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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

¿Quiénes Son Estas Personas?
por Dave Miller, Ph.D.
[English]
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De vez en cuando, se nos pregunta que aclaremos la identidad de la iglesia de Cristo. “¿Qué creen las iglesias de Cristo?”. “¿Quiénes son estas personas—las iglesias de Cristo?”.

Se debe abrir la Biblia para responder estas preguntas. En Mateo 3:2, Juan el Bautista declaró que el reino de los cielos estaba cerca. En Mateo 16:18, Jesús mismo anunció a Sus discípulos que edificaría Su iglesia y que les daría las llaves del reino. En Marcos 9:1, Jesús también declaró que algunos que le escuchaban no morirían antes que el reino de Dios viniera con poder. En Juan 3:5, Jesús explicó a Nicodemo que para entrar al reino de Dios, él tenía que “nacer de nuevo”—lo cual consistía en “nacer de agua y del Espíritu”. Después de Su crucifixión y resurrección, Jesús instruyó a Sus apóstoles a ir a todas las naciones y predicar el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo (Marcos 16:16).

Estos pasajes crean el marco para los eventos trascendentales de Hechos capítulo 2. En este pasaje clave, Jesús cumplió Sus promesas. Se predicó el Evangelio, algo de 3,000 oyentes creyeron y fueron bautizados, y la iglesia de Cristo llegó a existir. El año fue ca. 30 d.C. El lugar fue la ciudad de Jerusalén. En cumplimiento exacto de muchas profecías del Antiguo Testamento—incluyendo Isaías 2, Daniel 2 y Miqueas 4—Jesús estableció Su iglesia.

Las iglesias de Cristo actuales son reproducciones de la iglesia de Cristo que el Nuevo Testamento describe, comenzando en Hechos 2. Se puede encontrar varias características en la Biblia que nos ayudan a entender lo que se requiere para ser la iglesia de Cristo.

En primer lugar, considere lo que la gente en el primer siglo hizo para llegar a ser parte de la iglesia de Cristo. En Hechos 2, después de escuchar la predicación del Evangelio, la gente preguntó a los apóstoles lo que necesitaban hacer para ser salvos. Pedro respondió: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Esto fue en cumplimiento de las palabras de Jesús en Marcos 16:16: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”.

Se describe el mismo procedimiento una y otra vez en Hechos. Hechos 8:12-13 registra que “cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe”. En el mismo capítulo, Felipe predicó el Evangelio de Jesús al eunuco etiope. Cuando el eunuco vio agua, insistió en ser bautizado. Felipe dijo que podía ser bautizado si creía.

En hechos 10 Cornelio oyó el mensaje, creyó y fue bautizado. En Hechos 16, Lidia escuchó el mensaje, creyó y fue bautizada. En el mismo capítulo, el carcelero de Filipos oyó la Palabra del Señor y fue bautizado inmediatamente a la misma hora de la noche. En Hechos 18:8, muchos de los corintios oyeron la Palabra, creyeron y fueron bautizados. En Hechos 19:4-5, algunos de los ciudadanos de Éfeso oyeron la predicación de Pablo, y fueron bautizados. En Hechos capítulos 9 y 22, Pablo mismo oyó la Palabra y fue bautizado para recibir el perdón de sus pecados.

El resto del Nuevo Testamento confirma este procedimiento para llegar al cristianismo. Pablo recordó a los cristianos en Roma que en el día que fueron bautizados, fueron bautizados en Cristo, en Su muerte, y fueron libres del pecado para vivir una vida nueva (Romanos 6:1-7). Dijo a los corintios que el día que fueron bautizados, fueron bautizados en un cuerpo, la iglesia de Cristo (1 Corintios 12:13). Dijo a los gálatas que cuando fueron bautizados, fueron bautizados en Cristo, y por ende se revistieron de Cristo (Gálatas 3:27). Pedro secundó esta enseñanza al declarar que se llega a la salvación al momento del bautismo, ya que en ese momento el creyente llega a contactar los beneficios de la resurrección de Cristo (1 Pedro 3:21).

Note que según estas escrituras, en el primer siglo se llegaba al cristianismo de la misma manera y en el mismo momento que se llegaba a ser miembro de la iglesia de Cristo. La gente del primer siglo oyó el mensaje de salvación y la voluntad de Dios para sus vidas. Ellos luego creyeron (tuvieron fe) en Dios y Cristo (y la enseñanza en cuanto a Ellos), se arrepintieron de sus pecados, confesando el nombre de Cristo con sus bocas, y luego fueron bautizados (o sumergidos) en agua para la remisión de sus pecados (cf. Romanos 10:9-10; Colosenses 2:12; Hebreos 10:22). ¿Qué son las iglesias de Cristo? Son aquellas iglesias que practican el mismo plan de salvación que el Nuevo Testamento presenta.

