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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

Gentiles, Prosélitos y el Evangelio
por Eric Lyons, M.Min.
[English]
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Según ciertos grupos religiosos, todos los cristianos deberían buscar ser llenos del Espíritu Santo (como los apóstoles en Hechos 2) y por ende obtener la habilidad “dada por Dios” de hablar en lenguas y posiblemente realizar otras hazañas milagrosas. Al intentar defender la doctrina que los creyentes deberían buscar el bautismo del Espíritu Santo incluso en el siglo XXI, algunos han alegado que el derramamiento del Espíritu Santo sobre la casa de Cornelio (Hechos 10) no se realizó con el propósito de demostrar a los judíos que se debía predicar el Evangelio a los gentiles con la esperanza que llegaran a estar en comunión con Cristo y la iglesia (vea Miller, 2009). Según una persona que escribió a nuestras oficinas, la prueba que los gentiles fueron convertidos antes de Hechos 10 se encuentra en Hechos 8. Ya que el eunuco de Etiopía fue convertido antes de los eventos de Hechos 10, el bautismo del Espíritu Santo de Cornelio obviamente no tuvo la intención de mostrar a los judíos que los gentiles eran desde entonces candidatos para el discipulado. En cambio, los eventos que se registran en Hechos supuestamente son solo un ejemplo de lo que pasa cuando los creyentes sinceros se rinden al Espíritu Santo. ¿Qué se puede decir acerca de esto?

Primero, Lucas nunca indicó en Hechos 8 que el tesorero de Etiopía era un “gentil”. Al contrario, implicó que este eunuco era un judío o un prosélito cuando declaró que él “había venido a Jerusalén para adorar” (8:27). En ese momento, el eunuco no era todavía un cristiano; él todavía no había oído y obedecido al Evangelio (cf. 8:34-38). Por ende, aunque había realmente ido “a Jerusalén para adorar”, tal adoración no fue con la iglesia en Jerusalén. Es obvio que la razón por la que estaba leyendo el libro de Isaías del Antiguo Testamento cuando Felipe se acercó a él, y la razón por la que había viajado cientos de millas desde Etiopía “a Jerusalén para adorar”, era porque fue un judío o (más probablemente) un prosélito. En cuanto a la posibilidad que el eunuco fuera un judío, el respetado erudito en Biblia J.W. McGarvey declaró: “No era inusual que los judíos nacieran y crecieran en tierras extranjeras para obtener posiciones eminentes, así como la que este hombre disfrutaba, y especialmente en el departamento de las finanzas...” (1892, p. 152). La otra posibilidad (más probable) es que el eunuco fuera un prosélito—un convertido al judaísmo—así como uno de los primeros siervos de la iglesia, Nicolás de Antioquía (Hechos 6:5). El eunuco etiope fue un adorador del Señor, como los judíos y prosélitos que estuvieron en Jerusalén en el Día de Pentecostés “de todas las naciones bajo el cielo”, incluyendo “Egipto” y “las regiones de África” (Hechos 2:5,10). En el libro de Hechos, se hace una distinción entre los prosélitos y los gentiles. Por ejemplo, cuando Pablo y Bernabé estuvieron en Antioquía de Pisidia, animaron a los judíos y prosélitos “a que perseverasen en la gracia de Dios” (Hechos 13:43). Pero el próximo día de reposo, Pablo y Bernabé tornaron su atención a los gentiles (13:42,44,48)—i.e., aquellos que no estaban convertidos al judaísmo.

Los estudiantes de la Biblia deben entender que el eunuco de Etiopía no era considerado un “gentil” como en el caso de Cornelio y su casa (Hechos 10:45). Cornelio y su casa eran gentiles incircuncisos que los judíos consideraban impuros (Hechos 10:28); por otra parte, los judíos tenían comunión con los prosélitos (i.e., ellos no eran impuros; cf. Hechos 2:10; 13:43). Después de la conversión de Cornelio y su casa, “[o]yeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hechos 11:1-3, énfasis añadido; cf. 10:45). ¿Cómo respondió Pedro? ¿Reaccionó diciendo, “Cuál es el problema? Nosotros hemos estado enseñando el Evangelio y teniendo comunión con gentiles incircuncisos e impuros por años”. ¿Defendió sus acciones al recordar a los apóstoles y hermanos en Jerusalén que Felipe ya había convertido a un gentil impuro de Etiopía? No. En cambio, Pedro informó a sus hermanos que Dios le había usado (cf. Hechos 15:7) para implementar un cambio monumental y permanente en la iglesia antigua. Él declaró:

Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? (Hechos 11:15-17).

¿Qué entendieron estos hermanos judíos? ¿Cuál fue su respuesta? Según Lucas, “callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18, énfasis añadido).

En una reunión posterior, después del primer viaje misionero de Pablo, Pedro habló a los apóstoles y ancianos que se habían reunido en Jerusalén concerniente a si los convertidos al cristianismo necesitaban ser circuncidados y guardar la Ley de Moisés. Él declaró:

Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos (Hechos 15:7-11, énfasis añadido).

Luego Santiago añadió concerniente a los comentarios de Pedro: “Simón [Pedro—EL] ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre” (Hechos 15:14, énfasis añadido).

Basados en estos enunciados, se puede concluir correctamente que se derramó el Espíritu Santo en las personas de Hechos 10 con el propósito de mostrar a los judíos que todos los gentiles eran candidatos válidos para entrar al reino de Cristo. El derramamiento milagroso del Espíritu Santo en esa ocasión no es algo que los cristianos deberían buscar hoy. Este tuvo un propósito específico que Pedro y otros admitieron. Cualquier intento de burlar este propósito para el bautismo del Espíritu Santo en Hechos 10, incluyendo la declaración que los gentiles (e.g., el eunuco de Etiopía) habían obedecido al Evangelio mucho antes que Cornelio y que llegaron a ser miembros del cuerpo del Señor, es indefendible a la luz de la razón y la revelación.

REFERENCIAS

McGarvey, J.W. (1892), New Commentary on Acts of Apostles (Cincinnati, OH: Standard).

Miller, Dave (2009), “Los Milagros Modernos, el Don de Lenguas y el Bautismo del Espíritu Santo: Una Refutación”, [En-línea], URL: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/240088.



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