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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

Corinto en la Historia y la Arqueología
por Personal de A.P.
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Los relatos de los viajes de Pablo a menudo incluyen información social que llega a ser más interesante por medio de un examen histórico y arqueológico de las ubicaciones de las iglesias encontradas en Hechos. Una de estas iglesias estaba en Corinto en Acaya, donde Pablo se quedó por un año y medio durante su segundo viaje misionero (Hechos 18:11). De Hechos 18:1-18 se puede determinar que: había un número grande de judíos en la ciudad de Corinto (evidenciado por la presencia de una sinagoga—18:4); que probablemente esta ciudad era el centro gubernamental de la provincia romana de Acaya (evidenciada por la mención de Galión como procónsul—18:12); y que era una ciudad portuaria (18:18).

Esto provee algo de evidencia con la cual podemos reconstruir solamente una imagen vaga de la ciudad y la gente de Corinto. Sin embargo, la Corinto del tiempo de Pablo revive para los lectores de Hechos y los libros de Primera y Segunda a los Corintios cuando se considera la evidencia histórica y arqueológica. Además, una vez que se entiende el trasfondo de la ciudad y su gente, el texto llega a ser más significativo. La Biblia habla solo brevemente acerca de Corinto, pero es obvio por lo que se dice, que ésta era una ciudad muy importante. La geografía de Acaya, e incluso la geografía de la parte del Mediterráneo, tuvieron un rol importante en la Corinto antigua. Grecia estaba dividida entre la tierra principal y la península peloponesia, con un istmo estrecho que las conectaba. Corinto estaba ubicada exactamente al suroeste del istmo (en la península) y miraba hacia el istmo. Con esta ubicación, Corinto podía controlar todo el tránsito terrestre (comercial o distinto) que venía de la tierra principal a la península (DeVries, 1997, p. 379). Corinto estaba favorecida por dos puertos: Lejaión en el Golfo de Corinto, que estaba a un poco más de una milla al norte de Corinto y que conducía a Italia; y Cencrea en el Golfo Sarónico, que estaba a un poco más de seis millas al este y que conducía al Asia Menor (Harrison, 1985, pp. 83-84).

El extremo más meridional de la península peloponesia, conocido como el Cabo Malea, era la ruta alrededor de Grecia, y era conocida por ser un camino peligroso (Blaiklock, 1965, p. 56; Harrison, p. 83). Incluso se llegó a crear un dicho basado en la naturaleza peligrosa de las aguas del Cabo Malea: “Cuando doble a Malea, olvídese de su hogar” (Harrison, p. 83). A causa de esto, las embarcaciones que llevaban mercancías destinadas para Italia a menudo descargaban en el puerto de Cencrea. Sus mercancías eran llevadas a través del istmo de cinco millas de ancho y luego eran nuevamente cargadas en el puerto de Lejaión en embarcaciones destinadas a Italia. Las embarcaciones más pequeñas eran colocadas en “remolques” y trasportadas por el diolkos, un camino pavimentado que unían los golfos de Cencrea y Lejaión (Blaiklock, p. 56; Harrison, pp. 83-84; DeVries, p. 360). Por ende, Corinto estaba en una posición geográfica buena para controlar todo el tránsito entre el Asia Menor al este e Italia al oeste, y entre la tierra principal de Grecia al norte y la península peloponesia al sur.

La leyenda relata que en Corinto se construyó el Argo mitológico, piloteado por Jasón y su tripulación de argonautas (Blaiklock, p. 57). Históricamente, el área donde estaba Corinto fue habitado esporádicamente antes de la fundación de la ciudad, lo cual sucedió cuando los griegos dóricos se establecieron en el área y fundaron la ciudad de Corinto alrededor del año 1000 a.C. Corinto pronto estableció colonias en las islas de Cilicia y Corfú en el siglo octavo a.C., y alcanzó una nueva posición de dominio durante el siglo séptimo y sexto a.C. Fue durante ese tiempo que Periandro, hijo de Cipselo, construyó el diolkos entre el Golfo Sarónico y el Golfo de Corinto (DeVries, pp. 360-361). Durante el siglo quinto a.C., Atenas desafió el control corintio de comercio al intentar tomar el control de ciertos intereses comerciales y colonias. Esparta, la ciudad rival de Atenas, se unió a Corinto, y los estados de la ciudad de Grecia fueron involucrados en la Guerra Peloponesia en el año 430 a.C. Esparta y Corinto prevalecieron, pero Atenas y Esparta continuaron peleando hasta que los macedonios conquistaron Grecia en el año 338 a.C. (Blaiklock, p. 57). Cuando el Imperio Romano comenzó su conquista del mundo mediterráneo, los corintios trataron de defenderse, pero fueron destruidos en el año 146 a.C. por el general romano Lucio Mumio, quien mató a los hombres y vendió a las mujeres y niños como esclavos. No existió una ciudad Corintia real por casi cien años hasta que Julio César la reestableció como una colonia romana en el año 44 a.C. y César Augusto la hizo capital de Acaya en el año 27 a.C. Corinto llegó a ser otra vez el centro comercial en Grecia entre el Asia Menor y Roma (DeVries, p. 362; Harrison, pp. 84-85). Por ende no es sorprendente, al considerar la gran cantidad de tráfico comercial a través de Corinto, que Pablo, Aquila y Priscila ejercieran allí su oficio de hacer tiendas (Hechos 18:2,3).

