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La Defensa de la Posición Bíblica Contra la Mentira
por Caleb Colley, M.L.A.
[English]
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Generalmente se considera a la verdad como un componente valioso de la vida ética. Sin embargo, una pregunta polémica en la filosofía moral es si está permitido mentir alguna vez. La Biblia contiene prohibiciones generales contra la mentira en el Antiguo y el Nuevo Testamento:

  • “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16).

  • “No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Levítico 19:11).

  • “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa...” (Proverbios 6:16-17).

  • “[T]odos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).

  • “No entrará en ella [la vida eterna] ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27).
El partidario de la doctrina bíblica es un “absolutista” ético cuando se trata de la mentira; es decir, sostiene que nunca es correcto mentir. Además, para él, las restricciones bíblicas en cuanto a la mentira son una base suficiente para su decisión de nunca mentir. Sin embargo, el propósito de este artículo es mostrar que se puede defender la posición bíblica contra las declaraciones seculares que indican que el absolutismo contra la mentira es irrazonable.

El ético secular puede basar su objeción en la supuesta “moralidad del sentido común”. En este caso, él censura la prohibición del absolutista en cuanto a la mentira en ciertos casos cuando parece que está bien mentir. Benjamin Constant explicó el ejemplo más popular de este caso, conocido frecuentemente como “el homicida a la puerta”:
El principio moral que declara que es una responsabilidad decir la verdad haría imposible la existencia de la sociedad si se la considerara individualmente e incondicionalmente. Tenemos prueba de esto en las mismas consecuencias directas que un filósofo alemán [Immanuel Kant—CC] ha concluido de este principio. Este filósofo va tan lejos para declarar que sería un crimen decir una mentira a un homicida que pregunta si nuestro amigo a quien persigue se está refugiando en nuestra casa (citado en Kant, 1994, p. 162).
Constant estaba respondiendo a Immanuel Kant, un cristiano profeso (vea Rossi, 2009). Aunque la moralidad racional de Kant no se basaba en la Biblia, él era un absolutista en cuanto a la mentira: “La verdad en enunciados que no se pueden evitar es la responsabilidad formal del hombre ante todos, a pesar de las desventajas grandes que puedan surgir de la misma para él o para alguien más” (p. 163). Al admitir el desagrado general en cuanto al enfoque de decir al “homicida a la puerta” que un amigo está en casa, algunos eruditos kantianos han hecho lo imposible por mostrar que realmente Kant malinterpretó su propio imperativo categórico para establecer un principio absolutista (e.g., Korsgaard, 1986). Está fuera del propósito de este artículo  (que no pretende justificar a Kant) mostrar si esos esfuerzos tuvieron éxito o no.

El utilitarismo es un sistema que ha tomado lugar como la formalización de la “moralidad del sentido común” (e.g., Sidgwick, 1893, pp. 162-176). La declaración que se debería mentir para salvar a otros puede estar fundada en los principios utilitarios de Jeremy Bentham. Él resumió su filosofía moral en el siguiente enunciado:
Con el principio de la utilidad se quiere hacer referencia al principio que aprueba o desaprueba cada acción en absoluto, según la tendencia que parezca tener para aumentar o disminuir la felicidad del grupo cuyo interés está en juego, o en otras palabras, para promover u oponerse a esa felicidad (1907, p. 2).
Según Bentham, debemos hacer lo que maximice la felicidad. Si aplicáramos este principio al caso del homicida a la puerta, parecería que la felicidad resultante de liberar al refugiado del peligro mortal excede cualquier sentimiento negativo que el homicida pudiera experimentar si descubriera el engaño. (Esta comparación supone que concedemos igual responsabilidad moral al inocente y al culpable—una asignación que puede ser cuestionada). Por ende, según el principio utilitarista, la decisión moralmente correcta es mentir al homicida. Probablemente la mayoría de estudiantes estaría de acuerdo con la aplicación de Bentham.

Considere cuatro respuestas extra-bíblicas para el punto de vista utilitarista:
  • El caso del “homicida a la puerta” es extremo. Muy poca gente enfrenta situaciones en que se requiere una decisión como la que se presenta en el caso del “homicida a la puerta”. Por ende, los éticos deberían proceder con cuidado al criticar la ética bíblica, para evitar llegar a la conclusión apresurada que un caso hipotético extremo evidencia que el absolutismo no es razonable.

  • La verdad no mata. Kant correctamente declara que Constant “confunde la acción por la cual alguien causa perjuicio a otro al decir la verdad cuando no se puede evitar su declaración con la acción por la cual alguien hace algo malo a otro. Es simplemente un accidente que la verdad del enunciado cause perjuicio [no haga mal] al ocupante de la casa” (p. 165, corchetes en original). El que dijo la verdad no es el homicida.

