” (12:14). Los versículos siguientes explican: “Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente.... Y al séptimo día murió el niño” (12:15,18).

Al leer este texto, el escéptico sugiere que Dios fue injusto por matar a un niño inocente. ¿Cómo pudiera un Dios amoroso matar a un niño inocente? El escéptico además sugiere que este pasaje prueba que Dios mostró favoritismo a David, ya que Levítico 20:10 dice que, bajo la Ley de Moisés, el hombre que cometía adulterio con la mujer de otro hombre debía morir. ¿Muestra la historia del pecado de David y la reacción de Dios que existe deficiencia moral y favoritismo injusto en el carácter de Dios?

¿Mostró Dios Favoritismo?

Primero, consideremos el supuesto favoritismo de Dios a David. ¿Por qué David no murió por su adulterio, si el Antiguo Testamento mandaba que se matara a los adúlteros? Una razón plausible es que había una estipulación en la sentencia de muerte para los que cometían adulterio. Para sentenciar a los adúlteros a la muerte, un mínimo de dos testigos debía presentar evidencia en contra del acusado. Deuteronomio 17:6 dice: “Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo”. En el caso de David y Betsabé, ningún testigo se presentó para testificar contra ellos. De hecho, el texto indica que la única razón por la cual Natán supo acerca del incidente fue la revelación milagrosa de Dios. En pocas palabras, no hay indicación bíblica que se podía encontrar un mínimo de dos testigos humanos para testificar en contra de David (vea Miller, 2005). La Ley Mosaica no incluiría la habilidad omnisciente de Dios como testimonio, por ende, la Ley de Moisés no hubiera condenado a muerte a David. De hecho, sin la intervención de Dios, parece que el pecado de David pudiera haber pasado inadvertidamente. [NOTA: Se puede decir lo mismo en cuanto a la conspiración de David para matar a Urías. David envió a Urías de regreso a Joab, el comandante del ejército, con una carta que detallaba el procedimiento para hacer morir a Urías. Pero el texto indica que Urías no leyó la carta, sino la dio a Joab. El texto bíblico también indica que Joab leyó la carta, pero no hay registro que alguien más estuviera enterado de la información de la carta. Por ende, si solamente Joab leyó la carta, entonces él hubiera sido el único testigo del homicidio de Urías, y en este caso, tampoco se hubiera llenado los requisitos que la Ley de Moisés requería para la pena de muerte].

El Hijo de David

Habiendo lidiado exitosamente con la acusación equivocada del supuesto favoritismo de Dios, veamos la acción de Dios en cuanto a la muerte del hijo de David. El escéptico acusa a Dios de injusto porque la Biblia dice que Dios hirió al hijo recién nacido, y éste murió. Según el escéptico, un Dios amoroso no pudiera matar a un niño inocente. En respuesta a esta acusación, se debe admitir que la Biblia atribuye la muerte del niño a Dios. Este caso es muy destacado porque el lenguaje del texto claramente afirma que Dios hirió al niño. El hecho que el niño muriera debido a las acciones de Dios no debería ser una sorpresa para el lector de la Biblia. Algunos han estimado que había dos billones de personas vivas cuando Dios envió el Diluvio en el mundo antiguo. Millones de esas personas que murieron en el Diluvio hubieran sido bebés o niños inocentes (Génesis 7:21). Además, cuando Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra debido a la maldad de los habitantes adultos, es razonable concluir que muchos niños y bebés también murieron en la destrucción (Génesis 19:24-25). Adicionalmente, Dios dio a Saúl un mandamiento directo a destruir a los amalecitas impíos. 1 Samuel 15:3 registra ese mandamiento: “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (énfasis añadido). El relato de la conquista de Josué a Canaán contiene casos similares en los cuales Dios ordenó o aprobó la destrucción física de poblaciones enteras, incluyendo a niños inocentes (Josué 6:21). No se puede negar que la Biblia registra casos en que Dios aprobó, ordenó y/o causó la muerte de niños inocentes y puros.

¿Es la Muerte Siempre Mala?

Entonces, ¿cómo puede un Dios infinitamente amoroso causar la muerte de niños inocentes y todavía ser considerado amoroso? El escéptico simplemente dice que si es verdad que Dios causó la muerte de bebés inocentes, entonces es imposible que una persona moral considere a ese Dios como amoroso. El argumento del escéptico dice algo como esto: (1) un Dios bueno y amoroso no mataría a niños inocentes; (2) el Dios de la Biblia mata a niños inocentes; (3) por tanto el Dios de la Biblia no puede ser bueno y amoroso.

A primera vista, esta lógica parece tener sentido. Sin embargo, cuando se la examina más profundamente, podemos notar que tiene una suposición falsa. La suposición falsa en esta línea de razonamiento es que la muerte de un niño inocente es siempre mala. Con esta suposición, la primera premisa debería decir algo como esto: Un Dios bueno y amoroso no mataría a niños inocentes, ya que la muerte de cualquier persona inocente siempre es algo malo. La suposición que la muerte, especialmente la muerte de los niños inocentes, es siempre mala, radica en la perspectiva puramente naturalista del escéptico. Si esta vida física y este mundo material es todo lo que existe, entonces sacar a una persona inocente de este mundo físico es inherentemente malo, según el escéptico.

