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La Biblia y las Imágenes del Catolicismo [Parte II]
por Moisés Pinedo
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[NOTA: Para leer la primera parte de este artículo, haga clic in Parte I]

Aunque la Biblia claramente condena la iconografía religiosa, algunos tratan de encontrar algún rastro de sostenimiento bíblico a favor de la devoción a las imágenes. Ellos han tergiversado versículos bíblicos para crear un escudo de protección contra las claras enseñanzas de la Palabra de Dios, y han formulado diferentes argumentos.

EL SUPUESTO FUNDAMENTO BÍBLICO PARA LA ICONOGRAFÍA RELIGIOSA

Argumento #1: Dios mandó que se hagan imágenes con fines de veneración

Este argumento se origina del mandamiento divino a que Moisés hiciera dos querubines de oro sobre el arca del pacto (Éxodo 25:18-21; cf. O’Brien, 1901, p. 175). Este argumento es deficiente por las siguientes razones.

Primero, Dios no mandó que los querubines se hicieran como objetos de veneración o adoración. Los querubines debían permanecer sobre el arca del pacto, pero no eran más especiales que ningún otro objeto o mueble del tabernáculo. Cada objeto en el tabernáculo (y luego en el templo) tenía un significado y propósito especial, pero ninguno era objeto de adoración.

Segundo, debemos considerar la naturaleza y propósito del Antiguo Testamento. El escritor inspirado del libro de Hebreos escribió que el primer pacto tenía “un santuario terrenal” (9:1, énfasis añadido). El tabernáculo y sus muebles eran modelos o patrones del “más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos” (9:11, énfasis añadido; cf. 8:5). El tabernáculo y su contenido eran figuras y sombras de las cosas celestiales (9:23; 10:1) y de un nuevo pacto (8:5-6). Ahora nosotros, “teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo” (10:19), “teniendo un gran sumo sacerdote [Cristo] sobre la casa de Dios” (10:21), somos amonestados a dejar atrás “el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:6) y aceptar las condiciones celestiales del nuevo pacto que Cristo estableció (Hebreos 8:1-6; 9:11-15).

Tercero, debemos considerar la naturaleza autoritativa y prohibitiva de los mandamientos divinos. Dios mandó a Moisés a hacer los querubines (y otros objetos para el tabernáculo) como figuras de las cosas celestiales que serían parte del Nuevo Pacto después del sacrifico de Cristo. Los verdaderos siervos de Dios no promueven, autorizan u ofrecen algo que “él [Dios] nunca les mandó” (Levítico 10:1-2). Los deseos del siervo de Dios deben estar sujetos a la autoridad y mandamiento divino. ¿Dónde está el mandamiento que autorice la iconografía religiosa? No existe ni un versículo bíblico que apruebe o permita la veneración de imágenes.

Cuarto, los mandamientos de Dios en cuanto a la construcción y uso del tabernáculo y su contenido tuvieron parte bajo el Antiguo Testamento y fueron exclusivamente para el pueblo escogido de Dios en ese tiempo, i.e., los israelitas. Los cristianos no siguen la metodología de adoración del Antiguo Testamento, ya que este fue quitado cuando Jesús murió, y fue reemplazado con un mejor pacto (Colosenses 2:14; Hebreos 10).

Los símbolos del Antiguo Pacto, incluyendo los querubines sobre el arca del pacto, no fueron objetos de adoración. Ni Éxodo 25:18-21 ni ninguna otra escritura (tal como la referencia a la serpiente de bronce en Números 21:9; cf. 2 Reyes 18:4) autoriza la iconografía religiosa.

Argumento #2: Los siervos de Dios se postraron ante imágenes, indicando aceptación divina de tal veneración

Se ha argumentado que la Biblia promueve la veneración de imágenes porque Josué 7:6 dice que Josué y los ancianos de Israel, “se postraron delante del Arca y allí estaban las dos imágenes de querubines y no pasó nada” (Zavala, 2000). Aunque a primera vista puede parecer que este pasaje favorece la iconografía religiosa, considere los siguientes puntos que ha menudo se pasan por alto.

Primero, debemos considerar otra vez la naturaleza del Antiguo Testamento. Bajo el Antiguo Pacto, Dios “moraba” de una manera especial en el tabernáculo (sobre el arca), y desde allí hablaba al pueblo de Israel (Éxodo 25:22; 30:36; Levítico 16:2). Sin embargo, bajo el Nuevo Testamento, Dios “no habita en templos hechos por manos humanas” (Hechos 17:24). Si Dios no habita en templos hechos por manos humanas, ¿habitará en imágenes hechas por manos humanas?

