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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

¿El Lugar Santo o el Lugar Santísimo?
por Wayne Jackson, M.A.
[English]
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En Éxodo 40:26, la Biblia declara que el “altar de oro” estaba en el lugar santo del tabernáculo, antes del velo. Por otra parte, el libro de Hebreos (9:3-4) indica que el altar del incienso estaba en el lugar santísimo. ¿Cómo se puede armonizar estos pasajes?

Al responder estas preguntas es importante considerar la información de trasfondo. Cuando los hijos de Israel llegaron a la región desierta del Sinaí después de su éxodo de Egipto, Jehová ordenó un sistema regulado de adoración que estaba diseñado a adaptarse a su estancia en el desierto. Una parte de esa orden fue el tabernáculo—una estructura movible similar a una tienda de campaña que servía como la morada del Señor bajo esas condiciones temporales. En la construcción del tabernáculo, “Dios advirtió” a Moisés que hiciera todas las cosas “conforme al modelo” que se le mostró en el Monte Sinaí (Hebreos 8:5).

El tabernáculo estaba dividido en dos habitaciones, el lugar santo y el lugar santísimo. Dentro de la primera, según el registro de Éxodo 40, había tres muebles. La mesa de los panes de la proposición estaba al lado norte, y el candelero de oro estaba al sur. Finalmente, al oeste, justo “antes del velo” que separaba el lugar santo del lugar santísimo, estaba el altar de oro del incienso (Éxodo 30:6; 40:26).

Entonces, como se indicó anteriormente, aquí está el problema. Al describir la misma circunstancia, el escritor de Hebreos declaró que “tras el segundo velo” había una habitación “llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro...” (Hebreos 9:3-4).

Algunos críticos no han vacilado en declarar que el autor de Hebreos cometió un error. James Moffatt observó que “la irregularidad de colocarlo [al altar de oro—WJ] en el lado equivocado de la cortina es simplemente otro de sus errores” (1957, p. 115). Sin embargo, esta declaración no simplemente es inconsistente con el punto de vista respetable de la inspiración bíblica, sino también es totalmente innecesaria.

Como he enfatizado en discusiones anteriores (Jackson, 1986, 2:51et.seq.), no se puede afirmar que existe una contradicción legítima a menos que se haya agotado toda posibilidad concebible de reconciliación. Se debe abordar el texto controversial y preguntar: ¿Existe alguna manera viable de armonizar estos pasajes? Si lo hay, no se puede afirmar que existe una discrepancia real. Ahora, ¿cuáles son los hechos de este asunto? Se han propuesto varias soluciones para esta dificultad. No obstante, algunas no son convincentes. Meditemos en algunas de estas.

(1) Algunos han argumentado que el altar de oro del incienso no estaba en el lugar santo, ya que Éxodo 26:35 menciona solamente la mesa de la proposición y el candelero como muebles de esa habitación. Así que se concluye que el altar del incienso debe haber estado en el lugar santísimo. Esta lógica no es convincente. Primero, tampoco se menciona en Éxodo 26:33-34 que el altar del incienso se encontraba en el lugar santísimo. Por ende, el silencio no puede ser el factor decisivo. Segundo, claramente se ve que el altar de oro era parte del lugar santo en otros pasajes (Éxodo 30:6; 40:26). Aparte de eso, si el altar de oro estaba en el lugar santísimo, ¿cómo podían los sacerdotes quemar incienso sobre él cada día (cf. Lucas 1:9), ya que sólo se podía entrar al lugar santísimo anualmente—en el día de la expiación—y sólo el sumo sacerdote podía hacerlo (Hebreos 9:7)?

(2) El texto griego de Hebreos 9:4 habla de un thumiaterion de oro para la quema de incienso. La palabra original denota un lugar, o un recipiente usado en la quema de incienso. Por consiguiente, se traduce thumiaterion como “incensario” o “altar”. Algunos han argumentado que el escritor inspirado de este pasaje no aludió al altar del incienso, sino a un incensario que se guardaba en el lugar santísimo pero que se empleaba anualmente para transportar brasas de fuego del altar hasta el lugar santísimo según las instrucciones de Levítico 16:12-13. Este es el punto de vista de eruditos como Albert Barnes, James MacKnight y S.T. Bloomfield. Una objeción en contra de esta teoría es que si el escritor se refiere solamente al incensario, entonces no menciona el altar de oro en absoluto. Cierto, pero tampoco menciona la fuente de bronce que estaba justo antes del tabernáculo, y que de la misma manera era una parte integral del servicio del sacerdocio. Es posible que se mencione solamente el incensario “porque era la parte principal del mueble que el sumo sacerdote usaba el día de la expiación” (Bengal, 1877, 3:418). Sin embargo, parece extraño que se mencione el objeto menor, el incensario, pero que se ignore completamente el objeto mayor, el altar de oro.

Por otra parte, el Antiguo Testamento no menciona en absoluto un incensario de “oro”. Además, cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo el día de la expiación, él llevaba el incensario, implicando por ende que no estaba en el lugar santísimo. La defensa de este punto de vista parece requerir mucha especulación.