No obstante, la misma Biblia que nos cuenta acerca de un Dios que quita las vidas de niños inocentes también informa al lector que este mundo físico no es todo lo que existe. De hecho, la Biblia explica que toda persona tiene un alma que vivirá por siempre, incluso cuando la vida en esta Tierra se termine (Mateo 25:46). La Biblia enfatiza consistentemente el hecho que el alma inmortal de cada persona tiene mucho más valor que la vida física de la persona. Jesucristo dijo: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).

Aunque el escéptico puede objetar y declarar que no es aceptable una respuesta de la Biblia, esta objeción no es válida por una razón principal—el escéptico usó la Biblia para formular su argumento. ¿Dónde está escrito que Dios es amor? En la Biblia (1 Juan 4:8). ¿Dónde aprendemos que el Señor, realmente, mató u ordenó las muertes de bebés? Otra vez, esa información viene directamente de “la Biblia”. Si se formula el supuesto problema del testimonio bíblico, entonces se debe dar la oportunidad a la Biblia para que se auto-explique. Mientras que el escéptico use la Biblia para formular el problema, nosotros ciertamente podemos usar la Biblia para solucionar el problema. La solución bíblica para el supuesto problema en este caso es que cada ser humano posee un alma inmortal que tiene un valor infinitamente mayor que su existencia física.

Una Perspectiva Bíblica de la Muerte

Teniendo en cuenta el valor del alma, examinemos varios versículos que prueban que la muerte física no es necesariamente mala. En una carta a los Filipenses, el apóstol Pablo escribió desde una prisión para animar a los cristianos. Su carta estuvo llena de esperanza y ánimo, pero también contuvo algunos comentarios pertinentes en cuanto a la manera que Pablo (y Dios) consideraba la muerte. En Filipenses 1:21-23, Pablo escribió:

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor (énfasis añadido).

Según el escéptico, la muerte de una persona inocente siempre es algo malo. Sin embargo, en estos versículos Pablo descarta esa suposición falsa. Pablo, un cristiano fiel, dijo que la muerte era una visita bienvenida. En efecto, Pablo dijo que el término de su vida física en esta Tierra sería “muchísimo mejor” que su continuación. Para Pablo, como también para cualquier cristiano fiel, la cesación de la vida física no es pérdida, sino ganancia. Eso se aplicaría también a los niños, ya que ellos están en una condición salva y van al paraíso cuando mueren (vea Butt, 2006).

Otros versículos en la Biblia muestran que la pérdida de la vida física no es inherentemente mala. El profeta Isaías declaró concisamente el asunto cuando fue inspirado a escribir:

Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios (57:1-2, énfasis añadido).

Isaías reconoció que la gente vería la muerte del justo incorrectamente. Él declaró sencillamente que este punto de vista incorrecto de la muerte se debe a que la mayor parte de la gente no piensa acerca del hecho que cuando un individuo justo o inocente muere, “de la aflicción es quitado” y entra “en la paz”. Entonces, ¿está el escéptico acusando a Dios de cruel e injusto por librar a los niños inocentes del mal y permitirles entrar en la paz?

El salmista escribió: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmos 116:15, énfasis añadido). La muerte no es inherentemente mala. En realidad, la Biblia indica que la muerte puede ser gran ganancia ya que la persona justa es quitada de la maldad y se le permite entrar en paz y descanso. Dios considera la muerte de Sus seguidores fieles como algo precioso. Los escépticos que acusan a Dios de malo porque ha terminado con las vidas físicas de bebés inocentes están equivocados. Ellos rechazan reconocer la realidad del alma inmortal. En vez que la muerte de los niños inocentes sea algo malo, es a menudo una bendición para los niños que son alejados de una vida de dolor en manos de una sociedad pecaminosa y que son bienvenidos al paraíso de paz y descanso. Para que un escéptico pueda culpar legítimamente a Dios de crueldad, él debe probar que no existe un alma inmortal, y que la vida física es la única realidad—lo cual el escéptico no puede probar. Cuando no se reconoce la realidad del alma y el reino espiritual, se cosecha siempre una perspectiva distorsionada de la naturaleza de Dios.

En resumen, Dios trató a David en acuerdo perfecto con la Ley de Moisés, sin mostrar parcialidad. Además, se ha mostrado que ya que la muerte no es inherentemente mala, Dios no fue culpable de inmoralidad al causar la muerte de un niño. Dios también dio la bienvenida al hijo de David a la paz eterna. Por tanto, la acusación del escéptico en contra de Dios otra vez no puede desacreditar Su carácter infinitamente perfecto. Como Abraham hizo la pregunta retórica en el tiempo antiguo, “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25). La respuesta ha sido la misma durante milenios—un rotundo “¡Sí!”

REFERENCIAS

Butt, Kyle (2003), “¿Van los Bebés al Infierno Cuando Mueren?”, [En-línea], URL: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/2900.

Miller, Dave (2003), “La Mujer Adúltera”, [En-línea], URL: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/657.

Wells, Steve (2001), Skeptic’s Annotated Bible, [En-línea], URL: http://skepticsannotatedbible.com/2sam/12.html.



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