  • No se puede predecir el porvenir. La limitación humana enfatiza que nadie puede estar seguro de lo que pasaría si una persona dijera la verdad al homicida. Por ejemplo, Kant señaló varias posibilidades:
Por ejemplo, si al decir una mentira realmente ha estorbado a alguien que estaba planeando un homicidio, entonces usted es responsable legalmente de todas las consecuencias que pudieran resultar de tal acción. Pero si usted se ha aferrado estrictamente a la verdad, entonces la justicia pública no puede acusarle, a pesar de las consecuencias imprevistas. Realmente es posible que después que haya respondido honestamente “Sí” a la pregunta del homicida en cuanto a si la víctima está en la casa, el primero saliera sin ser observado y por ende eludiera al homicida, así que el acto no se hubiera llevado a cabo. Sin embargo, si dijera una mentira, señalando que la víctima no estaba en la casa, y él realmente (sin saberlo usted) hubiera salido, siendo el resultado que al hacerlo se haya encontrado con el homicida y por ende el acto se hubiera perpetrado, entonces en este caso se le pudiera acusar justamente como culpable de la muerte. Si hubiera dicho la verdad de la mejor manera posible, entonces tal vez los vecinos que entraran corriendo hubieran podido capturar al homicida  mientras que buscaba a su víctima en la casa, y por ende se hubiera prevenido el acto. Por tanto, cualquiera que diga una mentira, a pesar de cuán buenas sean sus intenciones, debe responder por las consecuencias resultantes (p. 164, paréntesis en original).
Los que son creativos puede imaginar un sin número de predicciones, tanto malas como buenas. Kant nos recuerda que no sabemos que decir la verdad dará como resultado la muerte, y por ende no podemos basar nuestra decisión en algo concreto.

Por tanto, la decisión de decir la verdad no es equivalente a la decisión de matar al refugiado. Además, se dispone de otras opciones. El silencio es una opción. Kant declaró cuidadosamente que lo que se requiere es la “verdad en enunciados que no se pueden evitar” (p. 163). El ético bíblico no declara que una persona debe decir todo lo que sabe.
  • Existe otro dilema. Otra respuesta para la posición de Bentham es que esto requiere implícitamente que nosotros determinemos un estándar de dificultad que, cuando se satisface, constituye a la mentira como un acto permisible. Este requerimiento es problemático. ¿Debemos decir una mentira cuando el que pregunta a la puerta solamente quiere lastimar al refugiado? ¿Y si solamente quiere imponer una reprimenda severa? ¿Y si resulta que el que pregunta solamente es alguien a quien el refugiado detesta? El principio de Bentham nos deja en la posición problemática de juzgar cuán “mala” debe ser la situación para que la utilidad merezca una mentira. Esta dificultad es una razón por la cual algunos, incluyendo a John Stuart Mill, buscaron enmendar el enfoque de Bentham para proveer reglas concretas para el comportamiento (Mill, 1895, p. 35; cf. Brown, 1997, p. 37). Parece que Kant había anticipado este problema:
[E]xiste el problema de cómo hacer ajustes para que en una sociedad, no obstante grande, se conserve la armonía según los principios de la libertad y la igualdad... [E]sto entonces será un principio de política; y establecer y organizar tal sistema político implicará decretos que se concluyen del conocimiento experimental en cuanto a los hombres; y tales decretos tendrán en cuenta solamente los mecanismos para la administración de justicia y la manera en que se debe organizar adecuadamente tales mecanismos. Nunca se debe adaptar lo correcto a la política; en cambio, siempre se debe adaptar la política a lo correcto (p. 166, énfasis añadido).
Aunque Sidgwick piensa que la sociedad empeoraría si los criminales pudieran confiar en la honestidad de otros (1893, p. 449), las opciones que se mencionan anteriormente demuestran que la sociedad puede ser veraz y a la vez contraria a las actividades criminales. Irónicamente, incluso los utilitaristas están de acuerdo en que vale la pena esforzarse por una sociedad honesta (e.g., Mill, 1895, p. 41).

CONCLUSIÓN

La Biblia es muy clara en cuanto a lo incorrecto de la mentira. Aunque no necesitamos estar de acuerdo con Kant en todo, voluntariamente admitimos su apoyo en mostrar la manera en que la posición bíblica apela a la racionalidad humana. Estamos de acuerdo con él que “[p]or tanto, ser veraz (honesto) en todas las declaraciones es una ley autoritaria sagrada e incondicional...que no admite conveniencia en absoluto” (p. 164, paréntesis en original).

REFERENCIAS

Bentham, Jeremy (1907), Una Introducción al Principo de la Moralidad y la Legislación [An Introduction to the Principles of Morals and Legislation] (Oxford, Inglaterra: Clarendon).

Brown, D.G. (1997), Utilitarismo de Mill: Ensayos Críticos [Mill’s Utilitarianism: Critical Essays], ed. David Lyons (Lanham, MD: Rowman & Littlefield).

Kant, Immanuel (reimpresión 1994), Filosofía Ética [Ethical Philosophy] (Indianapolis, IN: Hackett), segunda edición.

Korsgaard, Christine M. (1986), “El Derecho de Mentir: Kant sobre la Manera de Lidiar con el Mal” [“The Right to Lie: Kant on Dealing with Evil”], Filosofía y Temas Públicos [Philosophy and Public Affairs], 15[4]:325-349.

Mill, John Stuart (1895), Utilitarismo [Utilitarianism](Londres: George Routledge & Sons), doceava edición.

Rossi, Philip (2009), “La Filosofía Moral de Kant” [“Kant’s Moral Philosophy”], Enciclopedia Estándar de Filosofía [Stanford Encyclopedia of Philosophy], [En-línea], URL: http://plato.stanford.edu/entries/kant-religion/.

Sidgwick, Henry (1893), Los Métodos de la Ética [The Methods of Ethics] (Nueva York: Macmillan), quinta edición.



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