Segundo, es esencial considerar el contexto de Josué 7:6. Aunque algunos católicos argumentan que Josué y los ancianos de Israel se postraron para honrar y venerar a las imágenes de los querubines que estuvieron en el arca, el contexto revela hechos completamente diferentes. El versículo seis nos informa que Josué “rompió sus vestidos”, y él y los ancianos del pueblo “echaron polvo sobre sus cabezas”. Romper los vestidos y echar polvo en la cabeza eran señal de gran dolor, vergüenza o penitencia (cf. Génesis 37:29,34; 2 Samuel 3:31; 13:30-31; Job 1:20; Lamentaciones 2:10, et.al.). Estas acciones no eran señal de adoración. En realidad, Josué y los ancianos de Israel no tuvieron la más mínima intención de dar honor o adoración al arca del pacto o a los querubines sobre el arca.

Argumento #3: En tiempos bíblicos, la gente se postró ante los siervos de Dios como señal de veneración

Segunda Reyes 4:27 narra un evento en que una mujer llegó a Eliseo, un profeta de Dios, y “se asió de sus pies”. Se ha dicho que este es un ejemplo bíblico claro que Dios autoriza la veneración de cierta gente, y por implicación de las imágenes. Pero lo cierto es que este es uno de los argumentos más vergonzosos que algunos defensores del catolicismo usan. Es un uso deshonesto de la Palabra de Dios y un intento desesperado de excusar una falsa doctrina.

Primero, la lectura sencilla del contexto revela que la mujer no se asió de los pies de Eliseo para “venerarlo”. Ya que esta mujer había sido muy hospitalaria con Eliseo (2 Reyes 4:8-10), él le prometió que Dios le daría un hijo. Su hijo nació en el tiempo que Eliseo había prometido, pero murió a una edad temprana (4:20). La mujer llegó a Eliseo, se asió de sus pies y le demandó una explicación porque su alma estaba “en amargura” (4:27). Note sus palabras: “¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí? (2 Reyes 4:28). Si ella hubiera estado “venerando” a Eliseo, ¿le hubiera acusado de burlarse de ella? ¡Desde luego que no! La mujer estaba afligida, su hijo había muerto, y ella solo quería ayuda. En ningún momento la aflicción de esta pobre mujer representó veneración hacia Eliseo.

Segundo, si 2 Reyes 4:27 autorizara la veneración de los siervos de Dios (como algunos apologistas católicos declaran), este versículo todavía no autorizaría la veneración de imágenes. Pero ¡este versículo no autoriza la veneración de hombres o imágenes! La Biblia claramente condena postrarse delante de los hombres para venerarlos o adorarlos (cf. Hechos 10:25-26).

Tercero, la narración en 2 Reyes 4:27 describe una escena circunstancial desligada completamente de cualquier forma de adoración. Este versículo no implica o autoriza—mucho menos manda—que los hombres adoren a los siervos de Dios. Los que sostienen tal posición, apoyan una práctica que carece de autoridad bíblica.

Argumento #4: En tiempos bíblicos, la gente hizo procesiones con imágenes

Se dice que 2 Samuel 6 describe una procesión religiosa en que se cargó una imagen ya que David “reunió a los escogidos de Israel” (6:1), puso “el arca de Dios sobre un carro nuevo” (6:3), y todos “danzaban delante de Jehová” (6:5). Considere los siguientes puntos.

Las procesiones católicas modernas se caracterizan por un gran número de gente que lleva imágenes en un día especial. Aunque la situación que 2 Samuel 6 registra pueda parecer similar, el principio no es el mismo. El arca de Dios había sido abandonado en Quiriat-jearim por alrededor de cuatro décadas, y David quería traerlo a la ciudad principal de Jerusalén. David no tuvo la intención de “exhibir” el arca de Dios o motivar a las multitudes a adorarlo, ni tampoco se designó el día como “santo”. En Jerusalén, el arca ocuparía un lugar especial y permanente en el templo que Salomón (hijo de David) construiría.

No se debía adorar al arca. Dios nunca mandó que se cargara el arca, o cualquier otro objeto de importancia religiosa, en procesiones religiosas como las que los católicos realizan. No existen similitudes entre las razones por las cuales se trajo al arca del pacto a Jerusalén y las motivaciones para las procesiones religiosas que honran a las imágenes del catolicismo, y no existe autoridad bíblica para tales procesiones.

Argumento #5: Jesús no condenó a las imágenes

En Marcos 12, leemos que algunos judíos trataron de engañar a Jesús con una pregunta en cuanto al pago de impuestos a César. Jesús tomó una moneda romana y preguntó, “¿De quién es esta imagen y la inscripción? (12:16). A causa de esta simple pregunta, y debido a que Jesús no condenó la imagen de César en la moneda, algunos católicos argumentan que Jesús autorizó la veneración de imágenes al promoverlas indirectamente.

Primero, el hecho que Jesús no condenara una imagen no significa que Él aprobara las imágenes religiosas o su veneración. Argumentar esto a causa de este incidente implicaría que Jesús aprobó la veneración de líderes políticos inmorales, no de las imágenes de “santos” o de la Deidad (como los católicos declaran). ¿Aprobaría o motivaría Jesús la veneración de imágenes que representaban a emperadores romanos paganos como Tiberio y Nerón? ¡Obviamente no! Dios ha condenado esto desde tiempos antiguos (cf. Daniel 3).

