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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

“No Abrió Su Boca”
por Eric Lyons, M.Min.
[English]
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Isaías predijo los sufrimientos que Cristo enfrentaría en medio de Su juicio y crucifixión (como si ya hubieran pasado) en una profecía considerada como la profecía más conocida concerniente al Mesías venidero:

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados... Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca (53:5,7, énfasis añadido).

Según Isaías, el Mesías no solamente sufriría castigo cruel en Su camino a la tumba, sino también lo haría sin abrir Su boca. Sería tan silencioso como una oveja delante de sus trasquiladores.

El problema que algunos tienen con este pasaje es que los escritores del evangelio indican que Jesús abrió Su boca delante de Sus acusadores, y después mientras colgaba en la cruz. Después que Jesús fue arrestado en el Huerto del Getsemaní, el sumo sacerdote le preguntó, diciendo, “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”. Jesús respondió, no con silencio, sino con dos enunciados que enfurecieron al concilio judío. Él dijo: “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:61,62). Luego Jesús fue enviado a Pilato, donde se le hizo otra pregunta acerca de Su identidad, “¿Eres tú el Rey de los judíos?”. Así como lo hizo antes esa misma noche, no mantuvo el silencio, sino respondió a Pilato con estas palabras: “Tú lo dices” (Marcos 15:2). Incluso cuando colgaba en la cruz pocas horas después, Jesús hizo varios enunciados, incluyendo, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34) y “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34). Por tanto, ¿cómo pudiera estar haciendo referencia Isaías 53 a Jesús si Él realmente “abrió Su boca” durante Su juicio y mientras estaba en la cruz?

Obviamente, si la frase, “no abrió su boca”, significaba que el Mesías nunca hablaría mientras era oprimido y afligido, entonces Jesús no podía haber sido el siervo quebrantado profetizado por Isaías, y los escritores inspirados, predicadores y profetas del primer siglo que aplicaron este pasaje a Él se equivocaron (cf. Hechos 8:32,33). Sin embargo, el entendimiento adecuado de esta frase revela que no significa literalmente que el acusado “no abriría su boca”. Primero, ni siquiera el escéptico interpretaría este versículo como indicando que el siervo quebrantado literalmente debía mantener su boca cerrada—es decir, que si él separaba sus labios para tragar aire, agua o comida, entonces la profecía sería anulada. Esta sería una interpretación ridícula de la frase “no abrió su boca”, ya que en este pasaje Isaías ciertamente usó la palabra “boca” para hacer referencia a lo que la boca hace, i.e., ayuda a hablar (una figura de expresión conocida como metonimia, donde se emplea un sustantivo o palabra por otra). Segundo, las frases “abrir la boca” y “no abrir la boca” son modismos hebreos (que aparecen en el Antiguo y Nuevo Testamentos) que se usan frecuentemente para hacer referencia a la longitud, libertad y/o clase de elocución, en vez de hacer referencia a la pronunciación de palabras.

Cuando Jefté (el noveno juez de Israel listado en el libro de Jueces) habló a su hija después de la victoria que el Señor había dado a los israelitas sobre los amonitas, dijo: “¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme” (Jueces 11:35, énfasis añadido). La frase “porque le he dado palabra a Jehová” en la versión inglesa New King James es literalmente “He abierto mi boca delante del Señor” (NKJV, énfasis añadido; vea ASV). Jefté había jurado antes delante del Señor, diciendo, “Si entregares a los amonitas en mis manos, cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto” (Jueces 11:30,31). La razón por la cual Jefté estaba tan afligido después de regresar a casa de la guerra y ver a su hija no fue simplemente porque “abrió su boca” y oró a Dios, sino porque en su oración había incluido una promesa a Dios—una que le causó a él y a su hija una gran tristeza (vea Miller, 2005). Jefté pudo haber hablado a Dios todo el día sin hacer este enunciado importante y que cambió su vida, y esto no hubiera sido descrito como un tiempo en el cual Jefté “abrió su boca”. La frase “abrí mi boca” (Jueces 11:35,36) significaba que se había declarado algo extremadamente digno de mención; una promesa a Dios que no se podía romper.

Note también cómo se usa ocasionalmente en el Nuevo Testamento la idea de “abrir la boca”. Poco después que Felipe había hablado con el eunuco de Etiopía acerca del pasaje de la Escritura que estaba leyendo (irónicamente Isaías 53—vea Hechos 8:30-33), el texto indica: “Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (Hechos 8:35, énfasis añadido). Note que Felipe ya había estado hablando con el eunuco (8:30), y con seguridad ya había hecho otros comentarios que Lucas no registra en el libro de Hechos. No obstante, se describe a Felipe como “abriendo su boca” solo cuando comenzó a hablar en profundidad al eunuco y le predicó el Evangelio de Jesús.