(3) La opinión más popular entre los eruditos conservadores sostiene que Hebreos 9:4 no hace referencia a un incensario portátil, sino al altar de oro del incienso. No obstante, se señala cuidadosamente que este pasaje realmente no dice que el altar estaba dentro del lugar santísimo. El texto realmente dice: “Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía [echousa, presente participio] un incensario de oro” (Hebreos 9:3-4). Se puede emplear el verbo echo en el sentido de “pertenecer a”, i.e., en “asociación cercana con” algo (cf. Hebreos 6:9). Marcus Dods observó que “el cambio de en he [estaba] del versículo 2 a echousa [tenía] es importante, e indica que él no tenía en cuenta precisamente su relación de ubicación, sino su asociación de ritual” (1956, 4:328). Theodor Zahn declaró que el escritor de Hebreos estaba describiendo una “relación ideal” del altar al lugar santísimo (1973, 2:364). John Ebrard afirmó que echousa no se interpreta necesariamente “en un sentido local” en este versículo. Como un ejemplo, él citó el versículo uno de este mismo capítulo: “Ahora bien, aun el primer pacto tenía [echein] ordenanzas...” (1859, 6:492).

Varios puntos en el Antiguo Testamento muestran que había una conexión fuerte entre el altar del incienso y el lugar santísimo. Note lo siguiente. (1) Había una asociación ritualista entre el arca del pacto y el altar del incienso cuando el sumo sacerdote esparcía sangre sobre ambos en el día anual de la expiación (Éxodo 30:10). (2) También, en el día de la expiación, el sumo sacerdote llevaba brasas de fuego para el altar de oro, juntamente con el incienso, al lugar santísimo (Levítico 16:12). Así que, en ese día, una vez al año, el recipiente de fuego en el que se transportaban las brasas llegaba a ser una extensión del altar. En ese sentido, se puede decir que el altar “pertenecía al” lugar santísimo. (3) En un sentido religioso, se decía que el altar del incienso permanecía “delante de Jehová” (Levítico 16:12) y “delante del arca del testimonio” (Éxodo 40:5). De hecho, el autor de Primera de Reyes declaró que el altar de oro “estaba frente al lugar santísimo” (vea 1 Reyes 6:22). De este pasaje, R.D. Patterson señaló que aunque el altar estaba materialmente en el lugar santo, “estaba asociado funcionalmente y simbólicamente con el lugar santísimo” (1988, 4:67). Otro erudito observó que aunque el altar estaba situado en el lugar santo, “en su naturaleza e idea” pertenecía al lugar santísimo (Kay, 1981, 10:69). El profesor William Milligan argumentó, según el principio de la inferencia, que el día de la expiación el velo entre el lugar santo y el santísimo se abría para que el altar del incienso y el arca del pacto estuvieran en proximidad cercana, y que fue desde ese punto de vista que el autor de Hebreos escribió (s.d., 3:230).

Por tanto, se puede concluir correctamente que el escritor de Hebreos (9:3-4) no estaba poniendo énfasis en la ubicación del altar del incienso; en cambio, estaba enfatizando su conexión teológica con el lugar santísimo del tabernáculo.

En vista de la situación anterior, recordemos la Ley de la Contradicción. Esta máxima de la lógica afirma que algo no puede ser y ser—si se está hablando de lo mismo, empleando la misma referencia de tiempo y usando los términos en el mismo sentido. En el caso que hemos tratado, no se debería afirmar que existe una contradicción entre Éxodo 30:6 y Hebreos 9:3-4, ya que existe la posibilidad marcada que: (a) se esté considerando dos objetos diferentes, i.e., el altar de oro y un incensario; o (b) que más probablemente se esté hablando en dos sentidos diferentes, i.e., se describa el altar en un sentido de ubicación en el pasaje de Éxodo, y en un sentido teológico en el contexto de Hebreos. Así que es completamente injustificable sugerir que existe una contradicción bíblica con referencia a la ubicación del altar de oro del incienso.

REFERENCIAS

Bengal, J. A. (1877), Gnomon of the New Testament (Edinburgh: T. & T. Clark).

Dods, Marcus (1956), “Hebrews,” The Expositor’s Greek Testament, ed. W. Robertson Nicoll (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Ebrard, John Henry Augustus (1859), “Hebrews,” Biblical Commentary on the New Testament, ed. Hermann Olshausen, Ed. (New York: Sheldon & Company).

Jackson, Wayne (1986), Essays in Apologetics, ed. Bert Thompson y Wayne Jackson (Montgomery, AL: Apologetics Press, Inc.).

Kay, William (1981 reimpresión), “Hebrews,” The Bible Commentary, ed. F.C. Cook (Grand Rapids, MI: Baker).

Milligan, William (sine data), The Bible Educator, ed. E.H. Plumptre (London: Cassell, Petter and Galpin).

Moffatt, James (1957), The Epistle to the Hebrews (Edinburgh: T. & T. Clark).

Patterson, R. D. (1988), The Expositor’s Bible Commentary, ed. F.E. Gaebelein (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Zahn, Theodor (1973 reimpresión), Introduction to the New Testament (Minneapolis, MN: Klock and Klock).



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