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Apologetics Press :: Temas Prácticos

El Descarte del Drama Da Vinci
por Brad Harrub, Ph.D.
[English]
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¿Cuántas veces han criticado los cristianos modernos a los judíos del tiempo de Jesús—clamando que ellos deberían haber sabido que Él era el Hijo de Dios? Después de todo, Él estuvo realizando milagros justo delante de ellos. Él compartió con ellos, en Sus parábolas y lecciones, la sabiduría que solo podía haber venido de Dios. Muchos años antes se le había dicho a los judíos, “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh” (Génesis 49:10). Esta profecía hace referencia al Mesías (“Siloh”) llegando antes que los judíos perdieran su soberanía nacional y el poder judicial que les daba el derecho de ejercer la pena capital—un evento que fue registrado durante el tiempo que Cristo caminó entre ellos (Juan 18:31) [vea Thompson, 2005]. Todo, desde Su linaje hasta Sus acciones y comportamiento, reafirmaba la misma cosa: qué Él era verdaderamente el Hijo de Dios. Sin embargo, parecía que los judíos estaban determinados a pasar por alto Su persona y Sus enseñanzas.

Mientras que silenciosamente movemos nuestras cabezas asombrados de cómo ellos pudieron haber pasado por alto al Cristo, nos preguntamos si lo mismo puede estar pasando otra vez en la actualidad. Las personas están investigando desesperadamente. Ellos se dan cuenta que a sus vidas les hace falta algo, y así comienzan sus búsquedas personales. Habiendo trabajado en una librería por un par de años, yo sé cuán rápido se adquieren los libros de “auto-ayuda”. Las personas están tratando de llenar un vacío en sus vidas, y por ende buscan consejos de “expertos” acerca de cómo llenarlo. No obstante, se pasa completamente por alto la única cosa que llenará el vacío y resolverá la mayoría de sus problemas—la Palabra de Dios. La Palabra de Dios está literalmente en frente de sus ojos, pero ellos continúan buscando algo más.

Como un testimonio de este hecho, considere que en el 2003 se vendieron 5.5 millones de copias de la novela ficticia de Dan Brown, El Código Da Vinci (Bernstein, 2004). El escrito de Brown habla de homicidios, rituales antiguos secretos, códigos bíblicos secretos y de una iglesia impía—cosas que le hicieron uno de los libros más vendidos internacionalmente. La novela sugiere que existe “algo en el exterior”—una verdad escondida—que cambiará el mundo. Y tristemente, muchas personas han aceptado esta ficción. El libro se enfoca en personajes que están en la búsqueda por localizar el “Santo Grial” que les permitirá descubrir documentos religiosos y secretos que han sido guardados estratégicamente de la vista del público. Esta ola de entusiasmo sobre los así-llamados “evangelios perdidos” y el rol de María Magdalena, incluso se presentó en las portadas de la revista Time (“The Lost Gospels” [“Los Evangelios Perdidos”] por David Van Biema) y Newsweek (“The Bible’s Lost Stories” [“Las Historias Perdidas de la Biblia] por Barbara Kantrowitz y Anne Underwood).

Dan Brown es un maestro en mezclar hechos y fantasías. Él menciona organizaciones reales como el Opus Dei y el Priorato de Sion en una manera que causa que la gente se pregunte si realmente existe una “historia” misteriosa de la cual no tenemos acceso. Pero nosotros debemos tener en cuenta que el trabajo de Brown fue escribir un libro atractivo, y por ende muchas de las páginas contienen enunciados que están proyectados a impactar a la persona normal. Aunque El Código Da Vinci nos cuenta una historia aventurera de misterio y traición, el mensaje fundamental es claro: La Biblia no es exacta y es incompleta. La verdad es que el libro de Brown contiene ficción. Pero ya que se le ha dado una gran cantidad de atención en los medios de comunicación durante los años pasados—así como también se entrevista a expertos acerca de posibles libros bíblicos perdidos—muchos de los enunciados contenidos en el libro causan confusión (e incluso indignación).

Por ejemplo, uno de los personajes en el libro observa: “Querido amigo, la Biblia es un producto del hombre, no de Dios. La Biblia no cayó mágicamente de las nubes. El hombre la creó como un registro histórico de tiempos tumultuosos y ha evolucionado a través de las innumerables traducciones, adiciones y revisiones. La historia nunca ha tenido una versión definitiva del libro” (Brown, 2003, p. 231, énfasis en original). Este libro también debilita la autoridad de Cristo cuando dos de los personajes hablan de Su divinidad:

—“El establecimiento de Jesús como el ‘Hijo de Dios’ fue propuesto oficialmente por el Concilio de Nicea”.