Segundo, considere la manera en que las iglesias de Cristo estuvieron organizadas o estructuradas en el Nuevo Testamento. Cada congregación local era independiente y autónoma. No existía jerarquía o cede denominacional. Cada iglesia local se dirigía directamente bajo la autoridad de Cristo (Colosenses 1:18). Las iglesias de Cristo no tenían sínodos, concilios o convenciones que establecían políticas o proveían directrices de gobierno. Cada congregación local se auto-gobernaba y era completamente autónoma.

El Nuevo Testamento enseña que dentro de cada una de estas congregaciones los miembros de la iglesia nombraban a hombres que reunían los requisitos de 1 Timoteo 3 y Tito 1 para laborar como ancianos. Otros nombres para este oficio en el Nuevo Testamento son “obispos”, “pastores” y “supervisores” (Tito 1:5,7; Hechos 20:17,28; 1 Pedro 5:1-2). El Nuevo Testamento enseña que cuando una iglesia tiene hombres calificados, dos o más deben ser nombrados para laborar en esta función. Las iglesias en el Nuevo Testamento siempre tenían una pluralidad de ancianos sobre una sola congregación (Hechos 20:17; Filipenses 1:1; Tito 1:5). Estos hombres deben laborar como las autoridades que supervisan la iglesia local. Ellos pastorean y cuidan a los miembros bajo su supervisión (Hebreos 13:17; 1 Pedro 5:1-4). En el Nuevo Testamento, el nombre “pastor” no hacía referencia a un predicador, sino a un anciano.

Las iglesias del Nuevo Testamento también tenían diáconos nombrados que tenían que cumplir requisitos divinos (1 Timoteo 3:8-13). Se asignaba a los diáconos responsabilidades y tareas para ayudar en las necesidades de las congregaciones (Hechos 6:1-6; Filipenses 1:1).

Además de los ancianos y diáconos, las iglesias de Cristo en el primer siglo tenían maestros, predicadores y evangelistas (Efesios 4:11; 2 Timoteo 4:5; Santiago 3:1). Estos hombres enseñaban y predicaban la doctrina cristiana a los que no eran cristianos y también a los cristianos. Las maestras mujeres enseñaban a las mujeres y los niños (Tito 2:4). Todos los miembros participaban juntos en el trabajo y adoración de la iglesia en un esfuerzo de glorificar a Dios en sus vidas.

Han evolucionado muchas añadiduras desde el primer siglo en cuanto al gobierno y organización de la iglesia. Pero en resumen, la estructura simple de la iglesia de Cristo según el Nuevo Testamento consistía de ancianos que pastoreaban el rebaño, diáconos que ministraban a la congregación, predicadores y evangelistas que proclamaban el Evangelio, y todos los miembros de la congregación local que trabajaban y adoraban bajo la supervisión de los ancianos. ¿Qué son las iglesias de Cristo? Son aquellas iglesias que siguen la organización simple del Nuevo Testamento.

Tercero, ¿cómo se debe designar a la iglesia de Cristo? ¿Cuáles son los nombres escriturales por los cuales se debe conocer al pueblo de Dios? El Nuevo Testamento señala claramente que el grupo de los salvos fueron llamados la “iglesia de Cristo” (Romanos 16:16). Recuerde que Jesús mismo declaró que Él edificaría Su iglesia (Mateo 16:18). Por tanto, la iglesia pertenece a Cristo, Quien es la Cabeza del cuerpo (Efesios 1:22-23). Algunas veces se hacía referencia a Su iglesia simplemente como “la iglesia” (e.g., Hechos 8:1). “Iglesia” significa “llamar fuera”, y hace referencia al hecho que los cristianos han sido llamados fuera del mundo y dentro del reino de Cristo.

Algunas veces, se hacía referencia a la iglesia de Cristo como “el reino” (Mateo 16:19), “el reino de Dios” (Marcos 9:1; Juan 3:5), “el reino de los cielos” (Mateo 18:3) o “el reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). También encontramos la “iglesia de Dios” (1 Corintios 1:2) y la “iglesia del Dios viviente” (1 Timoteo 3:15)—expresiones que sin duda hacen referencia a Jesús como el Propietario. También encontramos el “cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12). Se puede encontrar otros nombres en el Nuevo Testamento para la iglesia de Cristo. Pero observe que la mayoría de los nombres que los hombres han dado a sus organizaciones denominacionales no se encuentran en el Nuevo Testamento. Las iglesias de Cristo son aquellas que buscan respetar las Escrituras con su nombre.

