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Apologetics Press :: Dardos Bíblicos

La Falacia de Predicar a Pascal
por Personal de A.P.
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Los predicadores y autores en la comunidad religiosa algunas veces cometen falacias inadvertidas en lo que enseñan y escriben. Estos errores pueden ser el resultado de la falta de entendimiento de campos vitales, tales como el lenguaje bíblico, la historia eclesiástica y secular, la psicología y la filosofía. Aunque algunas de estas falacias son inofensivas, otras pueden causar daño al alma de una persona. Una de esas falacias es el error de “predicar a Pascal”.

Blas Pascal (1623-1662) fue un científico, matemático y filósofo francés. Fue un joven brillante a quien su padre educó, y quien publicó su primera obra, un ensayo sobre la geometría, a la edad tierna de 16 años. Continuó publicando obras en los campos de la ciencia y la matemática, pero murió antes de publicar sus obras filosóficas más importantes: Pensées y De I’Esprit Géométrique. Teológicamente, Pascal fue un jansenista—i.e., miembro de un grupo dentro de la Iglesia Católica que seguía los puntos de vista de Cornelio Jansen, y empleó mucho tiempo refutando a los jesuitas. Pensées [Pensamientos] es el título póstumo que se le dio a la serie de notas que Pascal originalmente quiso publicar bajo el título Apologie de la religion chrétienne [Apología de la Religión Cristiana] (Popkin, 1967, 6:51-52). En esas notas se basa lo que se conoce ahora como la “apuesta” de Pascal. En términos simples, la apuesta dice lo siguiente:

  • Si es imposible que una persona crea con seguridad que Dios existe, entonces tal persona debería creer en Dios de todos modos—“solamente en caso” que Él exista.
  • Si resulta que Dios existe, el creyente “gana” la apuesta al recibir una recompensa eterna.
  • Si resulta que Dios no existe, la persona que cree no ha perdido nada (excepto tal vez algún placer temporal, cuya pérdida es superada por la libertad de la angustia de la incredulidad).
  • Si Dios no existe, y una persona no cree, entonces tal persona puede ganar placer temporal.
  • Si Dios existe, y una persona no cree, entonces esa persona es castigada por su incredulidad.

¿Quién nunca “pierde” la apuesta? El creyente. ¿Por qué? Si Dios existe, el creyente “gana” al ir al cielo. Si Dios no existe, el creyente vive, muere, y éste es el fin de la historia; él no ha perdido nada (excepto unos pocos placeres finitos). En ambos casos, el creyente gana porque escoge el camino “seguro”.

Pero ¿quién pierde el 50% del tiempo? El incrédulo. Si Dios existe, “pierde” al no creer, y por ende va al infierno. Si Dios no existe, el incrédulo vive, muere, y éste es el fin de la historia; él (como el creyente) no ha perdido nada.

Uno de los dos “apostadores” nunca pierde; uno pierde la mitad del tiempo. Por ende, Pascal concluyó que es más seguro creer en Dios que no creer. [Pascal continuó su razonamiento al sugerir que si alguien no sabe cómo creer, entonces debería seguir la costumbre y ritos de aquellos que creen—como si él mismo fuera un creyente. Entonces, según Pascal, finalmente tal persona llegará a ser un creyente (Pascal, 1995, pp. 121-125)].

LA APUESTA DE PASCAL
Creyente Incrédulo
Dios existe Recompensa eterna Castigo eterno
Dios no existe Libertad de la angustia Placeres temporales

Algunos predicadores predican la Apuesta de Pascal al tratar de convertir a la gente, sugiriendo que la creencia en Dios tiene más sentido que la incredulidad debido al 50% de riesgo en el caso que Dios exista.

¿Qué muestra esto, y por qué es erróneo usar la lógica de Pascal en la conversión de la gente? Primero, predicar esto muestra falta de fe de parte del mismo predicador. Si el argumento de un predicador para la existencia de Dios se basa en una apuesta—incluso si este no es su único argumento para Dios—entonces él debería reexaminar sus propias creencias y ver si realmente tiene una verdadera fe basada en el fundamento de pruebas morales, cosmológicas y teleológicas, o si ha cimentado su fe en las arenas de la conjetura (Mateo 7:24-27). Esto es perjudicial para la congregación, ya que una congregación sólida necesita un hombre sólido que predique verdades sólidas, y creer en Dios solamente porque es “prudente” hacerlo, muestra falta de solidez.

Además, ¿qué hay de la persona que cree en Dios a causa de la Apuesta de Pascal? Ya que la fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1), una pseudo-creencia en Dios basada en el riesgo estadístico o en la apuesta produce un pseudo-cristiano. La fe se basa en el conocimiento y la certidumbre, no en las probabilidades, y alguien que cree basado en una apuesta es alguien que no posee fe verdadera en Dios y Su existencia. Pablo dijo que seremos “santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído” (Colosenses 1:22-23, énfasis añadido). La Apuesta de Pascal no produce fe “firme e inmovible”, ya que no está basada en la fe. Sin embargo, se puede fundamentar fácilmente la fe en Dios a través de otros medios, “porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19-20).

Como cristianos que estamos llamados a usar bien la Biblia (2 Timoteo 2:15; 3:16-17), no aceptemos filosofías que no están en armonía con la Palabra de Dios (Colosenses 2:8). En nuestra predicación, seamos honestos con la gente y enseñémosles a perseverar en la fe y la verdad (1 Corintios 15:1-2), y no les guiemos a creer en Dios porque esto tiene “más sentido en una apuesta”.

REFERENCIAS

Pascal, Blas (1995), Pensées, trad. A.J. Krailsheimer (Nueva York: Penguin).

Popkin, Richard H. (1967), “Pascal, Blas” [“Pascal, Blaise”], La Enciclopedia de Filosofía [The Encyclopedia of Philosophy], ed. Paul Edwards (Nueva York: MacMillan).



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