—“Espera. ¿Me estás diciendo que la divinidad de Jesús fue el resultado de un voto?”

—“Un voto realmente apretado”, Teabing añadió (p. 233).

El “historiador experto” principal lo resume en esta manera: “Lo que quiero decir”, Teabing contestó, “es que casi todo lo que nuestros padres nos enseñaron acerca de Cristo es falso” (p. 235).

El “bombazo” contenido en el libro es que Jesús se casó con María Magdalena. En referencia a ella, uno de los personajes señaló: “Específicamente, su matrimonio con Jesucristo...es un asunto histórico” (p. 244). Se sugiere que ella es representada en la “Última Cena” de Da Vinci (sentada al lado derecho de Jesús), y que ellos estuvieron casados. El diálogo continúa: “Así que Él [Jesús—BH] da instrucciones a María Magdalena sobre cómo mantener Su iglesia después que Él se vaya” (pp. 247-248). Brown entonces lanza el último proyectil, aseverando que Jesús y María tuvieron un hijo. Y de hecho, esta “línea de sangre real” todavía existe hoy. Mientras que todo esto va descubriéndose, uno de los personajes observa: “...no fue a Pedro a quién Cristo dio direcciones con las cuales establecer la iglesia cristiana; fue a María Magdalena” (p. 248, énfasis en original). El punto es que Brown está reaccionando (¡o reaccionando de forma exagerada!), no ante el cristianismo, sino ante un cristianismo corrupto (i.e., el catolicismo).

Sí, el libro contiene ficción. Pero tristemente, en sus esfuerzos por “llenar ese vacío”, algunas personas se aferran a este tipo de material con la esperanza de que tal vez existan “evangelios perdidos” en algún lugar. ¿Cuántas personas de los 5.5 millones de lectores han abierto este libro ya que están buscando algo, pero al mismo tiempo permiten que la Biblia continúe empolvándose en un anaquel cercano? O ¿cuántos han leído detenidamente El Código Da Vinci, solamente para preguntarse, “qué más habrá obviado la Biblia”? Luego ellos dudan de lo que la Biblia dice acerca de la adoración y otras cosas numerosas.

Que quede bien claro—la Biblia es completa y pasará la prueba del tiempo (2 Timoteo 3:16,17; 2 Pedro 1:3,20,21). Esta es la Palabra inspirada de Dios que nos prepara “para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17). En la revelación que Juan recibió, él nos informó que nosotros tenemos todo lo que necesitamos: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18,19). Mucho tiempo después que El Código Da Vinci salga de la lista de superventas, la Biblia todavía guardará las verdades eternas que pueden salvar las almas de los hombres. El profeta Isaías proclamó: “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (40:8). La pregunta que permanece es: ¿podremos convencernos de dejar de buscar en algún otro lugar, y en cambio comenzaremos a aceptar las verdades cambiadoras-de-vida contenidas en la Palabra inspirada de Dios?

Una de las verdades tristes que Brown indica en esta novela puede ser encontrada cerca al final, cuando uno de los personajes “religiosos” habla de por qué la gente abandona la iglesia. Él dice: “La gente ha perdido el respeto. Los rigores de la fe se han ido. La doctrina ha llegado a ser un bufé para la gente. Tome lo que quiera—abstinencia, confesión, comunión, bautismo, misa—escoja la combinación que le guste e ignore el resto. ¿Qué clase de guía espiritual está ofreciendo la iglesia?” (p. 416, énfasis añadido). No existe duda que en el mundo moderno y confundido religiosamente, la religión es considerada realmente como un bufé. Sin embargo, ese es el punto que deseo enfatizar. La religión no se trata de lo que el hombre quiera creer, ¡sino de lo que Dios diga! A través de la Palabra de Dios, Jesús nos habla, incluso hoy. Pero ¿cuántos de nosotros todavía somos como aquellos judíos de la antigüedad—todavía buscamos algo más, mientras que pasamos por alto lo obvio?

REFERENCIAS

Bernstein, Roberta (2004), “‘Da Vinci’ Club,” New York Post, [En-línea], URL: http://www.nypost.com/entertainment/16456.htm.

Biema, David Van (2003), “The Lost Gospels,” Time, 162[25]:54-61, December 22.

Brown, Dan (2003), The Da Vinci Code (New York, NY: Doubleday).

Kantrowitz, Barbara y Anne Underwood (2003), “The Bible’s Lost Stories,” Newsweek, 142[23]:48-59, December 8.

Kulman, Linda y Jay Tolson (2003), “Jesus in America,” 135[22]:45-49, December 22.

Thompson, Bert (2005), “En Defensa de la Deidad de Cristo,” [En-línea], URL: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/639



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