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¿Conocía Saúl a David Antes de la Muerte de Goliat?
por Eric Lyons, M.Min.
[English]
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Después del relato de la visita de Samuel a Belén para ungir a David como futuro rey de Israel, el libro de 1 Samuel indica que David comenzó a tocar el arpa para Saúl y llegó a ser su paje de armas (16:14-23). Después de esta información, se relata el grandioso triunfo de David sobre Goliat (1 Samuel 17), el cual es seguido por la pregunta que Saúl hizo a David, “Muchacho, ¿de quién eres hijo?” (17:58). Debido a los relatos encontrados en 1 Samuel 16-17, algunos creyentes en la Biblia se han preguntado si Saúl realmente conocía o no a David antes que él matara a Goliat. De igual manera, los escépticos han cuestionado la consistencia de esta historia (vea Morgan, 2003; Wells, 2001; “Inerrancy”, s.d.). En un artículo titulado “Internal Contradictions in the Bible” (“Contradicciones Internas en la Biblia”), Paul Tobin resumió el argumento de los escépticos al declarar que 1 Samuel 16 “claramente muestra que Saúl...conocía a David. Pero luego, después de la pelea de David y Goliat, Saúl preguntó a su general acerca de la identidad del joven que mató al gigante (I Samuel 17:56). Y él otra vez preguntó a David quién era, cuando realmente debía haber sabido eso desde el principio” (2000). Supuestamente, la descripción bíblica de la ignorancia de Saúl concerniente a David después de la muerte de Goliat es prueba de la imperfección de los siervos de Dios que escribieron las Escrituras.

Primeramente, es imprescindible que reconozcamos que, como con otros pasajes bíblicos, no se nos dice en 1 Samuel 16-17 que todos los eventos ocurrieron en un orden cronológico. Aunque en 1 Samuel, existe una progresión general secuencial, eso no quiere decir que todos los eventos que se registren en el libro estén en orden cronológico. De hecho, en el capítulo 17 encontramos evidencia de que este no es el caso. Por ejemplo, los eventos que se registran en el capítulo 17:54 (i.e., la escena donde David puso sus armas en su tienda y llevó la cabeza de Goliat a Jerusalén) son posteriores a las conversaciones mencionadas en los versículos 55-58 (como el versículo 57 clarifica). Los versículos 55-56 sincronizan con el versículo 40, mientras que los versículos 57-58 se pudieran colocar inmediatamente después del versículo 51 (Youngblood, 1992, 3:703). Y, en cuanto al capítulo 16, ¿quién no pudiera decir que David no estaba ya tocando el arpa para Saúl antes que Samuel le ungiera? Primera de Samuel 17:15 indica que David ocasionalmente iba y regresaba a la casa de Saúl después de apacentar las ovejas de su padre en Belén. Tal vez fue durante uno de esos permisos que fue ungido como futuro rey de Israel (16:1-13). A menos que el texto aclare que un evento ocurrió después del otro, no se puede concluir con seguridad la cronología exacta de esos eventos. El hecho que un evento histórico que se registra en la Biblia preceda a otro, no significa que no haya ocurrido en un tiempo posterior (o viceversa). Ciertamente, los antiguos no estaban tan preocupados con la cronología como lo está la persona moderna del siglo veintiuno.

Aparte del hecho que no se puede garantizar la secuencia exacta de los eventos registrados en 1 Samuel 16-17, existen varias explicaciones posibles de por qué Saúl pareció no reconocer a David después de su victoria triunfal sobre Goliat. Primero, pudo haber pasado suficiente tiempo para que la apariencia de David cambiara significantemente desde la última vez que estuvo ante el rey Saúl. William M. Thomson, un misionero en Siria y Palestina por casi la mitad del siglo diecinueve, una vez describió los cambios inesperados en el desarrollo físico de los jóvenes orientales en su libro The Land and the Book (La Tierra y el Libro).

Ellos no solamente llegan a la madurez como si fuera por magia, sino toda su belleza antigua desaparece; su aspecto se hace oscuro; su facción fuerte y angular, y todo la expresión de su rostro se torna severa e incluso desagradable. A menudo he tropezado con tales personas, quienes tenían rostros antiguos amigables pero que han crecido repentinamente y de una manera diferente, y no los he podido reconocer con facilidad (1859, 2:366).

Pocos negarían que los jovencitos puedan cambiar rápidamente durante un periodo relativamente corto de tiempo. El vello facial, la altura y peso mayor, los músculos más definidos, la piel más oscura, la voz más profunda, como también la vestimenta diferente, pueden ser una razón principal por la cual alguien que conoce a una persona, pero que no la ha visto por algún tiempo, diga, “Yo casi no te reconocí. Has cambiado”. Ciertamente, es muy posible que, entre el tiempo que David sirvió a Saúl como arpista y el tiempo que mató a Goliat, él haya experimentado muchos cambios físicos que impedían que un rey angustiado reconociera a su antiguo arpista.