Como ciudad, Corinto disfrutaba de una buena tierra, siendo su característica prominente una montaña rocosa de 1,887 pies de alto llamada Acrocorinto. La tierra cercana a Acrocorinto no era fértil, pero al oeste se consideraba que la tierra era una propiedad agrícola buena (Harrison, p. 86). El Acrocorinto funcionaba como la ciudadela de Corinto, teniendo el templo de Afrodita encima, el cual supuestamente albergaba a mil prostitutas religiosas (Harrison, p. 86; Duffield, 1985, p. 22). En cuanto a la economía de Corinto, LaMoine DeVries escribió:

Corinto tenía una economía basada en el comercio, la industria y la agricultura. Aunque la pluviosidad anual de la región era muy limitada, la ciudad se beneficiaba de la producción de productos agrícolas en la llanura costera fértil cercana, especialmente del cultivo de huertos y viñas. Además de la agricultura, Corinto tenía al menos dos industrias prosperas que producían alfarería y trabajos en bronce que eran enviados a través del Mediterráneo (p. 360).

Desde 1896, los arqueólogos bajo la dirección de la Escuela Americana de Estudios Clásicos en Atenas han estado excavando la Corinto antigua. Ellos descubrieron que durante el tiempo de Pablo, se estaban reconstruyendo muchas edificaciones que fueron destruidas por Lucio Mumio, y que también se estaban construyendo nuevas edificaciones. Esto posiblemente explica por qué Pablo usó metáforas de construcción en 1 Corintios 3:10-15 (vea Furnish, 1988, pp. 16-17). Se ha encontrado restos de un templo dórico del siglo sexto a.C. que fue restaurado en el primer siglo a.C., del cual siete columnas todavía permanecen en pie. Algunos dicen que este fue el templo de Apolo, pero nadie lo sabe con seguridad. Exactamente al norte de este templo estaba el mercado del norte, que almacenaba tiendas de alimentos. El teatro estaba al oeste del mercado del norte y fue reconstruido y renovado muchas veces con el paso de los años (Furnish, pp. 22-23).

Entre el mercado del norte y el teatro se ha encontrado un interesante hallazgo arqueológico que tiene la forma de una inscripción. Este hallazgo que los arqueólogos han descubierto probablemente hace referencia a un funcionario público de Corinto, a quien Pablo parece haber identificado por nombre en su epístola a los Romanos. En Romanos 16:23, Pablo expresó los saludos de varias personas para la iglesia de Roma, de las cuales una fue “Erasto, tesorero de la ciudad”. Ya que el apóstol con mucha seguridad escribió la carta a los Romanos desde Corinto, Erasto probablemente fue el tesorero de la ciudad. Erasto es asociado especialmente con Corinto en 2 Timoteo 4:20. La inscripción de Erasto, la cual se encontró en Corinto en 1929, ha sido datada en la segunda mitad del primer siglo d.C. Originalmente, consistía de cartas talladas en bloques de pavimento de piedra y luego damasquinadas con metal. Solamente permanecen dos signos de puntuación de metal, aunque la mayor parte de la inscripción todavía se puede ver en una pequeña plaza al este del teatro (Furnish, p. 20). La inscripción del pavimento dice, “Erasto a cambio de su magistratura, lo construyó [el pavimento—ZS] a costa suya” (Furnish, p. 20). Es muy posible que este sea el mismo Erasto que se menciona en Romanos 16:23, 2 Timoteo 4:20 y Hechos 19:22.

