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Apologetics Press :: Temas Prácticos

El Aborto y las Torres Gemelas
por Dave Miller, Ph.D.
[English]
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Indudablemente, todo norteamericano que tenía la edad suficiente para estar consciente de las circunstancias de la vida, recordará por siempre dónde estaba cuando los medios de comunicación difundieron que un primer, y luego un segundo, avión se había estrellado en el Centro de Comercio Mundial, seguido por una tercera colisión en el Pentágono. Las imágenes y escenas que continuaron por días, semanas y meses están marcadas por siempre en nuestros pensamientos y están grabadas en nuestras memorias. Así también están grabados los sentimientos e impresiones: incredulidad, temor, incertidumbre, ira, disgusto, tristeza y condolencia.

El espectro de emociones, pensamientos y actitudes que la mayoría de norteamericanos experimentó es tan diverso y complejo que expresarlo en palabras puede no ser fácil o adecuado. Si duda el norteamericano promedio sintió una gran sensación de indignación ante la injusticia que había sido perpetrada sobre grandes números de gente inocente. El sentimiento norteamericano de patriotismo fue ofendido, lo cual provocó un deseo correspondiente de venganza y retribución merecida. Una de las características más conmovedoras del colapso de las torres gemelas fue el estimado original de mortandad esperada: 5,000. Sin embargo, con el tiempo, la cuenta final—aunque terriblemente trágica—fue mucho más baja: 266 murieron en el secuestro funesto de los aviones mientras que 2,823 murieron en las torres gemelas—un total de muertos de 3,089 (Feldner, 2002).

Muchos otros espectáculos horribles han herido la historia humana en los cuales miles, incluso millones, de personas han sido muertos brutalmente por su prójimo. La mente humana tiene dificultad en comprender el holocausto judío del régimen de Hitler, el cual dio como resultado la exterminación de un espantoso estimado de seis millones de hombres, mujeres y niños. Reflexione sobre la tortura y matanza de muchos miles de personas por los dictadores como Stalin o Saddam Hussein, sin mencionar los campos de matanza de Cambodia. ¿Cómo puede la inhumanidad del hombre hacia el hombre llegar a tal extremo?

¿Es la repulsión y revulsión que es provocada por estas tragedias producto simplemente de la pérdida de la vida? O ¿se debe la indignación humana al hecho de que muchas vidas fueron exterminadas injustamente e inmerecidamente—que estas vidas eran “inocentes” de cualquier maldad que sus perseguidores alegaran como justificación para acabar con sus vidas? Si este es el caso, ¿por qué no se le da importancia al número de mortandad en los Estados Unidos? Esta cifra está en los 6,674 (Sutton, 2003)—más de dos veces que la cantidad de gente que murió el 11-9. Esta es la cantidad de gente que muere cada día en Norteamérica—sin mencionar los miles que mueren cada día alrededor del mundo. ¿Por qué no sentimos gran dolor por estas multitudes, de igual manera que sentimos dolor en la ocasión del 11-9?

Si nosotros estamos indignados, no solamente por la pérdida de la vida, sino por el hecho de que se ha arrebatado la vida de seres humanos inocentes injustamente, y que ellos no habían hecho nada para merecer eso, entonces ¿dónde está la indignación concerniente a la exterminación de bebés inocentes a través del aborto? Nosotros consideramos con gran indignación a aquellos terroristas que se atreven a atacar y destruir los objetivos confiados de su brutalidad insensible. Aunque, desde 1973, las clínicas y doctores de aborto han estado matando brutalmente a la población no-nacida de los Estados Unidos a tal grado que esto hacer lucir a la perpetración y a las atrocidades previas en toda la historia humana como algo trivial. Solamente en los Estados Unidos, ¡más de 43 millones de bebés han sido abortados! Solamente en el 2000, han muerto más niños por el aborto en los Estados Unidos que todos los que murieron en la Revolución Americana, la Guerra Civil, la Primera y Segunda Guerra Mundial, la Guerra Coreana, Vietnam y las Guerras del Golfo consideradas juntas (“Abortion”, 2003). De hecho, un bebé norteamericano era abortado cada 24 segundos.

El número de adultos que murieron en el 11-9 es ciertamente trágico. Pero el número de niños inocentes e ingenuos a quienes no se les permite completar su desarrollo, para proceder con sus vidas, para hacer sus elecciones propias y para ejercer su potencial como seres humanos creados a la imagen de Dios, es más trágico. A lo menos los terroristas pensaron que estaban agradando a su dios y haciendo su voluntad en contra de lo que ellos percibieron como degradación occidental y corrupción espiritual. Pero acabar con las vidas de niños inocentes por la conveniencia económica y social de las madres es despreciable e inexcusable. Aquellos que extinguen estas vidas inocentes están en mayor condenación.

La mente tiene incluso dificultad en comprender la muerte de 43,000,000 de bebés—y mucho menos prever la perdida potencial de lo bueno para la raza humana completa. No se equivoque, “las manos derramadoras de sangre inocente” (Proverbios 6:17) un día enfrentarán las consecuencias de sus acciones (Eclesiastés 12:14; Hebreos 9:27).

REFERENCIAS

“Abortion in the United States: Statistics and Trends” (2003), [En-línea], URL: http://www.nrlc.org/abortion/facts/abortionstats.html.

Feldner, Emmitt (2002), “9/11: Search For Survivors Began Almost Immediately,” [En-línea], URL: http://www.wisinfo.com/sheboyganpress/news/911/911_5775905.shtml.

Sutton, Paul (2003), “Births, Marriages, Divorces, and Deaths: Provisional Data for October-December, 2002,” [En-línea], URL: http://www.cdc.gov/nchs/data/nvsr/nvsr51/nvsr51_10.pdf.



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