Una segunda razón por la cual Saúl no reconoció a David es porque tal vez había caído en otro estado mental inestable. A través del libro de 1 Samuel se nota la recaída constante de Saúl a un estado anormal (cf. 16:14-23; 18:9-12; 19:22-24; 22:6-19), y es posible que el capítulo 17:54-58 sea otra muestra de su situación mental defectuosa. En su comentario de 1 Samuel 17, Robert Jamieson mencionó esta posibilidad diciendo, “El temperamento mal humorado del rey, para no decir que su temperamento parecía al de un demente, sería suficiente de por sí para explicar la circunstancia en la cual no reconocía a un joven quien, durante el tiempo de su aberración mental, había estado muy cerca de él, tratando de aliviar su alma descontrolada” (Jamieson, 1997).

Tercero, se pudiera decir que Saúl realmente recordaba a David, pero a causa de la envidia por la victoria momentánea de David (cf. 1 Samuel 18:8-11), y tal vez por oír que Samuel había estado en Belén para ungirle como próximo rey (1 Samuel 16:1-13), Saúl simplemente quería actuar como si no conociera a David. No es difícil imaginar esto. Hoy, un maestro o entrenador puede inquirir acerca de un estudiante a quien realmente conoce con la esperanza de infundir sumisión en el adolescente arrogante. Una indicación textual de que esa puede ser la explicación de 1 Samuel 17:54-58 es que Saúl todavía se refería a David, el matador de osos, de leones y de Goliat, como un “joven” (Hebreo `elem—17:56) y un “muchacho” (Hebreo na`ar—17:58). Aunque estas dos palabras no conllevan necesariamente una connotación de menosprecio, ninguna de estas designaciones parece ser muy apropiada para un hombre que se había probado la armadura del Rey Saúl—quien una vez fue descrito como “de hombros arriba [y que] sobrepasaba a cualquiera del pueblo” (1 Samuel 9:2)—y que había matado a uno de los enemigos más temidos de Israel. Realmente, la supuesta ignorancia de Saúl en cuanto a David y su familia puede haber sido una “actuación” instigada por lo que el médico Herman van Praag una vez llamó, “arrogancia alimentada por la envidia” (1986, 35:421).

Finalmente, se debe notar que el texto no dice realmente que Sául no conocía a David. Solamente registra que Saúl preguntó, “¿De quién es hijo ese joven?” (1 Samuel 17:55; cf. vss. 56,58). Concluir que Saúl no reconoció a David es una suposición. El rey simplemente pudo haber estado preguntando acerca de la familia de David. Ya que Saúl había prometido recompensar al hombre que mató a Goliat al eximir “de tributos a la casa de su padre en Israel” (17:25), Saúl pudo haber estado cuestionando a David para garantizar la identidad de su familia. Además, el capítulo 18:1 parece presuponer que los dos tuvieron una conversación extensa, lo cual implicaría que Saúl quería incluso más información que solamente el nombre del padre de David.

Ciertamente, una de estas posibilidades puede explicar el interrogatorio de Saúl. Probar lo contrario es trabajo del escéptico. Como el respetado profesor de ley Simon Greenleaf concluyó en cuanto a la regla de la ley municipal en relación a los escritos antiguos:

La ley supone que todo documento, aparentemente antiguo, que viene del depósito o custodia adecuada y que no tiene marcas evidentes de falsificación, es genuino, y probar lo contrario es responsabilidad de la parte contraria (1995, p. 16, énfasis añadido).

Hasta que los escépticos nieguen las posibles soluciones anteriores en cuanto a 1 Samuel 16-17, y puedan probar fuera de toda duda que el escritor de la Biblia cometió un error genuino, no se debe dudar de la integridad del texto bíblico.

REFERENCIAS

Greenleaf, Simon (1995), The Testimony of the Evangelists (Grand Rapids, MI: Kregel Classics).

“Inerrancy: Where Conservative Christianity Stands or Falls,” (sine data), [En-línea], URL: http://users.vei.net/smijer/christianity/bunk.html.

Jamieson, Robert, et al. (1997), Jamieson, Fausset, Brown Bible Commentary (Electronic Database: Biblesoft).

Morgan, Donald (2003), “Biblical Inconsistencies,” [En-línea], URL: http://www.infidels.org/library/modern/donald_morgan/inconsistencies .shtml.

Thomson, William M. (1859), The Land and the Book (New York: Harper and Brothers).

Tobin, Paul N. (2000), “Internal Contradictions in the Bible,” The Rejection of Pascal’s Wager, [En-línea], URL: http://www.geocities.com/paulntobin/internal.html.

van Praag, Herman M. (1986), “The Downfall of King Saul: The Neurobiological Consequences of Losing Hope,” Judaism 35:421.

Wells, Steve (2001), Skeptic’s Annotated Bible, [En-línea], URL: http://www.Skepticsannotatedbible.com.

Youngblood, Ronald F. (1992), The Expositor’s Bible Commentary—1 & 2 Samuel (Grand Rapids, MI: Zondervan).



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