Al sur del teatro y el supuesto templo de Apolo había otros templos, santuarios religiosos y edificaciones públicas al estilo romano. También había una basílica que se usaba probablemente como la sede judicial para la ciudad de Corinto. Si esto fuera cierto, entonces Pablo probablemente hubiera comparecido ante Galión (Hechos 18:12-17) en la basílica en vez de la plataforma ceremonial en el centro del foro (Frunish, p. 23). DeVries dio un muy buen resumen acerca del arreglo de Corinto basado en la evidencia arqueológica que se descubrió:

La entrada principal a la ciudad era la del norte; el camino de Lejaión se extendía desde el Golfo de Corinto y su puerto hacia el sur hasta llegar a la ciudad. Cuando el camino llegaba a la ciudad su anchura aumentaba a algo de veinticinco pies. Estaba pavimentada con losas de piedra y estaba bordeada con aceras elevadas con canales para el desagüe, columnatas y tiendas. Más allá de las tiendas hacia el oeste había una basílica rectangular, el gran templo de Apolo, el mercado del norte y un teatro. La basílica grande, que es llamada a menudo la basílica del norte, con cámaras en cada extremo, funcionaba aparentemente como una sala de recepción grande. Estaba dividida por dos filas de columnas y tal vez se usaba para una variedad de reuniones públicas. El templo de Apolo, construido originalmente en el siglo sexto AEC, estaba diseñado con treinta y ocho columnas, siete de las cuales todavía permanecen en pie hasta hoy. Al este de la vía pública se ubicaba el peribolos de Apolo y la fuente de Peirene. El peribolos era un gran patio rodeado por columnas y dedicado a Apolo cuya estatua permanecía en el centro. La fuente de Peirene, un reservorio grande con una capacidad de más de ochenta y un mil galones, era abastecida por manantiales naturales y proveía la fuente principal de agua para la ciudad (p. 364).

DeVries continuó y describió el agora, o mercado, el cual estaba dividido por una fila de tiendas y la plataforma [el asiento o escalón de juicio—ZS] hasta las plazas inferiores y superiores; el bouleuterion, donde se reunía el concilio; una serie de tiendas, posiblemente restaurantes o bares donde los pozos que se abastecían con agua de manantial mantenían el vino frío; los templos pequeños para Apolo, Ticio, Venus y Hera ubicados al oeste del agora; el santuario de Démeter y Kore; un gran área industrial de alfarería; y el complejo Lerna-Asclepio, que contenía áreas para bañarse, ejercitarse y comer, y que eran dedicadas a la sanidad del débil y consagrado a Asclepio, el dios de la sanidad (pp. 365-366).

Aunque se los dató posteriormente al tiempo de Pablo, dos hallazgos arqueológicos probaron que había un número significante de judíos en Corinto. El primero fue una inscripción que decía, “Sinagoga de los hebreos”, probando que había suficientes judíos en Corinto (al menos alrededor del siglo cuarto) para justificar la construcción de una sinagoga. Otro hallazgo, que pertenecía aparentemente a una sinagoga, mostraba decoraciones judías típicas de candelabro, palmas y cidro (Frunish, p. 26). Otros hallazgos arqueológicos en la ciudad de Corinto incluyen un espejo de bronce que fue hecho en Corinto, estatuas, una fuente con delfines tallados, y modelos terracota de partes del cuerpo que se usaban en rituales de curación en el complejo Lerna-Asclepio (Furnish, pp. 17-26).

Ya que tenía una influencia grande en el Imperio Romano, Corinto pudo controlar todo el comercio este a oeste, y todo el comercio griego norte a sur. Se han encontrado muchas edificaciones que confirman el registro bíblico de Corinto y que prueban que los relatos encontrados en Hechos y Primera y Segunda a los Corintios son verdaderos y exactos. Cuando los arqueólogos cavan la tierra oscura más profundamente, ésta confirma más la veracidad de la Biblia.

REFERENCIAS

Blaiklock, E.M. (1965), Cities of the New Testament (London, England: Revell).

DeVries, LaMoine F. (1997), Cities of the Biblical World (Peabody, MA: Hendrickson).

Duffield, Guy P. (1985), Handbook of Bible Lands (Grand Rapids, MI: Baker).

Furnish, Victor Paul (1988), “Corinth in Paul’s Time—What Can Archaeology Tell Us?” Biblical Archaeology Review, 14[3]:15-27, May/June.

Harrison, R.K. (1985), Major Cities of the Biblical World (Nashville, TN: Nelson).



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