Lo mismo se aplica a las designaciones para los miembros individuales. El nombre número uno por el cual se debería conocer a los miembros de la iglesia es “cristiano” (Hechos 11:26; 26:28; 1 Pedro 4:16; Isaías 62:1-2). Este es el nombre que indica pertenencia a Cristo. Otros nombres incluyen “discípulos” (Hechos 20:7) [que significa “aprendices”], “santos” (1 Corintios 1:2), “hermanos” (1 Corintios 15:1), “hijos de Dios” (Romanos 8:14; 1 Juan 3:1), “sacerdotes” (1 Pedro 2:9)—y varios otros nombres. Estos son nombres escriturales.

Pero ¿qué acerca de los muchos títulos y designaciones religiosas que se usan hoy? El concepto denominacional de un clero es ajeno al Nuevo Testamento. Los predicadores en el Nuevo Testamento eran simplemente cristianos que se preparaban para enseñar a otros. No se les separaba como una clase especial de gente religiosa. No recibían títulos especiales como “reverendos” o “pastores” o “padres” (Mateo 23:9). Tales designaciones son creaciones de hombres y sirven solamente para fomentar la alabanza de los hombres, pero en realidad, la alabanza pertenece a Dios (Lucas 4:8).

Entonces, ¿qué son las iglesias de Cristo? Son aquellas iglesias que llevan el nombre de Cristo—individualmente y colectivamente. Como el apóstol Pedro declaró, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). “[P]ero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pedro 4:16).

Una cuarta marca distintiva de la iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento se ve en la ausencia de parafernalia denominacional. Por ejemplo, las iglesias de Cristo no tienen credos oficiales, manuales eclesiásticos o confesiones de fe que los miembros deben obedecer. El único documento autoritativo para la creencia y práctica es la Biblia. La Biblia se autodescribe como la Palabra inspirada, inerrante e infalible de Dios—la única guía confiable para conducir a los seres humanos al cielo. ¿Qué son las iglesias de Cristo? Son aquellas iglesias que confían solamente en la Biblia como su guía.

Una quinta faceta final de las iglesias de Cristo en el Nuevo Testamento es su práctica de adoración. Las iglesias de Cristo reproducen en sus servicios la adoración simple del Nuevo Testamento—nada más ni nada menos. Cuando se examina el Nuevo Testamento, se descubre que las iglesias del primer siglo realizaban cinco actividades de adoración el domingo. Primero, se reunían con el propósito importante de participar de la Cena del Señor, lo cual consistía de pan y jugo de uva como símbolos del cuerpo y la sangre que Cristo ofreció en la cruz (Mateo 26:26-29; Hechos 20:7; 1 Corintios 10:16-21; 11:20-34). Los cristianos observaban la Cena del Señor cada domingo y solamente los domingos. Segundo, la iglesia primitiva se reunía para orar (Hechos 2:42; 1 Timoteo 2:1-8). Tercero, los cristianos cantaban canciones religiosas juntos (Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Su canto congregacional no era acompañado de instrumentos musicales. Cuarto, participaban en el estudio bíblico, sea por medio de la lectura pública de las Escrituras o la enseñanza de un predicador o maestro (1 Timoteo 4:13; 2 Timoteo 4:1-4; Tito 2:15). Finalmente, los cristianos contribuían de su dinero el primer día de la semana con el propósito de continuar la obra del Señor (1 Corintios 16:1-2).

La adoración del Nuevo Testamento es extremadamente simple y sencilla—carente de la exageración y ostentación que los seres humanos que se aburren crean frecuentemente. ¿Qué son las iglesias de Cristo? Son aquellas iglesias que han restaurado la adoración simple del Nuevo Testamento en sus congregaciones. Ellos se reúnen cada primer día de la semana y tienen comunión en la Mesa del Señor; cantan salmos, himnos y cantos espirituales; contribuyen un porcentaje de sus ingresos para continuar la obra de la iglesia; oran juntos; y estudian la Palabra de Dios juntos.

Ciertamente los miembros de las iglesias de Cristo no son perfectos. Así como en el primer siglo, las iglesias de Cristo están compuestas de gente imperfecta. Pero la superestructura de la iglesia del Nuevo Testamento está bien fundada. Por tanto, es posible que cualquier persona sea simplemente cristiana—un miembro de la iglesia que el Nuevo Testamento describe—la iglesia de Cristo.

Eso no quiere decir que todos los grupos que llevan el nombre “iglesia de Cristo” estén siguiendo la descripción del Nuevo Testamento en cuanto a la iglesia. Una iglesia puede tener un nombre escritural pero puede no tener una adoración escritural. Algunas iglesias de Cristo están en el proceso de la apostasía mientras reestructuran la iglesia y hacen cambios que no son escriturales. No podemos endorsar tales iglesias simplemente porque continúen llevando el nombre “iglesias de Cristo”.

Usted puede ser un miembro de la iglesia del Nuevo Testamento. No tiene que aceptar una denominación creada por el hombre. Le animamos a estudiar lo que el Nuevo Testamento dice acerca de la iglesia de Cristo.



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