En el capítulo diez del libro de Hechos, Lucas registró la visita de Pedro a un gentil llamado Cornelio. Después que el Espíritu de Dios le llamó (10:19,20) para viajar a la ciudad de Cornelio (i.e., Cesarea), Pedro partió al próximo día. A su llegada, habló a Cornelio acerca de varias cosas (Hechos 10:25-29). Primero reprendió a Cornelio por adorarle, diciendo, “Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (10:26). Después procedió a hablarle acerca de otras cosas no especificadas en el texto (Hechos 10:27). Y luego reveló a Cornelio y a su casa que Dios le había mostrado (siendo un judío) que los gentiles no debían ser considerados impuros. Después de varios minutos (o tal vez algunas pocas horas) de conversación entre Pedro y Cornelio (10:24-33), Lucas registró que “Pedro, abriendo la boca” (10:34), anunció la fe en Cristo. ¿Había estado la boca de Pedro abierta todo este tiempo? Sí. ¿Había hablado a Cornelio acerca de varias cosas? Desde luego. Pero ahora Pedro comenzaba realmente a hablar. Él ya había estado hablando, pero ahora estaba “abriendo su boca”. Ahora estaba predicando el Evangelio de Cristo.

Al escribir a la iglesia en Corinto, Pablo una vez hizo el siguiente comentario: “Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios” (2 Corintios 6:11, énfasis añadido). Este enunciado obviamente lleva más significado que simplemente, “Pablo habló a los corintios”. Algunas versiones traducen este versículo usando tales palabras como “con franqueza” (LBLA) o “con toda franqueza” (NVI) para describir cómo hablaron Pablo y Timoteo a los corintios. En vez de esconder varias verdades que serían de beneficio para la iglesia en Corinto (cf. 2 Corintios 4:2,3), ellos hablaron francamente y sin restricción. Encomendaron sus vidas, y su ministerio, incondicionalmente a los corintios para que ellos puedan aceptar su mensaje (cf. 2 Corintios 6:1,2; vea Jamieson, et.al., 1997). Esta es la manera en la cual Pablo usó la frase “abrir la boca”.

Cuando el profeta Isaías escribió que el siervo quebrantado “no abrió su boca” mientras era oprimido y afligido (Isaías 53:7), no quiso decir que Jesús nunca pronunciaría una palabra desde el tiempo que fue arrestado en el huerto hasta Su muerte en la cruz. El pensamiento detrás de esta frase es que Jesús no hablaría libremente y sin restricciones en Su defensa. Aunque Jesús pudo haber respondido a Sus acusadores con “una boca abierta” y pudo haber presentado una defensa fuerte y prolongada de Su inocencia (así como Felipe, Pedro y Pablo testificaron de Cristo y su propio ministerio muy libremente), Jesús escogió contenerse ante Sus acusadores y atormentadores. En vez de llamar a doce legiones de ángeles para pelear por Él (cf. Mateo 26:53), Jesús humildemente se sometió a Sus enemigos. En vez de realizar algún milagro notable ante Herodes para ganar Su libertad (cf. Lucas 23:8), y en vez de herir al sumo sacerdote con ceguera al intentar convencer al Sanedrín que Él realmente era el Hijo de Dios, Jesús suprimió Sus poderes. Menos de veinticuatro horas antes, Jesús había restituido la oreja de Malco, aunque no hizo nada para aligerar Su propia aflicción durante Su juicio y crucifixión—ni siquiera mencionar este milagro para defender Su deidad. A la luz de lo que Cristo pudo haber hecho a Sus acusadores y de la defensa que pudo haber presentado ante ellos a favor Suyo, la sumisión pasiva de Cristo ante ellos es remarcable. Verdaderamente, “cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).

Profetizar que el siervo quebrantado “no abrió su boca”, es usar una expresión hebrea e hiperbólica que significa que Jesús se abstuvo de dar una defensa legal exhaustiva a favor Suyo. En gran parte de Su aflicción y opresión Él permaneció en silencio (cf. Mateo 26:62,63; 27:12-14). Otras veces habló solamente pocas palabras que no llegan a compararse a la defensa que pudiera haber presentado a Su favor si hubiera estado tratando de evitar la persecución y crucifixión.

REFERENCIAS

Jamieson, Robert, et al. (1997), Jamieson, Fausset, Brown Bible Commentary (Electronic Database: Biblesoft).

Miller, Dave (2005), “La Hija de Jefté,” [En-línea], URL: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/2793.



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