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Apologetics Press :: Dardos Bíblicos

¿Autorizó Pedro el Bautismo de Bebés?
por Caleb Colley, M.L.A.
[English]
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Aunque no existe ninguna documentación de algún bautismo aplicado a los bebés en Hechos 2, algunos alegan que Hechos 2:39 prueba la necesidad del bautismo de bebés (e.g., Lenski, 1961, p. 110; Barnes, 1972, p. 54). Hechos 2:39 dice: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (énfasis añadido). Este versículo está inmediatamente después de Hechos 2:38, el cual dice: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. La frase “todos los que están lejos” implica que los gentiles tendrían la oportunidad y obligación de someterse al bautismo para el perdón de los pecados (vea Coffman, 1977, p. 57; Lenski, 1961, p. 110). Pero ¿qué quiso decir Pedro cuando declaró, “para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos”? ¿Estaba mandando a bautizar a los bebés?

Cuando Pedro dijo, “para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos”, él no estaba hablando específicamente acerca de los bebés o implicando que los niños pequeños necesitan responder al mandamiento de Hechos 2:38. La presentación de Pedro fue diseñada para las personas que habían sido responsables de la crucifixión de Cristo (versículo 36), un grupo que ciertamente no incluía a los niños. Pedro aseguró a sus oyentes que la promesa de la salvación no estaba limitada a ellos, sino que estaría a disposición de cada generación futura. Albert Barnes comentó sobre la “promesa” de Hechos 2:39:

También se puede ver promesas similares en Isaías 44:3, “mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos”; e Isaías 59:21, “El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre”. En estos lugares, y en otros similares, se enfatiza a los descendientes o a la posteridad. Esto no hace referencia simplemente a los hijos como niños... (1972, p. 54, énfasis en original).

Lucas quiso que el lector entendiera “hijos” como “descendientes” en Hechos 13:33, así que no es irrazonable que se presente el mismo significado en Hechos 2:39. Uno de los significados de teknois, la palabra griega que se traduce como “hijos” en Hechos 2:39, es “descendientes” (Arndt, Gingrich y Danker, 1979, p. 994). Arndt, Gingrich y Danker sugieren que teknois denota “descendientes” en Hechos 2:39. Esta interpretación calza en el contexto del sermón de Pedro concerniente al cumplimiento de la profecía: Joel profetizó que todos los que invocarían el nombre del Señor serían salvos (Joel 2:32), y Pedro afirmó que las bendiciones que estaban asociadas con la conversión estarían a disposición de no solamente los que le oían, sino también de los miembros de cada generación próxima que obedecieran (vea Longenecker, 1981, p. 285).

La idea que a Dios le interesa todas las personas en todas las generaciones, y que desea que todos se salven, no es una idea única en Hechos 2:39. Dios dijo a Israel, “Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre” (Isaías 59:21). El Nuevo Testamento también enfatiza la idea que a Dios le interesa las generaciones futuras. El texto de 2 Pedro 3:9 revela que Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

Si el hecho que Pedro usara la palabra “hijos” incluiría a los niños que estuvieron en su audiencia, Pedro hubiera mandado que esos niños se bautizaran. Pero Pedro no implicó que Joel, Isaías o David profetizaron en cuanto al bautismo de bebés (vea McGarvey, 1863, p. 44). Pedro simplemente dijo que la “promesa” era parcialmente para los hijos. ¿De qué promesa habló Pedro? En el contexto de la presentación de Pedro en el Pentecostés, parece que la promesa fue la salvación a través de Cristo, pero en ningún lugar se implica la necesidad del bautismo de bebés (vea Longenecker, 1981, p. 285; De Welt, 1967, p. 49; Reese, 1983, p. 79). Wayne Jackson observó:

Pedro afirmó que la promesa divina (de salvación con su subsiguiente don del Espíritu) estaría a disposición de las generaciones futuras (expresada por la frase “vuestros hijos”). A diferencia de las aseveraciones de algunos (cf. Lenski, 110), no existe sostenimiento aquí para el bautismo de bebés. El profesor Howard Marshall de la Universidad de Aberdeen (Escocia) declaró que usar este pasaje para sostener el bautismo de bebés es “presionarlo indebidamente” (81). Los bebés no pueden creer ni arrepentirse, por ende, no son candidatos validos para la inmersión (Marcos 16:16; Hechos 2:38). Hackett interpreta la frase como “para vuestros descendientes” (cf. Hechos 13:3) [2000, p. 28, paréntesis en original].

No todos los regalos que se dan a los hijos se dan con el propósito de que ellos los disfruten en ese momento. En cambio, a menudo el propósito es que se usen cuando los receptores llegan a una edad madura. En tales casos, los regalos estarán listos para los hijos cuando los hijos estén listos para los regalos. Pedro dijo que el regalo de la salvación está a disposición de todos aquellos a los que Dios llamare (Hechos 2:39)—y Dios llama a la gente por medio de Su Evangelio (2 Tesalonicenses 2:14). Pero los que todavía no pueden entender el Evangelio, no pueden creer en Cristo ni obedecer al Evangelio (Romanos 10:13-16). Además, los bebés no pueden arrepentirse de las acciones malas y no pueden decidir dejar de pecar, ya que ellos no pueden escoger hacer lo malo. Pedro mandó a sus oyentes a arrepentirse, así que este mensaje no se aplica a los bebés. Solamente los que pueden creer y arrepentirse pueden ser incluidos en los “hijos” de Hechos 2:39, ya que la “promesa” tenía como condición la creencia y el arrepentimiento (vea McGarvey, s.d., p. 40).

Cuando los niños crecen, aprenden la diferencia entre lo correcto e incorrecto y, finalmente, alcanzan la edad en que llegan a tener la habilidad de escoger el pecado. Todos los seres humanos maduros pecamos en algún momento de nuestras vidas (Romanos 3:23). En ese momento necesitamos que la sangre de Cristo lave nuestros pecados. Necesitamos bautizarnos, pero no cuando somos bebés.

REFERENCIAS

Arndt, William, F.W. Gingrich y Frederick W. Danker (1979), A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago, IL: University of Chicago Press), segunda edición revisada.

Barnes, Albert (1972 reimpresión), Barnes’ Notes on the Old and New Testaments: Acts (Grand Rapids, MI: Baker).

Coffman, James Burton (1977), Commentary on Acts (Abilene, TX: ACU Press).

De Welt, Don (1967 reimpresión), Acts Made Actual (Joplin, MO: College Press).

Jackson, Wayne (2000), The Acts of the Apostles: From Jerusalem to Rome (Stockton, CA: Courier).

Lenski, R.C.H. (1961 reimpresión), The Interpretation of the Acts of the Apostles (Minneapolis, MN: Augsburg).

Longenecker, Richard N. (1981), The Expositor's Bible Commentary, F.E. Gaebelein, Ed. (Grand Rapids, MI: Zondervan).

McGarvey, J.W. (1863), Original Commentary on Acts (Bowling Green, KY: Guardian of Truth), novena edición.

McGarvey, J.W. (sine data), Commentary on Acts (Cincinnati, OH: Standard).

Reese, Gareth L. (1983 reimpresión), New Testament History: Acts (Joplin, MO: College Press).



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