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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

Dándole Sentido al Bautismo
por Eric Lyons, M.Min.
[English]
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Una razón por la cual algunas personas religiosas no sienten que el bautismo en agua sea un prerrequisito para la salvación es porque “esto no tiene sentido”. ¿Por qué demandaría Dios que un pecador fuera sumergido en agua para recibir las bendiciones celestiales que abundan “en Cristo” (cf. Gálatas 3:27; Hechos 2:38; Hechos 8:34-40; 2 Timoteo 2:10; Colosenses 1:14)? Ellos dicen que “la necesidad del bautismo parece muy arbitraria”. “La necesidad de confesar la fe en Jesús como el Hijo de Dios tiene mucho sentido. Es lógico arrepentirse de los pecados personales. Pero ¿cuál es la utilidad del bautismo? ¿Qué significado tiene? Y ¿por qué si alguien se mojara físicamente, sería limpio espiritualmente?”.

Primero, sin tener en cuenta el hecho que las instrucciones de Dios nos parezcan razonables o no, Dios espera que obedezcamos Sus órdenes. Una de las muchas lecciones que aprendemos al estudiar el Antiguo Testamento es que Dios a menudo dio mandamientos que parecían un poco ilógicos para el hombre. No mucho tiempo después de la salida de los israelitas de Egipto, Dios mandó que Moisés golpeara a una roca para obtener agua (Éxodo 17:1-7). Aunque cavar un pozo hubiera parecido más razonable, Dios quería que Moisés golpeara una roca con su vara antes de obtener agua de la roca. Cuarenta años después, cuando los israelitas comenzaban a conquistar Canaán, Jehová instruyó que los israelitas marcharan alrededor de la ciudad de Jericó una vez por seis días, y siete veces el séptimo día para conquistar la ciudad (Josué 6:1-5). Dios dijo a los israelitas: “Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá” (6:5). La idea de que un ejército derrotara a un enemigo simplemente al caminar alrededor de la ciudad, gritar y tocar cuernos de carneros, parece irracional. La persona promedio diría que esto no tiene sentido. Pero, esto fue lo que Dios mandó que Su pueblo hiciera si quería alcanzar la victoria. Algunos siglos después, Eliseo, un profeta de Dios, instruyó a un hombre leproso llamado Naamán, diciendo: “Vé y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio” (2 Reyes 5:10). Si consideramos que las aguas del río Jordán no tenían poder curativo, entonces este mandamiento no tenía sentido para Naamán, y puede no tener mucho sentido para muchos lectores modernos. ¿Por qué quería Dios que un leproso se sumergiera en un río? Y ¿por qué siete veces? ¿Qué poder medicinal tenía el río? ¿Por qué no dijo simplemente el profeta a Naamán, “Tu fe te ha sanado”?

Hoy en día, si un pecador quiere recibir “la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57), las Escrituras son claras: a parte de confesar su fe en Cristo y arrepentirse de sus pecados (Juan 8:24; Romanos 10:9,10; Lucas 13:3; Hechos 2:38), debe bautizarse (Marcos 16:16; 1 Pedro 3:21). Es incorrecto rechazar el mandamiento a ser sumergido en agua simplemente porque sentimos que el bautismo y la salvación eterna no están relacionados en absoluto—así como hubiera sido equivocado que Moisés, los israelitas y Naamán rechazaran los mandamientos de Dios años atrás (cf. Isaías 55:8,9).

No obstante, lo cierto es que la inmersión en agua no es una “instrucción ilógica” como algunos la han calificado. El plan de Dios para salvar al hombre, y las condiciones sobre las cuales se recibe esa salvación (incluyendo el bautismo) estuvieron en la mente de Dios “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4). Dios siempre ha conocido este plan “que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:11). Considerar al bautismo como un ritual frívolo y pasajero insulta el plan eterno de Dios. Primero, el bautismo tiene sentido porque Dios dice que lo tiene. Y segundo, si se considera más detalladamente los pasajes que abordan el bautismo, se tendrá un mejor entendimiento de su significado. Dios nunca quiso que la gente pensara que el poder de perdonar los pecados está en el agua, así como nunca esperó que Naamán creyera que el poder para limpiar su lepra estaba en el Río Jordán. De hecho, el apóstol Pedro fue muy claro en cuanto a este tema cuando escribió del bautismo no como algo que quita “las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios” (1 Pedro 3:21).

Pablo escribió a las iglesias de Galacia, diciendo, “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27, énfasis añadido). Cuando se considera este pasaje juntamente con Romanos 6:3 et.seq., se aprende que al ser bautizados en Cristo, somos bautizados en Su muerte.

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado (Romanos 6:3-7).

En vez de preguntar, “¿Por qué el bautismo?”, tal vez deberíamos preguntar, “¿Por qué no?”. ¿Qué otro acto calzaría tan bien para representar el final de la vida pecaminosa? En su comentario sobre Romanos 6, R.L Whiteside observó:

Ser sepultado en el bautismo tiene una semejanza con su muerte; así también existe una semejanza con su resurrección en el acto de ser levantado del bautismo a una vida nueva. Por ende, al ser bautizados somos unidos con él en la semejanza de esta muerte y resurrección. Por tanto, somos compañeros con él en la muerte y también en la resurrección a una vida nueva. Jesús fue sepultado y se levantó a una vida nueva; nosotros somos sepultados en el bautismo y nos levantamos a una vida nueva. Estos versículos muestran el acto del bautismo y también su valor espiritual (1988, p. 132).

En el acto del bautismo se actualiza la cruz para el pecador, y se le da un significado individual (Riley, 2000, p. 72). Cada vez que alguien llega al cristianismo, un pecador muere (“sepultados con él en el bautismo”—Colosenses 2:12) y un santo se levanta “mediante la fe en el poder de Dios que le levantó [a Jesús] de los muertos” (Colosenses 2:12).

Ciertamente, el bautismo “tiene sentido” (un sentido perfecto) cuando tomamos el tiempo para enfocarnos en Aquel que dio Su vida por nosotros y en el modo del bautismo que da la bienvenida a nuestra vida nueva con Él (Mateo 28:18-20). Así como comenzó la vida nueva de Noé, en un mundo nuevo, después de haber sido transportado de un mundo de pecado por el agua (1 Pedro 3:21; cf. 2 Corintios 5:17), el pecador es llevado por el agua a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Este acto sumiso nos saca del mundo y nos da entrada a una relación estrecha con Dios.

REFERENCIAS

Riley, Tom (2000), Dying to Live Again (Webb City, MO: Covenant Publishing).

Whiteside, Robertson L. (1988), Paul’s Letter to the Saints at Rome (Bowling Green, KY: Guardian of Truth Foundation), reimpresión.



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