Segundo, debemos considerar el contexto de Marcos 12. Algunos apologistas católicos han argumentado que si Dios realmente condena las imágenes religiosas, este incidente en la vida de Cristo hubiera sido un momento excelente para hacerlo (vea Gagnon, s.d.). Pero la discusión de Jesús con los judíos no era sobre el tema de la idolatría. La discusión se basaba en la pregunta que los líderes religiosos judíos le presentaron: “¿Es lícito dar tributo a Cesar, o no?” (Marcos 12:14). La pregunta no fue: “¿Es licito adorar a imágenes, o no?”. La respuesta de Jesús se relaciona directamente a esa pregunta: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:17). No se puede aplicar la pregunta de Jesús a una respuesta completamente ajena.

Simplemente no existe ni siquiera un solo texto, en el Antiguo o Nuevo Testamento, que apoye (por mandamiento directo, ejemplo o implicación) la adoración de imágenes para acercarse a Dios. Los que sostienen esta doctrina errada están “envanecidos en sus razonamientos” y han “cambiado la gloria de Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible” (Romanos 1:21-24).

LA ADVERTENCIA B&iAcute;BLICA

Algunos apologistas católicos quieren que creamos que no existe nada de malo en venerar imágenes, pero ¿qué dice la Biblia? Deuteronomio 4:15-19 señala lo siguiente:

Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra, figura de animal alguno que está en la tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire, figura de ningún animal que se arrastre sobre la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra. No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos (énfasis añadido).

La advertencia divina es muy clara: la veneración o adoración de imágenes es evidencia de la corrupción del corazón humano.

En el siguiente capítulo del mismo libro, Dios advirtió: “No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra” (5:8). ¿Es difícil entender este mandamiento? La Biblia continúa: “No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (5:9, énfasis añadido). Una vez más, la Biblia es clara: la elaboración de imágenes o esculturas con fines de veneración religiosa es maldad delante de Jehová.

En cuanto a la singularidad de Dios, el profeta Isaías escribió: “¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?... ¿A qué pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo” (40:18,25). Es imposible comparar una imagen a Dios, o hacer una imagen que represente Su grandeza. Los que intentan hacerlo degradan el concepto de Dios.

Jeremías declaró: “Todo hombre se ha infatuado, y no tiene ciencia; se avergüenza todo artífice de su escultura, porque mentira es su ídolo, no tiene espíritu” (51:17). Las imágenes de adoración simplemente son dioses falsos; no tienen vida. Los que las hacen deberían avergonzarse porque “viento y vanidad son sus imágenes fundidas” (Isaías 41:29). Jeremías añadió: “Vanidad son [sus ídolos], obra digna de burla; en el tiempo del castigo perecerán” (51:18).

En un pasaje ilustrativo en cuanto a la idolatría, Oseas escribió: “No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste el salario de la ramera en todas las eras del trigo” (9:1, énfasis añadido, cf. Oseas 8). La comparación bíblica es muy clara: la idolatría es considerada fornicación o prostitución espiritual. Es irónico que muchos consideren la fornicación o la prostitución física como actividades detestables delante de Dios, pero que pasen por alto, e incluso defiendan, la fornicación y prostitución espiritual.

Pablo declaró de aquellos que trataban de hacer representaciones de Dios: “Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Romanos 12:22-23, énfasis añadido). Cualquier defensa de representaciones físicas de la Deidad es evidencia del necio deseo humano de reducir las cosas espirituales a un nivel terrenal. En cuanto a estos hombres, Pablo añadió: “Dios los entregó a la inmundicia en las concupiscencias de sus corazones” (Romanos 1:24). Finalmente, esos hombres se separan de Dios por sus acciones pecaminosas (Isaías 59:1-2). Dios no les forzará a cambiar sus caminos, sino un día dará retribución a aquellos que no le obedecen (2 Tesalonicenses 1:8). El apóstol Juan escribió, “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentiros tendrán su parte en el lago de fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8, énfasis añadido).

Dios condenará a aquellos que participan en la idolatría. Ningún dios de oro, plata, madera o piedra podrá intervenir por ellos. Solamente existe un Mediador entre Dios y los hombres—“Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Juan exhortó a los cristianos en el primer siglo, diciendo: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21). Los cristianos del siglo XXI también deben obedecer esta advertencia.

REFERENCIAS

Gagnon, Daniel (sine data), “Ídolos e Imágenes”, [En-línea], URL: http://www.mercaba.org/Fichas/DIOS/106-3.htm.

O’Brien, Thomas, ed. (1901), Un Catecismo Avanzado de Fe y Práctica Católica [An Advanced Catechism of Catholic Faith and Practice] (Nueva York: D.H. McBride & Company)

Zavala, Martín (2000), “Imágenes e Ídolos”, [En-línea], URL: http://www.defiendetufe.org/idolos.htm.



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